«La lengua de signos con bebés debería enseñarse en todas las escuelas»

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Tiempo de lectura 8 min.

02 de enero de 2018. 10:09h

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Gema Lendoiro 2/1/2018

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¡Si al menos supiera qué le pasa! ¿Cuántas veces habremos escuchado esta frase de padres desesperados de bebés y niños que todavía no hablan? Pues los bebés sí pueden comunicarse a su manera con los adultos, solo es cuestión de saber cómo. Miriam es fundadora de la asociación de crianza “Entre Nubes instructora de lengua de signos para bebés. Escacena es una gran experta en el tema y de hecho ha publicado un libro, Comunicación con Bebés: el Arte de ComunicArte sin Palabras.

Los bebés de padres no oyentes utilizan lengua de signos para comunicarse en casa, son capaces de expresar alrededor de 75 conceptos diferentes con sus manitas con tan solo nueve meses, mientras que a esa edad solo son capaces de pronunciar apenas tres o cuatro palabras, explica la autora.

La primera vez que leí sobre el babysinging mi hija mayor acababa de cumplir su primer año, ya decía algunas palabras con esa lengua de trapo tan característica que tanto nos enamora a los padres, pero como es normal a veces había momentos de frustración cuando trataba de pedir algo que no entendíamos. Los padres, sobre todo cuando somos primerizos, solemos pasar una especie de “check list” cuando escuchamos el llanto continuado de nuestro bebé: ¿tendrá hambre, sueño, frío, calor, el pañal mojado, le dolerá la boquita..? Pero hay ocasiones en que no logramos dar con lo que les pasa y nosotros también nos ponemos nerviosos o nos frustramos por esa falta de entendimiento hasta que desarrollan el lenguaje oral.

«La lengua de signos con bebés debería enseñarse en todas las escuelas»

El ser humano –explica- es la especie más inteligente del planeta y esto acarrea un pequeño problema y es que el desarrollo de nuestro cerebro requiere un tamaño de cráneo muy grande, que ha de poder pasar por el canal del parto en el momento del nacimiento, por lo que no es posible que crezca todo lo que necesita dentro del útero (esto es lo que se conoce con el nombre de dilema obstétrico) y por esta razón, a diferencia de otros mamíferos que nacen y pueden ponerse de pie y seguir a la manada, los bebés humanos llegan al mundo cuando su cerebro se ha desarrollado apenas un 25 y se ven obligados a continuar este desarrollo fuera del útero durante el periodo de exterogestación. Son completamente dependientes de los cuidados de sus progenitores, especialmente su madre, y aunque no puedan utilizar el lenguaje oral, necesitan comunicarse para que sus necesidades sean atendidas.

Sería genial si nacieran con un manual de instrucciones bajo el brazo o con la capacidad de hablar para expresar lo que le sucede sin tener que recurrir al llanto, pero esto no es así y vamos probando a base de ensayo y error hasta que vamos interpretando sus señales y comprendiendo sus necesidades.

Hay una forma maravillosa de establecer una comunicación temprana con los bebés antes de que puedan hablar, explica Escacena: el babysigning, que se puede poner en práctica desde los seis meses e incluso antes. En todas las culturas se les enseña a los pequeños a saludar con la manita o a tirar besitos, y del mismo modo podemos mostrarles gestos sencillos que les permitan expresar sus necesidades.

«La lengua de signos con bebés debería enseñarse en todas las escuelas»

Aunque aún se conoce poco en España, no se trata de una moda ni un descubrimiento reciente, la “Baby Signs Language” se desarrolló en EEUU en la década de los ochenta gracias al trabajo del Dr. Joseph García y las investigaciones de las profesoras Linda Acredolo y Susan Goodwyn.

Ellos observaron que los bebés de padres no oyentes podían comunicarse más fácilmente que los bebés de padres oyentes e incluso se frustraban mucho menos, y demostraron que es posible enseñar palabras sueltas del lenguaje de signos a bebés oyentes, ofreciéndoles un puente de comunicación hasta la aparición del habla.

El Dr. García, especialista en desarrollo infantil, observó que los bebés de padres no oyentes podían comunicarse más fácilmente que los bebés de padres oyentes, y también reparó en que los bebés nacidos en familias no oyentes aparentaban ser menos exigentes ya que podían expresar mejor sus necesidades y por tanto verlas satisfechas antes, nos cuenta la autora.

Ahí –prosigue- surgió su iniciativa de estudiar cómo podría beneficiar la lengua de signos a padres oyentes. Su investigación reveló que los bebés oyentes podían aprender a signar muy fácilmente, ya que las habilidades motoras finas se desarrollan mucho antes que el habla, aproximadamente a partir de los seis meses, que es cuando empiezan mantenerse sentados y a hacer la pinza con sus dedos índice y pulgar, (las mismas señales de que el bebé está preparado para introducir la alimentación complementaria).

Desarrolló un método basado en la realización de gestos intuitivos, (por ejemplo, llevarse la mano a la boca para expresar hambre, juntar las palmas de la mano sobre la cara e inclinar la cabeza para expresar ganas de dormir..etc.).

«La lengua de signos con bebés debería enseñarse en todas las escuelas»

De forma paralela, las doctoras Linda Acredolo y Susan Goodwyn, de la Universidad de California, hicieron un gran trabajo durante las décadas de los ochenta y noventa en el campo de la investigación. En 1982 recibieron su primera beca del Instituto de Salud y Desarrollo Humano, realizando numerosos estudios, incluso una investigación de ocho años con la que demostraron que los niños que aprenden lengua de signos mostraban mayor facilidad de adquisición del lenguaje, en contra del temor que pueden tener algunos padres.

Sus primeros resultados fueron publicados en 1985 bajo el título “Symbolic gesturing in language development”, y la técnica fue ampliamente extendida en Estados Unidos y Canadá.

Miriam Escacena reconoce que cuando se convirtió en madre, ”leí todo lo que cayó en mis manos sobre apego y vínculo afectivo, y el hecho de tener la posibilidad de lograr establecer una comunicación temprana antes del desarrollo del habla me parece algo realmente maravilloso, saber qué piensa tu bebé y qué pasa por su cabecita es algo increíble, y creo que no me equivoco si digo que se trata de una experiencia que a todos los padres les gustaría disfrutar”

“Cada día aprendo más y más, ya que durante este tiempo he tenido la oportunidad de trasmitir este conocimiento a numerosas familias, muchas veces multiculturales, ya que los signos que se emplean en la Baby Signs Language están basados en la lengua de signos americana, y son una herramienta excelente para fomentar el bilingüismo o hacer de “traductor simultáneo”, pero sin duda lo más bonito es poder ayudar a familias de niños con necesidades especiales, donde los signos pueden hacer la diferencia en el día a día”, por eso decidí escribir mi libro, para ayudar a las familias.

Creo firmemente -concluye- que la lengua de signos debería enseñarse en todas las escuelas, ya que puede ser de gran ayuda en numerosas situaciones, muchas más de la que imaginamos, (en este enlace puedes leer la experiencia de una madre de una niña con dificultades en el habla). El saber no ocupa lugar, pero sobre todo nos permite educar en valores, mostrando a los niños otras realidades de personas que se comunican de otro modo y de las que tenemos mucho que aprender.

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