Los deberes son tarea de tus hijos, no tuya

Estar encima, vigilante, no es lo mismo que hacer la tarea por ellos

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30 de septiembre de 2018. 14:23h

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Pilar Ceballos García. Profesora y logopeda.  Madrid. 5/10/2018

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La finalidad de los deberes desde el punto de vista del aprendizaje es la de repasar los conocimientos expuestos en clase y acostumbrar al alumno a responsabilizarse de sus tareas y aprender a ser autónomo en la adquisición de conocimientos. Estos objetivos se cumplen a medias en las tareas que llevan los niños a casa, ya que por el mucho contenido, falta de tiempo, dificultad lectora, etc....suele ocurrir que la ejecución de los deberes requiera una presencia continua, explicaciones de los contenidos y a veces otra clase paralela. Pilar García Ceballos, del centro psicólogico Cinteco de Madrid, nos aporta las claves.

Tensión familiar:

La relación padre/madre hijo, se ve muy afectada cuando todo se centra en el área escolar. “¿Ayudas a tu hijo/a con los deberes, cómo si fueras una profesora particular?” El ambiente familiar se ve afectado a menudo por este papel de “profesores en casa “ que tienen que hacer los padres, pues se mezclan situaciones académicas de aprendizaje y emocionales que forman un todo muy explosivo y que la mayoría de las veces termina en conflictos no deseados. La relación padres hijos es algo mas que deberes, exámenes y notas. El papel de los padres es el de estimular, ayudar y complementar los conocimientos adquiridos en clase pero no hacer de segundo profesor.

El tiempo:

La duración máxima de los deberes diarios en primaria esta estimada en 1 hora y media. En todo caso, siempre hay que desconectar de lo escolar 45 min. antes de irse a dormir. Cuando esto no se cumple es por varios motivos, a saber; tiene demasiados deberes, tarda mucho, no le da tiempo, etc..., existe alguna dificultad. Es preferible dejar deberes sin hacer y comentarlo con el profesor/tutor. Procurar que no haya interrupciones, se necesita un tiempo de acomodo diferente en cada niño – entre 10 /15 minutos -, para entrar en el tiempo de concentración deseada, pasado una hora u hora y media es normal un descenso de la concentración.

Ayudarle a planificar las tareas:

No empezar por lo más difícil, sino una asignatura que para el niño sea de dificultad media y después ir aumentando, dejar para el final los ejercicios rutinarios, mapas, dibujos, etc. La planificación del tiempo también se puede apoyar en un soporte físico; un panel de corcho con un calendario o con un horario donde puedan ver de forma clara sus deberes, sobre todo cuando es un trabajo a entregar en corto o medio plazo. “Sólo dispongo de 2 horas al día para atender a mi hijo y las dedicamos a pelear por los deberes” en éste caso quizá se deba hacer una distribución del tiempo diferente, ¿que tal 1 hora de deberes y otra para dedicarla a hablar y jugar sobre algo que no sea estrictamente escolar?

El lugar:

Importa que elijamos bien el lugar de trabajo, casi todos los niños tienen en casa una mesa para este fin. Hemos de ayudarles a quitar elementos distractores, la mesa de estudio no puede estar mirando a la ventana, el móvil, las consolas, el televisor, juguetes, etc. que tenga a mano aquello que va a usar o necesitar solamente. No es cierto que la música ayude a la concentración (salvo algún tipo muy especifico) le estamos pidiendo al cerebro que atienda a muchos estímulos, es más recomendable centrarse en lo importante. El lugar escogido puede ser cualquiera donde se pueda trabajar cómodamente y donde no encuentren demasiadas distracciones, aunque es preferible que cuenten con un área, aunque sea pequeña, especialmente destinada al estudio, porque así tienen todas sus “cosas de estudio” siempre en un mismo lugar.

Un área especial:

El estar en un área especial evoca un sentido de propósito en los escolares y los ayuda a concentrarse en las tareas que tienen. No pasa nada si ellos y ellas prefieren trabajar una atmósfera más informal y relajada. Lo importante es que estén cómodos y que no existan distracciones a su alrededor. Eso sí, no dejarles nunca hacer los deberes con la televisión encendida. Los deberes deben ser para reforzar los aprendizajes y conocimientos adquiridos en la escuela. Trabajar con él/ella y ayúdale a reflexionar.

Estar disponible, no encima:

“Estar” a la hora de los deberes; la idea es ir desarrollando un hábito de estudio que luego será muy necesario en secundaria, acompañarle en el aprendizaje y “estar” cuando sea necesario, no siempre. Conseguir poco a poco que sea autónomo y pida ayuda sólo en momentos puntuales. Como al comenzar a andar.

La importancia de una rutina diaria:

Es más importante, que los deberes sean parte de la rutina diaria. Siempre tiene que haber un tiempo reservado para las tareas escolares, incluso los días que no se tengan deberes. Podemos repasar lo visto en clase, con más calma y relacionar los conocimientos con el día a día del niño/a. Así damos una coherencia a todo lo aprendido y tendrá más sentido para él/ella. No se trata de dos mundos distantes y diferentes, escuela y familia pueden y deben tener puntos en común.

Otras cuestiones a tener en cuenta:

Los padres debieran estar cercanos pero no “ponerse con ellos a hacer los deberes”, tienen que saber que es su trabajo, los deberes son para los niños, no para los padres.

Es necesario hablar con los profesores a menudo, aún a riesgo de parecer pesados (insistentes) para ver qué relación tienen los niños con sus profesores y compañeros, (se comportan de diferente manera en grupo que de forma individual, al hablar con un adulto que al estar con otro igual, etc...) y así poder ver entre todas las partes la mejor manera de ayudarles.

Si durante un trimestre vemos que no es capaz de hacerse con la mayor parte de las tareas; es necesario pedir ayuda a un especialista e informarnos sobre la dificultad del niño/a.

No dejar que nos diga lo estudiado solo de modo oral para demostrar que lo sabe y comprobar que lo ha aprendido; puede recordarlo estupendamente porque acaba de leerlo y tiene memoria, pero los exámenes van a ser por escrito, y es esta forma la que debemos fomentar en sus respuestas. Es preferible que los padres se alternen en la atención a los deberes, y es muy recomendable, que estén de acuerdo en las reglas establecidas para que sean siempre las mismas en lo posible esta tarea, es muy ardua. Siempre que lo veamos conveniente, valorar cualquier pequeño avance, logro o habilidad con mucha paciencia. Se puede desarrollar también el sentido del humor y cambiarlo por las discusiones.

Leer todos los días:

Los únicos deberes para los padres deberían ser, leer con sus hijos todos los días, según su nivel, sus intereses pero verlo como una actividad útil y divertida. De forma conjunta, un párrafo cada uno por ejemplo, le daremos un modelo de entonación, se puede ir guiando par hacer las pausas (si es una coma, punto o puntos suspensivos) modulando y haciendo distintas voces en los diálogos. Sin corregir de forma muy marcada y/o con pesadas repeticiones, queremos desarrollar el gusto por la lectura, no su frustración.

¿Por que no ponernos con ellos para hacer “nuestros” deberes?, somos ejemplo y modelo siempre. Hay que dar la importancia que se merecen a los deberes con los actos, no sólo de palabra.

Consecuencias

Las consecuencias de no hacer los deberes; o no llevarlos hechos, suelen ser muy claras; negativo y/o “notita” en la agenda a firmar por los padres, si no estudian, los profesores lo tendrán también reflejado y tomarán partido en las notas globales. Pero, ¿y en casa?. También se debe tomar partido y estar en consonancia con lo expuesto por los profesores, evitaremos dar a los niños mensajes contradictorios.

Las extraescolares

En la organización del tiempo seamos realistas, ¿existe un tiempo real de estudio? ¿O tenemos al niño hiper-ocupado con mil extraescolares? Seamos coherentes también en éste punto.

¿Y cuándo no hay deberes?

Durante el horario escolar y dentro de los contenidos los alumnos tienen muy presente el tiempo, en “horarios” con distintas asignaturas, los exámenes, los días de celebración, etc..., hasta muchos ponen el día, mes y año en cada ficha que rellenan a lo largo de la jornada escolar. ¿Y desde casa? ¿Y el fin de semana? ¿Y en vacaciones? ¿Y cuándo no hay deberes? ¿Qué hacemos?

Sabemos en qué momento estamos en relación a otro momento, esto es: “hoy es martes porque ayer fue lunes”. Desde casa también podemos llevar un horario o calendario sencillo. Por ejemplo: en el calendario normal de cada casa, en números grandes a ser posible, ir pasando con un marcador los días, de forma muy visible y dejar que de vez en cuando lo pasen ellos mismos.

Los contenidos de los conocimientos escolares no deben ser algo sólo escolar y distante, si estamos viendo en “Cono” (Conocimiento del medio) las plantas y sus clasificaciones, podemos salir con él/ella a ver, el jardín botánico y recolectar hojas para hacer un muestrario, (herbario), pero también desde internet se pueden hacer visitas “virtuales,” y ver muchísimas fotos o salir al parque de la esquina, donde siempre jugamos, o quizá ni haga falta salir de casa, si resulta que tenemos plantas de interior.

Cuanto más relacionemos los contenidos escolares con otros conocimientos previos e incluso experiencias nuevas, vivenciadas, más afianzado quedará el aprendizaje. Nuestro cerebro aprende si tiene algún fin y si se usa, si no lo olvida. También se aprende y mucho a través de los sentidos, la vista, el oído, el tacto...

Aprender a no hacer nada, hay que mirar las nubes para darse cuenta que si te paras a observarlas pueden llegar a formar siluetas muy curiosas, buscar formas en las nubes, estimula el crecimiento interior, la creatividad ...

Continuando con la asignatura de conocimiento del medio, ¿hay algo más curioso que mirar las hormigas? ¿trabajan sin descanso? Si se les rompen sus “caminitos” con un obstáculo, rectifican y buscan otro camino. El aprendizaje también puede surgir a partir de la observación. Muchos de mis alumnos y padres, se angustian si no tienen deberes externos impuestos. Reflexionemos sobre este punto.

Qué no hacer:

Creo que llegados a este punto, más importante resaltar las cosas que no se deben hacer. Protestar como adultos sobre la cantidad o calidad de los deberes.

-Protestar como adultos sobre la cantidad o calidad de los deberes.

-Aceptemos la realidad y pongamos medios actuando. Los deberes son los que son y tocan los que ha considerado oportuno el profesor que los ha mandado. Si los deberes pensamos que sobrepasan al niño/a, hablemos con el profesor. Busquemos soluciones no pongamos más impedimentos.

-¡Cuidado! Si no tienes paciencia es conveniente que le ayude otra persona, pues estaremos transmitiéndoles un sentimiento de incapacidad “mi padre se desespera por que soy tonto/a y no lo entiendo”.

-Hacer los deberes por ellos. Podemos explicarles dudas, ayudar a entender el contenido de los enunciados y textos, ayudarles a encontrar el camino, orientar su búsqueda, para poder llegar ellos solos a la respuesta que están buscando.

-Convertir los deberes en el momento de regañina de cada día. Los deberes requieren paz y tranquilidad, un ambiente relajado. Si tiene dificultades puede consultarlas con su profesor al día siguiente. Es más perjudicial fomentar un estado de ansiedad por ambas partes en lo escolar.

Que sí hacer:

-Tomar en serio su necesidad de presencia y apoyo

-Sentarse cerca para que noten que están a su lado.

-Hablar con los profesores.

-Participar escuchándoles cuando leen.

-Permitir el error, de ellos también se aprende.

-Buscar lo positivo, motivar y evitar críticas.

-Explicarles de forma objetiva para que sirven los deberes.

-Fijar una hora y su duración aproximada, para hacer las tareas cada día.

-Hablar con ellos de otros temas además de los escolares.

-Leer con ellos cada día algo agradable.

-Ayudar a posponer “algunas” dudas para el día siguiente, es planificar.

-Fomentar un hábito, una rutina diaria.

-Crear un área tranquila para hacer los deberes.

-“Estar”, acompañar en el camino.

Pilar Ceballos García es Diplomada en Magisterio con la especialidad de Audición y Lenguaje por la Universidad Autónoma de Madrid.

Departamento de Asistencia en los Trastornos del Lenguaje, la Comunicación, la Lectoescritura y los Trastornos del Desarrollo.

Desarrolla su actividad profesional en el Centro Cinteco desde 2013 como especialista en logopedia escolar e intervención de dificultades específicas del aprendizaje en el marco de la reeducación en lenguaje y matemáticas.

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