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¿Mi hijo tiene TDHA o una inteligencia diferente a la «estándar»?

Antonio Galindo, psicólogo y pedagogo

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    / GTRES ONLINE

Tiempo de lectura 8 min.

02 de enero de 2018. 10:08h

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Antonio Galindo.  2/1/2018

La familia de Marcos vino a consulta porque en el colegio el chico se mostraba inquieto. Distraía a sus compañeros, se levantaba de la silla, constantemente hacía movimientos además de no mostrar atención a las explicaciones de los profesores y suspender casi todas las asignaturas. Con 8 años Marcos fue etiquetado de TDAH por un psiquiatra. El denominado trastorno por déficit de atención e hiperactividad había recaído como una grave sentencia en la familia de Marcos. El tratamiento que se le ofrecía era químico y consistía en aumentar la noradrenalina cerebral, es decir, compensar con fármacos a nivel bioquímico lo que otros niños tienen en el cerebro que Marcos se supone no tenía. Con ello lo que se pretendía era adaptar a Marcos a la escuela, en vez de facilitar que fuese la escuela la que se adaptase a Marcos.

Tras poner a prueba la atención de Marcos, su capacidad de memoria y de concentración, me di cuenta que no había déficit de atención como tal sino que se focalizaba en aquello que tenía que ver con su estilo de inteligencia. O sea, Marcos mostraba una atención selectiva al movimiento y a lo que le informaban las sensaciones de su cuerpo. Ante las preguntas de reconocimiento verbal Marcos erraba pero acertaba en las de objetos que se mueven y cambian en una habitación. Tras otras pruebas sobre estilo de inteligencia redacté un informe psicológico en el que recomendé el cambio de centro escolar, un centro que, en su metodología, contemplase adaptarse al particular tipo de inteligencia de Marcos, la inteligencia kinestésica.

La inteligencia es múltiple

Como la familia de Marcos muchos padres y madres se debaten entre aceptar el tratamiento farmacológico recomendado a sus hijos o emprender la aventura de buscar alternativas. Casos como el de Marcos ponen de manifiesto la gran incompetencia del sistema educativo ante el desafío de abordar y educar las diferencias individuales. Es Howard Gardner el psicólogo americano que introduce el concepto de inteligencias múltiples y destaca que no existe una única inteligencia en el ser humano sino muchas y diversas. El sistema educativo actual suele basar el aprendizaje en dos tipos de inteligencia básicos: el analítico-verbal y el lógico-matemático. Al legitimar y medir sólo este tipo de inteligencias, la escuela descarta el resto pues hay chicos y chicas con potencialidades que no se enmarcan en este estrecho concepto de medición.

Sin tener en cuenta las diferentes potencialidades de cada sujeto y con el objetivo de proponer un mismo destino igual para todos, el tratamiento que el sistema educativo hace de las diferencias individuales es el de medicarlas para facilitar la adaptación al sistema, en vez de promover que el sistema se adapte al individuo. La escuela no educa individuos sino que pone énfasis en que los alumnos encajen en la sociedad a costa de renunciar a su propia individualidad. Es justo lo contrario aquello que nos enseñan los hijos hiperactivos, es decir, aceptar la individualidad de cada sujeto para fomentar el respeto genuino al propio estilo de inteligencia.

La educación orientada a desarrollar individuos

Salvo excepciones, la escuela al uso es incapaz de diagnosticar, abordar y educar la individualidad. No existen cerebros colectivos ni corazones comunes. Tampoco pulmones de uso compartido ni mentes intercambiables. Cada ser humano es único por propia naturaleza. De tal manera que, la costumbre de los colegios de educar con un patrón uniforme las diferencias individuales, pone de manifiesto el fracaso de un sistema que no tiene recursos para educar adaptándose a cada caso. Este patrón uniforme es una manera de igualar lo diferente, en vez de sacar el máximo rendimiento de las capacidades diferentes de cada sujeto. Es más, la conditio sine quae non de la individualidad es la desigualdad.

Un individuo es, por definición, desigual a otro. Pero este principio fundamental de la manifestación de un individuo se invierte en la práctica educativa cotidiana (se le da la vuelta) confundiendo igualdad con igualación. Por supuesto que todos los sujetos somos iguales ante la ley y en cuanto a derechos, si bien no en cuanto a capacidades y potencialidades. Por ello, bajo el pretexto de homogeneizar, la escuela iguala y mide con el mismo rasero a seres humanos con inteligencias diferentes. En este ejercicio de igualación se pierde la individualidad y se descarta el abrazo a la pluralidad de estilos de inteligencia.

Howard Gardner, el citado autor de las inteligencias múltiples, realiza su investigación en la década de los años 80. Han pasado casi 40 años y hoy en día sigue siendo un problema para los padres encontrar centros educativos que sepan interpretar los casos de hiperactividad como casos de estilo diferente de inteligencia. Para tranquilidad de todos es importante saber que no sólo se es inteligente por tener capacidades para el lenguaje y las matemáticas sino también por moverse de manera continua o por tener una gran imaginación. De hecho los expertos reconocen hoy hasta 6 tipos más de inteligencia, a saber:

· La musical: la que muestran los chicos y chicas para ejercitar o crear música.

· La espacial: es la de un arquitecto o un diseñador con gran capacidad de imaginación.

· La corporal-kinestésica: es la de un deportista o un bailarín.

· La espiritual: la de chicos o chicas que parecen retraídos pero tienen capacidad de transcendencia.

· La de conexión con la Naturaleza o naturalista: chicos y chicas que se desenvuelven bien, no entre cuatro paredes, sino en espacios naturales.

· La emocional: la muestran sujetos sensibles a las relaciones interpersonales.

De ahí que un chico diagnosticado de TDAH no tiene por qué sufrir la medicalización, la marginación ni el desprecio por su particular estilo de inteligencia sino que los padres pueden encontrar alternativas educativas acordes y respetuosas con sus potencialidades.

Sin duda los padres de Marcos y tantos otros padres han tenido que confrontarse y vivir un proceso valiente de cambio de mentalidad. Cambio en el sentido de cuestionar la creencia sobre que el futuro para su hijo ha de ser igual al futuro de los hijos de otros padres. Es necesario que los padres reparen que cada hijo es único en la manifestación de sus capacidades, como lo son las propias capacidades de ellos mismos. Cada inteligencia diferente en una familia es una oportunidad para respetar y potenciar la creación de Dios. No en vano, en la obra Suma contra los gentiles, dice Santo Tomás de Aquino que la perfección de Dios se manifiesta en la pluralidad de las potencialidades personales y que ésta, la perfección, es la consecuencia natural de ser diferentes.

Antonio Galindo en Asesores Emocionales

Psicólogo y pedagogo

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