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¿Niños deprimidos o niños normales a los que no se les deja ser niños?

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    / GTRES ONLINE
larazon.es. 

Tiempo de lectura 5 min.

29 de enero de 2018. 21:34h

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larazon.es.  31/1/2018

Aunque pueda parecer de película existen hoy en día multitud de niños que desde edad temprana están siendo medicados para “tratar” diversos “trastornos” asociados a su comportamiento. Niños de 6 años que toman ansiolíticos porque “no paran quietos”, porque son “hiperactivos”, porque no rinden en el colegio, porque son agresivos, etc. Hablamos con Noelia Rodríguez, formadora oficial de La Pedagogía Blanca y Máster en entornos creativos y comunicación respetuosa (también de La Pedagogía Blanca)

-¿Por qué ocurre esto?

-Creo que de alguna manera en nuestra vorágine diaria hemos acabando por convertir la infancia en patológica cuando es la etapa más importante y determinante en la vida del ser humano, a la vez la más corta en proporción a nuestra vida total. Las conexiones neuronales que se producen en este período son determinantes para el desarrollo del cerebro y las capacidades cognitivas y emocionales que conformarán nuestra vida adulta. Por ello es fundamental favorecer el mayor número de sinapsis posibles, dejando lugar al aprendizaje creativo propio de la infancia. Los niños son creativos y curiosos por naturaleza. Llenos de vida y sed de conocimiento.

Tenaces investigadores del funcionamiento del mundo en el que viven.

-¿En qué momento pierden esa capacidad? ¿Es natural que la pierdan como efecto de la madurez? ¿Es el ser humano creativo desde que nace hasta que muere?

-Sí, el ser humano es creativo por naturaleza (y en condiciones naturales lo es desde que nace hasta que muere).

Pero lo cierto es que tarde o temprano muchos de los niños de hoy en día acaban perdiendo ese interés en el aprendizaje, en la experimentación y creación de nuevos retos porque no se les deja.

Desde bebés se ven privados de lo que más necesitan que es contacto materno y paterno. Acuden a guardería, escuela infantil, luego primaria, en jornadas muy intensas para su edad en las que se les enseñan los contenidos de manera unidireccional y sistémica. Privándoles a su vez del aprendizaje vivencial y tiempo familiar.

Y cuando tienen tiempo libre: NO te subas ahí que te vas a caer, NO toques ahí que te vas a manchar, NO se sube por ahí al tobogán, NO corras, NO tires eso al suelo...

Parece que acaban volviéndose pequeños adultos apagados, sin motivación. Sienten que sus necesidades no son importantes, que el mundo es un sitio hostil incomprensible. Si además sus adultos de referencia viven su propia vida sin disfrutarla, y en un estrés caótico constante por cumplir con obligaciones externas, cualquier atisbo de creatividad parece inalcanzable. Pero en nuestra mano está el poder de acompañar a nuestros niños a recuperar esa creatividad perdida, o a cultivar y reforzar la que ya traen de serie. Todos quisiéramos disfrutar de una conciliación familiar/laboral que nos permitiese vivir tranquilos y verles crecer sin prisa, pero nuestro sistema laboral y educativo lo convierten en misión imposible.

-Entonces ¿qué podemos hacer para acompañarles adecuadamente en su infancia?

-Sustituir el NO delante de cada frase por un “¿Y si mejor hacemos así?”

-Sentarnos, al menos, media hora al día en el suelo, con nuestros hijos 100% disponibles a hacer lo que nos demanden, a seguir sus “reglas del juego”

-Interesarnos por aquello en lo que muestran cierta pasión o insistencia y tirar del hilo para reforzar ese aprendizaje

-Dejarles acceso libre a materiales variados, texturas, colores, cartulinas, pegamento, tijeras, pegatinas (acorde a cada edad para que puedan usarlo sin supervisión)

-Estimular la creatividad dejándoles tocar, manchar y probar

-Darles la mayor libertad posible en entornos seguros (como el parque)

-Decirles cada día lo felices que nos sentimos de ser sus madres/padres

-Hacerles saber que son únicos e irrepetibles, incomparables.

-Valorar cada día sus cualidades positivas


-¿Cómo lo estamos haciendo la generación que ahora somos padres?

-Creo firmemente que la educación y crianza de los niños nos atañen al conjunto de la sociedad. Todos somos responsables de lo que reciben los niños y el efecto que tiene eso en sus vidas, sin duda, se verá reflejado en los valores que ellos van a transmitir y reproducir cuando hayan crecido. No podemos cargar de culpa a padres y madres que dejan a sus hijos en la guardería con 16 semanas, para poder trabajar, porque de otra manera resulta insostenible la economía familiar. No podemos señalar con el dedo sólo a los profesores o alumnos por el fracaso escolar cuando el sistema educativo ha quedado más que obsoleto y superado para los tiempos en que vivimos.

Lo que puede que estemos haciendo mal como padres es no rebelarnos, quejarnos, exigir lo que nuestros hijos merecen y acomodarnos en el papel de sumisión sin hacer nada por cambiar.

Debemos abrir los ojos y saber que si deseamos vivir la infancia de nuestros hijos debemos hacer algo.

Mientras el sistema socioeconómico no cambie debemos poner lo que esté a nuestro alcance para compensar a nuestros hijos. Centrarnos en mantener un clima de convivencia familiar armónica, darnos cuenta de que los gritos y las prisas no llevan a ningún sitio deseable y que tenemos en nuestras manos la salud y bienestar emocional de nuestros pequeños. Todo lo positivo que podamos sumar ellos siempre lo van a agrandar. Se puede ser creativo cocinando en familia, compartiendo tareas domésticas, ayudando con los hermanitos pequeños, haciendo que lo cotidiano pueda ser vivido como una aventura.

-¿Puede que estemos de alguna manera sobrediagnosticando a los niños?

-No me cabe duda. No podemos esperar que estén quietos en los pupitres durante horas, que pinten por dentro de las líneas sin salirse, que estén en silencio sin hablar con el compañero de al lado, que presten atención a clases interminables y que si no hacen todo eso entonces hay trastornos. ¿Dónde está el espacio para la creatividad? Si empezamos a ver comportamientos normales de la infancia como “problemas de aprendizaje, déficit de atención, hiperactividad, etc...” sin duda estamos convirtiendo la normalidad del niño en enfermedad. No digo con esto que no pueda haber casos de diagnóstico real fundamentado, pero no es posible que sea así en un número tan elevado como tenemos hoy en día de niños con algún tipo de problema de comportamiento o déficit de atención.

Demos a los niños el espacio de ser y expresarse sin tanta presión, con más libertad y analicemos entonces esos resultados. Así sabremos si es que nuestros hijos están deprimidos o de verdad en un entorno favorecedor son creativos.

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