¿Qué podemos hacer como padres para evitar el abuso sexual a nuestros hijos?

La sensibilización y el alarmismo es necesario pero no es suficiente para avanzar en el problema social de los abusos infantiles, tan antiguo como la humanidad y todavía vigente

  • ¿Qué podemos hacer como padres para evitar el abuso sexual a nuestros hijos?
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

25 de mayo de 2019. 19:59h

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Sara Pérez-Tomé. Psicóloga.  Madrid. 29/5/2019

A través de las noticias conocemos en otros el drama personal, familiar y social que se produce después de un abuso que se hace público, pero no nos cala con la suficiente profundidad como para ponernos en “modo parabólica” en nuestro propio ambiente. Como mucho pensamos qué suerte tenemos cada uno de nosotros porque no “nos ha tocado” lo mismo con nuestros hijos o nietos, y sin toma de conciencia seguiremos mirando para otro lado porque eso no nos va a pasar a nosotros...

Llegado el caso en el que, por desgracia sí que nos afecta en primera persona, puede haber ocurrido:

-Que mientras estaba sucediendo un abuso infantil en niños que estaban bajo “nuestro cuidado y protección”, hemos guardado silencio mirando para otro lado o simplemente no hemos querido aceptar que esto me vaya a pasar nunca a mí.

-Que cuando nos enteramos que un abuso se ha producido ya, probablemente es que “hemos llegado muy tarde” a las secuelas que se van a producir ya de por vida en las víctimas que son nuestros hijos y/o nietos y que hasta ahora nos parecían “intocables”.

Todavía ahora cuando se sabe de un abuso infantil en la familia, normalmente se silencia.

Cuando el niño o la niña lo cuentan por principios no se les cree a pesar de llevar la víctima manifestando ciertos síntomas. Ante la incredulidad de sus palabras los niños/as se suelen rebelar con agresividad y cuando sean adolescentes probablemente huirán del hogar familiar después de haber estado durante años sufriendo en silencio la situación en solitario.

Algunos padres, en el mejor de los casos, pensaban que la solución estaba en llevar a su hijo/a al psiquiatra con la idea de que les ayuden a resolver la violencia/agresividad/ regresión sin causa justificada de su hijo/a con todo lo que se le está queriendo.

Ahora sabemos que el secreto está en una buena educación preventiva familiar que abarque tanto a los padres como a los hijos, para que así no se llegue demasiado tarde a un problema que, si se produce, puede dejar daños imprevisibles e irreversibles en el desarrollo de la afectividad tanto a la víctima infantil como a toda la familia y a sus futuras relaciones con los demás.

Los niños tienen que saber igual que sus padres que existe “un lado oscuro” de la realidad en el mundo, y que si lo conocen podrán gestionar bien una situación adversa, gracias a la información recibida y compartida en familia y saber cada uno enfrentarse a dicha situación desde el lugar que le corresponda. Si no tienen formación familiar al respecto, todos los niños/as se convierten en potencia en ser el mejor candidato a una posible agresión sexual infantil. Cualquier abusador sexual infantil sabe que puede invadir en la intimidad y que agredir la ingenuidad desde la ignorancia o sumisión de todos los miembros de una familia, esta es su ventaja y al mismo tiempo la debilidad de las familias.

¿Qué le pasa a un niño ingenuo y/o ignorante cuando empiezan a abusar de él?

No entiende ni procesa bien lo que le está pasando.

No entiende, y sin embargo se fía porque suele conocer, querer o temer al adulto que esta abusando de él y solo piensa que “me está haciendo daño o tratando raro... pero me dice que me quiere”.

¿Cómo ayudar a un/a niño/a a protegerse en positivo sin romper su infancia?

Enseñar que no todas las partes de su cuerpo son iguales, por lo tanto su cuerpo no debe estar expuesto de manera gratuita a nadie porque su intimidad la debe guardar siempre para sí mismo.

Que esa intimidad no debe compartirla con nadie, ni siquiera con su mejor amigo/a, ni con nadie que él no quiera aunque sea su padre, u otro familiar

El límite para mantener bien guardada su intimidad empieza y acaba en su ropa interior y en la de los demás.

Que hay lugares de su cuerpo y del de otros que no tiene porque tocar cualquiera, ni tampoco él tocar el de cualquiera aunque se lo pidan.

Que no tiene por qué tener nunca secretos con nadie, ni tampoco con personas de la familia, porque detrás de un secreto puede haber una mentira a papá y a mamá...

En el fondo se trata de que toda la familia conviva sabiendo que es necesario un mensaje de respeto y seguridad para sí mismos siempre que es el siguiente:

“Tengo que decir NO cuando alguien me pide algo que no quiero hacer y tengo que decir NO también a lo que NO me gusta que me hagan”.

Si los padres no adoptan una actitud preventiva sino mas bien evasiva y por desgracia termina un hijo/a sufriendo un abuso, suele ocurrir que su reacción es la de adoptar una actitud defensiva, enfadándose con el mundo, con su hijo al que no creen, tachándole de mentiroso, exagerado o que solo tiene interés por” llamar la atención”, cuando en realidad no están queriendo aceptar una realidad y su importante papel en lo sucedido. Si esto ocurre normalmente la respuesta del hijo es cortar toda comunicación con sus padres y no les vuelve a contar nada más...si, en cambio los educamos en la prevención, el niño/a estará en una necesaria y sincera comunicación con sus padres porque sabe que los secretos extraños que no puede contar a papá o a mamá, no son secretos de cariño.

En un abuso infantil hay que contar con dos factores muy desiguales:

Un niño/a que no conoce la maldad entre seres conocidos, queridos o admirados.

Un abusador adulto que está enfermo.

Por estos dos motivos el niño debemos prepararles para que sea capaz de tomar soluciones de urgencia o emergencia para intentar frenar el abuso por si mismo, si fuera posible:

Nunca irse con un extraño aunque te prometa o te regale algo.

Nunca te vayas con nadie aunque te diga que papá o mamá se lo ha encargado. Acostumbra a tus hijos a que si tú no les has dicho que esa persona les recogerá, se niegue rotundamente a irse con él.

Si por lo que sea se ha ido con alguien con el permiso de mamá y papá e intenta tocarle o hacerle sentirse incómodo, que corra lo más que pueda para alejarse de su agresor lo antes posible y si está en un sitio cerrado que chille o golpee la puerta fuerte y no se pare a escuchar más al abusador.

Si llegado el caso, del sitio donde está no pudiera salir fácilmente, que ponga su espalda sobre una pared, estire los brazos y las palmas de las manos hacia su agresor y que grite todo lo fuerte que puedas diciendo NO y llamando a papá y a mamá y no dejes de gritar hasta que esa persona se aleje de ti.

Que no tenga miedo a parecer que es una exageración lo que está haciendo, en situaciones como esta “más vale pasarse que no quedarse”.

Puede parecer que le estás enseñando a reaccionar de una forma muy desproporcionada y dura pero no es así ya que los niños no saben tener en cuenta el significado y trascendencia de cualquier abuso en su propia persona y mucho menos de las consecuencias que le pueden acarrear de por vida ya que el abusador juega con apariencias de amistad, familiaridad a través del engaño y la mentira y, por desgracia en algunos casos también de la fuerza con la que consigue bloquear los recursos del niño.

Tenemos que educar a los niños sabiendo que hay muchas más cosas buenas y bonitas en el mundo que cosas deleznables: pero que el mal existe también en personas que están enfermas de nacimiento o que fueron abusadas también en su infancia.

Precisamente porque el abusador enfermo no es libre y los padres sí, nuestra salud mental hace que estemos en ventaja sobre el abusador, y que de manera responsable tenemos que ir por delante enseñando a nuestros hijos para saber vivir entre lo bueno y lo malo, para que asi nadie pueda quitarles el gran tesoro de ser feliz por si mismo y donde nunca nadie debe dejar su felicidad en manos de los demás.

Un ángel abusado en su infancia, es un demonio en potencia.

Un ángel abusado en su infancia y no atendido por sus padres es potencialmente un ser agresivo, asocial, desconfiado y agresivo.

Un ángel abusado en su infancia y no atendido es potencialmente un “niño con el corazón herido” para toda la vida que quedará castrado en y para muchas facetas de su vida de adulto.

Sara Pérez-Tomé es psicóloga en Sophya

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