Yo nunca he dicho que sí ni tú tampoco

La columna de Carla de la Lá

  • Yo nunca he dicho que sí ni tú tampoco

Tiempo de lectura 4 min.

19 de abril de 2019. 13:09h

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Carla de La Lá 19/4/2019

Las redes sociales se vienen abajo con la coña del consentimiento sexual sí o no. La mayoría, como es lógico, se ríen del hecho surrealista de que fuera de un sí explícito estamos hablando de una violación: bajo esa máxima, esta vuestra cronista favorita, y ustedes señoras, habríamos sido violadas incontables veces, y ustedes, señores míos, de acuerdo a esta legislación serían violadores hasta que no se demuestre lo contrario. Como dice mi querida y admirada B.H.C. en su perfil de Facebook (que es donde se toma el pulso a la sociedad). “Si estás con una tía que te mete la lengua hasta la campanilla, te acaricia, te araña, te mordisquea, gime, jadea, pone los ojos en blanco, te coge la chorra y la introduce en su cueva de placer; aunque no diga "sí" es que quiere tema”.

¿Ustedes dicen que sí todo el tiempo? ¿Hasta el final?_Esto no lo digo yo, ni mi amiga B._, lo dijo Cayetana Álvarez de Toledo en el debate televisado justo antes de que le cayera encima la filípica de barrio sésamo de las Montero y Rufián. Por supuesto, yo suscribo las preguntas de la candidata del Partido Popular, yo y cualquiera que no tire de cinismo. Un inciso: si hubieran podido participar Santiago Abascal o Rocío Monasterio (los personajes más carismáticos del momento con diferencia) hubiera sido el programa más divertido, interesante y candente del año, muy por encima de Juego de Tronos. Dónde va a parar.

Pero díganme que vieron el debate: Rufián cerrando los ojos lentamente hacia la cámara mientras repetía también muy despacio: "Gravísimooo, gravísimo... eso que has dicho Cayetana". Alternaba el trato de usted y de tú con mohines de demagogo dispuesto a satisfacer arteramente la cuota de estupidez de todos los tontos de España, incluida Cataluña, por supuesto, que no es pequeña.

"Pero ¿a qué te refieres?"_ una Cayetana sofocada, incrédula, atrapada en la irracionalidad de la mayoría (que no por serlo tiene razón y menos en este caso), una Cayetana con poca experiencia en esta clase de pantanos para los que había venido sin pertrecharse de la infraestructura necesaria. Una Cayetana lenta y a veces, noqueada por la necedad. Y Rufián, continuaba dejando caer sus párpados “pesados como juicios”: "Gravísimo...Gravísimo... gravísimo y entreabría los ojos para volver a cerrarlos".

Esto, en el A B C de la psicología de primero se llama agresividad pasiva, cinismo, demagogia, cobardía, luz de gas y sobre todo, pone de manifiesto lo de siempre: la espiral del silencio de Elisabeth Noelle-Neumann.

Imaginen amigos varones que una noche se van a la cama con una amiga, lo pasan bien y cada mochuelo a su olivo. A los dos días llaman a su puerta y es la policía que viene a detenerles por un delito de violación.

No hay pruebas, no existe un parte de lesiones, no hay nada que pueda confirmar qué existió ningún tipo de abuso. Sin embargo, la chica sostiene que en ningún momento de la noche confirmó con un sí explícito y sonoro la relación con ustedes y que por ello no accedió a la relación sexual. Alega que sintió miedo y que por eso permaneció callada, paralizada y no puso empeño en zafarse de la intimidad corporal. Y que por lo mismo no hay pruebas físicas de delito.

De momento pasan la noche en la cárcel, amigos, y no sería descabellado que con arreglo a esas leyes kafkianas les condenen a 20 años de prisión. Bien, Cayetana, como otras voces audaces de este país, no critica al feminismo, ni la integridad e inviolabilidad de las mujeres, sino la reforma del código penal en unos términos en los que queda sujeta a interpretaciones peligrosas e inestables, como podemos observar en los miles de memes al respecto.

¿De verdad creen que la Señora Álvarez de Toledo, entre otros, defienden que a las mujeres se nos pueda violar de forma impune? No, amigos, nadie quiere que se viole a nadie... estamos ante uno de los bucles pre electorales más patosos que recuerdo. Aunque soy muy joven.

Al escuchar el otro día a las Monteros y a Rufián me preguntaba encarecidamente a mí misma: ¿Es cinismo, superficialidad o poca cabeza? O una diabólica combinación de todas esas circunstancias que se ha hecho con el timón de este pobre país...De verdad, queridos, que intento comprenderlo, con cariño, paciencia y compasión... pero sin éxito.

Irene Montero me pareció una muchacha chillona y maleducada que puede triunfar en las discusiones o debates, no por su argumentario, ni su dialéctica, sino precisamente por su falta de empatía, rigor y delicadeza. Me recuerda a las dependientas groseras que se irritan porque no les gusta su trabajo y cuando un cliente les pregunta algo responden hablando excesivamente alto hasta hacerte sentir incómodo y que dejes de preguntar, hasta que te marchas de la tienda que no es suya, con las manos vacías... Por lo demás, quitando la altanería y la demagogia no dice mucho y no aporta nada, que le sirva a una persona con sentido común y exenta de rabia y complejos. Las ideas que cree suyas las ha tomado aleatoriamente de las fuentes que se ha ido encontrando, su ideario es como una ensalada repleta de variadas frutas y verduras de temporada, aunque difícilmente combinen entre sí. Me produce mucha ternura que tiene los mismos tics tonales y gestuales de su novio.

Ahora mismo, lo único que tengo claro es que hay que pegar un pedazo voto compensatorio de no te menees. Como saben, a mí no me importa mucho quien salga, pero veo necesario poner ciertos límites a estos mastuerzos desinhibidos, como a los niños.

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