El Liverpool gana el Mundial de Clubes tras vencer 1-0 al Flamengo

El Liverpool se ha proclamado campeón del Mundo de Clubes tras imponerse al Flamengo con un gol de Firmino en la primera parte de la prórroga.

FIFA Club World Cup 2019
El Flamengo posa antes del partido.ALI HAIDEREFE

Le tocó remangarse, llegar hasta la prórroga y sufrir, pero el Liverpool es campeón del mundo. Sonaba a fútbol de siempre la final, a años 80, a Junior y Zico, a Dalglish y Michael Robinson, titular en aquella Copa Intercontinental de 1981 que perdió el Liverpool contra el Flamengo. La única vez que el equipo brasileño ha sido campeón del mundo hasta el momento.

El rey de Europa rompe su maldición después de haber perdido las últimas tres finales intercontinentales que disputó. A la del 81 le siguieron las del 84 y 2005. Pero por el camino se dejó la rodilla de Oxlade-Chamberlain, que recibió su medalla con muletas.

Flamengo era consciente de la superioridad de los equipos europeos en estos torneos – «tienen los mejores jugadores», había advertido su entrenador–, pero la potencia del campeón sudamericano es suficiente para recuperar a veteranos todavía en buenas condiciones, como Filipe Luis, relanzar la carrera de futbolistas que todavía esperan encontrar su sitio en Europa, como Gabigol, y alimentarse de talento del viejo continente. Su técnico, Jorge Jesús, es portugués, entrenador no hace mucho de Benfica y Sporting, y uno de los «jefes» de su defensa es el español Pablo Marí, canterano del Valencia y del City.

Gabigol impulsó los mejores momentos del Flamengo, que llegaron en la primera mitad. Pero no tuvo la misma puntería que en la final de la Libertadores, cuando dio la vuelta al partido con dos goles en los instantes finales.

El Liverpool fue ganando terreno poco a poco en juego y oportunidades. Y creyó tener la ocasión definitiva en los últimos instantes del tiempo reglamentario. Pero el penalti de Rafinha a Mané que marcó el árbitro fue anulado después de la revisión del VAR, que manejaba el español Martínez Munuera. La prórroga era el camino obligatorio para la victoria. Marcó Firmino en el 99 y el Flamengo, agotado físicamente, ya no tuvo capacidad de reacción.