
Naturaleza
Así es la ruta mágica que evoca a las meigas en plena Costa da Morte
Este peculiar sendero de Galicia transcurre entre acantilados, calas y secretos ofreciendo espectaculares vistas del litoral

Existe un sendero en la Costa da Morte que parece lleno de misterio. La Ruta Meigha Lirea, en la aldea de Lires (Cee), avanza entre bosques, acantilados y playas salvajes, bajo un aire impregnado de leyenda. Su propio nombre evoca a las brujas gallegas, esas meigas que la tradición asegura que existen aunque nadie las vea.
Esta ruta es un circuito circular de unos 10 kilómetros, de dificultad media y unas tres horas de duración. Tranquila y bien señalizada, es considerada una de las joyas ocultas de la Costa da Morte, porque condensa en poco espacio todo lo que esta tierra representa: la fuerza del mar, el silencio de los montes, la memoria rural y un poco de aura sobrenatural.
El recorrido arranca junto a la iglesia de Santo Estevo de Lires, cruzando el Ponte Vella, viejo puente de piedra que formaba parte del camino sacramental de la parroquia. Entre helechos y pinos, la senda asciende hasta mostrar los primeros reflejos del Atlántico. Este tramo coincide con el Camino de Santiago a Fisterra-Muxía, de modo que no es raro cruzarse con peregrinos.
En la Pedra Camposa la ruta se divide. El ramal interior atraviesa los prados hasta alcanzar el mirador de Pedras de Padrís, desde donde se contempla la sobrecogedora playa do Rostro: un arenal inmenso de corrientes traicioneras que impiden el baño pero regalan un espectáculo difícil de igualar.

La segunda mitad del recorrido discurre pegada a los acantilados, siguiendo parte del Camiño dos Faros. Es el tramo más exigente y espectacular: el sendero se estrecha sobre tojos y brezos, y el mar golpea abajo con fuerza. El promontorio de Punta do Narís, con su perfil humano de roca, ofrece una de las panorámicas más impresionantes. Poco después aparece la fervenza da Mexadoira, una cascada que cae directamente al mar frente al islote rojizo del Petón Vermello. Son imágenes que parecen salidas de un cuento celta.
El regreso pasa por pequeñas calas escondidas, como Area Pequena y Area Grande, hasta descender de nuevo a la ría de Lires, la más pequeña de Galicia. Sus aguas serenas, refugio de garzas y cormoranes, contrastan con la bravura del océano. El círculo se cierra donde empezó, frente a la iglesia y el puente antiguo.
Paisaje y mito
En pocas horas, el caminante atraviesa un mosaico natural: bosques, campos de labor, playas solitarias y acantilados. En primavera el brezo pinta de púrpura las laderas y en los prados florecen lirios y margaritas atlánticas. La fauna se deja intuir en las sombras: corzos, jabalíes, faisanes y, sobre todo, aves acuáticas que encuentran en la ría un paraíso.

La atmósfera, sin embargo, trasciende lo natural. El nombre de la ruta recuerda a las meigas, figuras imprescindibles del imaginario gallego. Al caer la tarde, la bruma que asciende del mar convierte cada árbol en una sombra inquietante y cada piedra en un posible altar antiguo. No faltan en la Costa da Morte relatos de naufragios, procesiones espectrales como la Santa Compaña o milagros marineros como el de la Virxe da Barca en Muxía. Aquí la frontera entre mito y realidad parece más difusa que en ningún otro lugar.
Huellas de historia
La ruta también guarda testimonios de la vida rural: la iglesia parroquial, el cruceiro de piedra que la custodia, el Ponte Vella por el que antaño pasaban procesiones y cortejos fúnebres, o los muros de granito que delimitan los prados. El trazado se cruza además con rutas mayores: el Camino de Santiago, que trae hasta aquí peregrinos desde hace siglos, y el Camiño dos Faros, que enlaza los guardianes luminosos de la Costa da Morte.
La Ruta Meigha Lirea condensa, así, la esencia gallega. Quien la recorra regresará con la certeza de haber vivido algo más que una excursión: una especie de recorrido místico por el alma de la Costa da Morte. Porque en Lires, entre la bruma y el rugido del mar, aún parece posible cruzarse con una meiga en el recodo del camino.
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