Los churros que no lo son, ¿o sí?

Manu Franco dirige La Casa de Manolo Franco en Valdemorillo, un espacio en el que ofrece una cocina honesta, creativa y elegante en la que cada plato tiene un por qué

Manolo Franco, chef del restaurante La Casa en ValdemorilloLuis DíazLa Razón

La original Casa Manolo la fundaron sus padres en el 87. Era el bar-restaurante más antiguo de Valdemorillo al que se iba a comer un mítico pincho de tortilla. Manu pasó allí su infancia y conoció el oficio. Pero antes de dedicarse a él al cien por cien, ha ejercido su carrera, la de periodista, y nos ha informado durante 20 años de los triunfos de Carlos Sáinz, padre e hijo, y de Fernando Alonso, con los que ha viajado por el mundo, y ahora, claro, han visitado el espacio.

No fue hasta junio de 2019, tras formarse en Le Cordon Bleu, cuando inauguró La Casa de Manolo Franco, donde propone una cocina que cuenta una historia, la suya y la de su familia, y cada plato tiene un por qué. Tradición con matices actuales que llega a la mesa en recetas sensibles, elegantes y reconocibles, alimentadas por las materias primas de la sierra madrileña. También, originales y creativas. Cuenta Manu que ha aprovechado la pandemia para diseñar el que para él es el mejor restaurante, ocupado por solo siete mesas, con una distancia de dos metros entre ellas, y ha apostado por dos menús degustación, «Otoño de recuerdos» y «Otoño de recuerdos en la sierra», en los que plasma la esencia de su cocina, además de otro ejecutivo y la carta.

Imprescindible trampantojo

En ella, llama la atención un imprescindible trampantojo: los churros (patata) con chocolate (crema de morcilla), en honor a sus tíos Pichi y Ricardo, los churreros del pueblo. Como tributo a aquellos años de gloria, Manu también sorprende con divertidos aperitivos y un postre. El primero lo llama «Una caña en Casa Manolo» y lo forman la cerveza helada con galleta de aceituna, el milhojas de boquerón en vinagre y la tortilla española de las nietas del abuelo de Manolo. Mientras que el segundo consiste en una mousse de café, con helado de chocolate blanco y crema de leche con gelatina de sol y sombra. Ingenio y creatividad son ingredientes que no faltan en bocados como el huevo frito de sal y la piedra de Valmayor, con Dacosta en mente. Ni en los platos pasados por el Josper, entre ellos, la ostra a la brasa de encina con mandarina y brote de mostaza, y los mejillones con tomate, avellanas y hierbas. Tampoco en una lubina con calabaza y cebollas encurtidas al anís y en el corte vaca de Valdemorillo. Si es de los que los domingos come arroz, su «take away» incluye crema de calabaza, croquetas de la abuela Pepa y el arroz de tataki de vaca vieja. Merece tanto la visita, que al salir quieres volver.

Dónde: C/ La Fuente, 6. Valdemorillo (Madrid).

Menús: 70 y 55 euros; 26 el ejecutivo.

www.lacasadevaldemorillo.es