Porter, un restaurante lisboeta que hay que conocer

Es el restaurante del Corpo Santo Historical Hotel de Lisboa. Con sinceridad, creo que les gustará.

Uno de los platos de Porter
Uno de los platos de PorterJuan Antonio NarroJuan Antonio Narro

El local, Porter, tremendamente luminoso gracias a unos grandes ventanales, situado en la planta baja de este emblemático alojamiento de cinco estrellas del centro de la capital portuguesa, tiene dos entradas. Una, por el hotel y, otra, directamente desde el exterior (Rua do Arsenal).

Es amplio, cómodo, con una gran separación de mesas (especialmente en estos tiempos de emergencia sanitaria), magnífico servicio y cuenta con una agradable decoración.

En definitiva, todo invita a conocerlo. Más aún cuando descubrimos una “ementa”, no muy extensa, pero sí bastante trabajada.

Entre las elaboraciones que nos ofrecen destacan: “solomillo braseado con aceite y tomillo, puré de patata trufada, foie gras y salsa de vino de madeira”, “entrecot de ternera a la parrilla o a la plancha con patatas fritas y puré de espinacas”, “risotto de gambas, lima y cilantro”, “gambas al ajillo y piri-piri”, “bacalao con cebolla, patatas fritas y huevos revueltos”, “ensalada de pera Rocha macerada en moscatel de Setúbal, lechugas variadas, almendra y queso de cabra”, “mero con salsa fragateira con verduritas caramelizadas y patatas”, etc. Sopas, ensaladas, arroces, pescados, carnes, pasta…. multitud de posibilidades y opciones a disposición paladar más exigente.

No quiero dejar en el tintero un detalle que es de agradecer: la carta está también en castellano. Algo que revela cercanía y aprecio al cliente español.

Quien les escribe pudo probar algunos de estos platos que tan magistralmente sirven en Porter. Puedo decirles que me encantaron y especialmente disfruté, junto con la calidad de estos productos, con los postres. Aún perduran en el recuerdo.

Como goloso reconocido, estando en un país donde las “sobremesas” tienen personalidad y fama mundial, no dudé -con mucho agrado- en sucumbir a la tentación de probarlos. Estuve dos noches hospedado en el hotel. Tenía, por tanto, tiempo para pedir varios.

Les dejo el nombre de algunos: “Cúpula de plátano y maracuyá con un crujiente de setenta por ciento de chocolate, reducción de maracuyá y helado de mango”, “tarta enrollada de queso y canela con mermelada de calabaza y nueces crujientes acompañada de helado de yogurt” o “tarta de manzana con glaseada de miel y romero, almendras crujientes y helado de vainilla”. Un paraíso de los dulceros. Bien preparado, magníficamente presentado y muy agradable al comerlo al jugar con diferentes texturas. Todo un acierto. Un compromiso decidido por el buen hacer en cocinas.

Uno de los platos del restaurante
Uno de los platos del restauranteJuan Antonio NarroLa Razón
Uno de los platos del restaurante
Uno de los platos del restauranteJuan Antonio NarroLa Razón

Por esta azucarada razón, estos párrafos van a ir acompañados de fotografías algunas de esas “sobremesas”.

El lugar, además, es mágico por la sorpresa que esconde en sus entrañas. Tiene algo de especial. No es un restaurante y nada más. Hay un importante plus de carga histórica que les relato someramente.

Estamos justo encima de los restos de la muralla fernandina, mandada construir por el rey D. Fernando allá por 1373. Fortificación que protegía y defendía la ciudad de Lisboa de posibles ataques enemigos. Este espacio es visitable y se accede tras bajar unas escaleras sitas junto a la barra del bar del restaurante. Perfectamente preparado y conservado, cuenta con un pequeño museo.

Estamos en un escenario único, convertido en sala de estar y de lectura del hotel, donde tomar una buena “bica” para comentar la experiencia gastronómica de Porter. ¿Qué mejor lugar para reposar estos manjares?