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La triste e increíble vida de Marie Fredriksson

Un padre alcohólico, la muerte de su hermana y un tumor cerebral marcaron su existencia.

Con más de 80 millones de discos vendidos, Roxette es junto a ABBA la banda sueca por excelencia y su recién fallecida intérprete, Marie Fredriksson, una estrella que ha traspasado fronteras. Pero a pesar de ello, la vida de Marie ha estado teñida de tantas luces como sombras. Fue ella misma, quién cuando ya su enfermedad le impedía escribir, decidió contar a sus fans su verdadera y trágica historia, oculta tras el destello del éxito profesional en una autobiografía que toma el nombre de una de sus canciones más emblemáticas: “Listen to my heart”.

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En 1988, tras el éxito de una canción que formaría parte de la banda sonora de Pretty Woman, It must have been love, el grupo sueco llegó a la cima de la lista de los Estados Unidos, abriendo a Roxette el camino para conquistar el mercado del pop internacional. Fue entonces cuando la vida de Marie Fredriksson y Per Gessle cambió para siempre al ganar millones de dólares con sus grandes éxitos musicales y a hacer giras mundiales de un año de duración.

La vida oculta de la artista

Nacida en una población rural cerca del Báltico y en el seno de una familia muy humilde, su infancia fue especialmente dramática, al tener que convivir con un padre alcohólico por el que sentía auténtico terror. Pero uno de los hechos trágicos que, tal y como ella confesó marcarían su destino y su fuerte personalidad, fue la muerte de su hermana mayor, Anna-Lisa, en un accidente de tráfico. Marie tenia tan sólo siete años y asegura que aquella tragedia consiguió acercarla más a su familia y forjar su espíritu de lucha, de no rendirse nunca.

Marie aprendió a tocar el piano, a componer y a cantar cuando era una niña. Así, antes de cumplir los diez años, ya había creado su primer grupo, inspirado en los Beatles y otras bandas de moda como los Rolling Stone. Con 17 años empezó a estudiar música y para ello se trasladó de su pequeña ciudad natal a Svälov. Pero no fue hasta que se mudó a Halmstad y conoció por medio de su novio, que también era músico, a Per Gessle cuando empezó su carrera. Gessle colaboraba con varias bandas y Marie comenzó a cantar con una de ellas, Gyllene Tider, que sería la simiente de Roxette, cuando ambos se convirtieron en los vocalistas y decidieron cambiar el nombre al grupo.

Su ascenso a la fama y a los escenarios más emblemáticos del mundo tampoco fue fácil. Ella se sentía poco valorada por el manager del grupo y decía que su voz no se escuchaba: “me sentía excluida y mi opinión no contaba”. Pero el dúo sueco fue conquistando a la audiencia y pese a la mala relación con su manager, el grupo lanzaría 9 discos y seguiría en activo durante 33 años, convirtiéndose en la banda sueca de referencia mundial.

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En 1984 se casó con el cantante sueco Mikael Bolyos, que ha estado a su lado en los momentos más duros y con quién tuvo dos hijos: PInez Josefin y Oscar Mikael. En su camino hacia el éxito y lo infeliz que se sentía en la época más fuerte de Roxette, fue fundamental el amor de Mike, su esposo, quién asegura le libró de la soledad y de la parte más oscura de su vida adulta.

Pero el infierno, tal y como ella relató en su biografía, comenzó el 11 de septiembre de 2002 : Sufrí un ataque de epilepsia que me provocó espasmos en todo el cuerpo e hizo que me golpeara la cabeza contra el suelo de piedra con tanta fuerza, que me provoqué una fractura de cráneo.”.

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Le acababan de detectar un tumor cerebral que que llevaría a Marie Fredriksson a la oscuridad más absoluta. Pero también a la superación. Tenía 44 años. La enfermedad le dejó múltiples secuelas ya que la radiación le dañó una parte del cerebro: tuvo que aprender de nuevo a hablar, leer o andar. En su autobiografía, Marie llega a reconocer que pensó en tirar la toalla con Roxete y dejarlo todo.

También relata en esta valiente autobiografía con crudeza cómo vivió aquellos primeros momentos tras detectarle el cáncer y cómo muchas personas de su entorno no se atrevían ni a acercarse a ella, pues estaba en shock. Una de las cosas que recuerda con terror es como, a consecuencia de la medicación, empezó a hincharse y nadie la reconocía. Pero lo peor eran sus problemas motores, de memoria y de orientación.

Después de cinco años infernales, en 2007 volvió a los escenarios en solitario, y en 2011 de nuevo con Roxette. El dúo sueco de soft rock inició una gira en 2016 para celebrar sus 30 años pero, finalmente, tuvieron que cancelarla por los problemas de salud de Marie.

Las consecuencias físicas del tratamiento fueron terribles: problemas de visión en el ojo derecho y de en un oído. La propia artista reconocía que sus conciertos eran “un milagro”, pero aún cantando sentada, conseguía llenar sus espectáculos.

Desde entonces poco se ha sabido de la bella cantante sueca. El hermetismo la ha acompañado hasta que, esta mañana, su jefe de prensa, Marie Dimberg ha anunciado su muerte: “con gran tristeza tenemos que anunciar que uno de nuestros artistas más grandes y queridos se ha ido”.

Las muestras de dolor de los fans del grupo sueco en las redes sociales se suceden en todo el mundo, aunque ha sido la reacción de su compañero de escenarios, Per Gessle, una de las que más ha conmovido a los seguidores de Roxette: “estoy orgulloso, honrado y feliz de haber podido compartir gran parte de tu tiempo, de tu talento, de tu calidez, generosidad y sentido del hmor. Todo mi amor está contigo y tu familia. Las cosas ya nunca serán iguales”.

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