Ortega Cano sus luces y sus sombras, sus grises y negros

Tras las declaraciones de Amador Mohedano en el programa ‘Deluxe’ y la participación de Ana María Aldon en ‘Supervivientes’, la figura de Ortega Cano ha vuelto al foco mediático

Ortega Cano
Ortega Cano

En los últimos años Ortega Cano ha mantenido un perfil bajo. Muy alejado de aquellos años en los que triunfaba como protagonista en los principales festejo taurinos. Aún Rocío Jurado no formaba parte de su vida aunque como siempre ha reconocido: “A mi me gustaba desde la primera vez que la escuche cantar. Cuando nos vimos en la consulta del doctor Mariscal cambio para siempre mi vida”.

Ortega era la voz cantante de una familia muy unida con una madre, Juana que ejercía de matriarca del clan. Tres hermanos -Conchi, Paco y Eugenio- que nunca quisieron más protagonismo que el colateral. Todos ellos con sus trabajo independientes. Si hacía falta, José echaba una mano como luego hicieron ellos cuando murió Rocío Jurado y el mundo se le vino encima. Una de las personas más importantes para el torero fue siempre su madre. Hasta que se casó vivan juntos en el chalet de Fuente del Fresno y donde volvía de vez en cuando para estar con ella. Estos cambios de domicilio estacionales no gustaban demasiado a Rocío que a menudo insistía en que se fuera con ellos: “Vente a nuestra casa”, decía la nuera.

Para la suegra que era muy intuitiva y al principio no estaba muy de acuerdo con la boda en el chalet de La Moraleja, había mucha gente y ella prefería su casa con menos ruido. Amador y Rosa, Juan el secretario, los de la casa de discos, la costurera más el grupo de admiradores que siempre estaban junto a la artista. La unión de madre e hijo era muy fuerte. Tanto es así que fueron juntos en varias ocasiones al Vaticano para audiencias privadas con Juan Pablo II. Estos encuentros los organizaba Paloma Gómez Borrero y en una de esas visitas llevo de regalo un capote de paseo en rojo y oro. Y el Papá les obsequio con unas medallas de la Virgen que a partir de esa fecha formaba parte del altar que llevaba consigo cada vez que toreaba. Su vida no había sido fácil pero daba gracias a Dios por lo que tenía y así se lo dijo a Juan Pablo II.

A los ocho años ya estaba ayudando a su padre y a Francisco Hernando (el Pocero) a llevar agua a las casas porque donde vivía en el barrio de Palomeras no había canalización. “Cargaban los cántaros en un burro y lo distribuían puerta por puerta”, ha contado para explicar que tuvo una infancia feliz, que nunca faltó de comer y nunca hubo lujos.

La amistad con El Pocero se mantuvo a lo largo de los años y gracias a él, que fletó un avión medicalizado, Rocío Jurado ya con la sentencia de muerte por el cáncer pudo regresar a Madrid. Ese segundo viaje a Houston en busca del milagro fue una de las decisiones personales de la artista con la que no estuvo de acuerdo Ortega Cano. Los médicos que la trataban en el hospital Montepríncipe nunca entendieron esa opción cuando ya no había nada que hacer.

Roció Jurado en su 61 cumpleños.
Roció Jurado en su 61 cumpleños.

A pesar de algunos rumores que aseguraban que antes de que se le diagnosticara la enfermedad el matrimonio hacia aguas y con una crisis importante a punto de divorcio, la realidad demostró lo contrario. El torero no se separó de su mujer ni en Madrid ni en Houston. Dejó aparcado su trabajo y los niños, Gloria Camila y José Fernando, al cuidado de Gloria Mohedano. Tuvieron sus desencuentros que no fueron más diferentes que los de otras parejas. Rocío Jurado tenía un carácter muy fuerte y la vida en pareja no fue más difícil que la de otros personajes famosos donde el choque de egos es inevitable. “Teníamos malas rachas pero nunca tan importantes como para separarnos”, ha dicho Ortega .

La economía familiar la sustentaba en gran medida el torero que en los muchos años de vida taurina había ganado mucho dinero y supo invertir muy bien. La finca Yerbabuena era de su propiedad. Hubo voces que aseguraban que la mantenedora de toda la actividad doméstica corría a cargos de Jurado. Y nunca fue así. De hecho una de los temas que molestaba a la suegra Juana Cano eran precisamente esos comentarios malévolos sobre su hijo. Algunos llegaban desde el propio entorno de Rocío que aunque sabían la verdad preferían intrigar.

Tras las declaraciones de Amador Mohedano en el programa ‘Deluxe’ y la participación de Ana María Aldon en ‘Supervivientes’, la figura de Ortega Cano ha vuelto con sus luces y sus sombras. La oscuridad entró en su vida cuando murió Rocío Jurado. El mismo ha reconocido que perdió el norte. Volvió a torear sin estar preparado mentalmente y tuvo varias cogidas. Los taurinos de toda la vida que conocían su trayectoria estaba asustados “¡quiere morir en la plaza!”, decían. Estaban convencidos que inconscientemente era el propósito de Ortega. Supero esa etapa y el tiempo cambio el dolor por la nostalgia. Se dedicó a sus hijos y sobre todo a José Fernando, que ya presentaba problemas de conducta. Una época dura que acabo con su accidente de coche al conducir con una tasa de alcohol por encima de la permitida y que costó la vida a un padre de familia. Paso por la cárcel y Ana María Aldon se convirtió en su mejor apoyo además de su hija Gloria Camila y el pequeño José María, que en febrero cumplió siete años.

Ortega Cano y Ana María Aldón, con el pequeño José María
Ortega Cano y Ana María Aldón, con el pequeño José María

El torero no quería que su mujer fuera a ‘Supervivientes’. La razón era mantener ese perfil mediático bajo que ahora su cuñado Amador ha reavivado. Una de los comentarios que más ha enfadado a Ortega ha sido el referido a sus ausencias cuando estaba casado con Rocío. “La realidad es que estábamos muy enamorados. Con subidas y bajadas, pero enamorados. Y no entiendo que por dinero (refiriéndose a Amador) tenga que remover el pasado. Yo he estado con él y le he ayudado cuándo más lo ha necesitado”, aseguraba muy dolido en el programa ‘Viva la Vida’.