Al Rosa Vivo: Jorge Javier lleva la batalla de la izquierda a ‘Sálvame'

El plató de "Sálvame" reproduce a diario la crispación política que se vive en el Congreso

A pesar de sus sonadas peloteras, nadie habría imaginado que a Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban les separaba algo más que una fina hoja de papel de seda. Hasta que el presentador desenvainó su espada en pleno directo de “Sálvame Deluxe”, el sábado pasado, dispuesto a cortar hasta el aire, que para eso él es el amo del cortijo. O era. Su señorío no deja de temblar desde esa noche, cuando ambos se enzarzaron en una discusión a cuenta de la gestión política de la crisis del coronavirus. El momento fue memorable porque borraba cualquier límite entre el contenido político y la Prensa rosa. Por primera vez, nadie echó de menos batallas en la cama o los acostumbrados líos de personajes muy poco corrientes.

Después de tres meses de confinamiento, Belén pisó el plató dispuesta a cambiar el tono. En su alegato, la colaboradora criticó la falta de recursos de los sanitarios durante los meses de pandemia. “No soy embajadora de nada ni de nadie, pero quiero decir que el sector sanitario lo ha pasado mal y el Gobierno de este país, me da igual de qué partido sea, no ha estado a la altura”. Las palabras de Belén iban hirviendo la sangre a Jorge Javier. Alcanzado el punto de ebullición, marcó territorio y estalló irritado: “Tu discurso es muy peligroso porque enardece a la población…”.

“No podemos usar esos discursos tan populistas, solo basados en lo terrible...”, le espetaba una y otra vez. Aunque ella reaccionó olvidándose de que es una mujer visceral, ambos eran plenamente conscientes del poder de su tribuna televisiva. Jorge Javier acostumbra a usarla para repartir zascas a diestro y siniestro contra Santiago Abascal, Isabel Díaz Ayuso o Cayetana Álvarez de Toledo, por citar algunos. Sus defensas son también apasionadas y expresa sin reserva su admiración hacia Fernando Simón, Pablo Iglesias o Salvador Illa, colocándose políticamente siempre a favor de la izquierda y sin dejar que nadie le cuestione en nada. Su audiencia es millonaria y cuando el discurso no es de su agrado, salta indignado del asiento e intenta acallar con muletillas como “No te voy a dejar hablar para decir tonterías”, “¡Basta ya!” o “¡No me toques las narices!”.

Los programas del corazón se han convertido en un formato válido para hacer crónica política, aunque ahora, debido a los niveles de estrés tóxicos que ha dejado el confinamiento, parece imposible sacar a relucir la mejor versión de uno mismo. El espectáculo está servido. Nos gusta más si llega aderezado con algún detalle morboso que permita escarbar en la vida del protagonista. Los límites a veces son imperceptibles, siempre que encuentren su amparo en la libertad de expresión. Tenemos cercano el ejemplo de Albert Rivera, que protagonizó una de las escapadas con más tintes rosas del mundo de la política dedicándole a Malú unas románticas palabras en su despedida. O el de Mireia Varela, la ex mujer de Gabriel Rufián, que se tatuó bajo el pecho la ecuación de Dirac, la ley ineludible que confirmaba su amor eterno. También Pedro Sánchez saltó al plató de “Sálvame” después de escuchar en boca de Jorge Javier “nunca más voy a votar al PSOE”. Aquella tarde del 17 de diciembre de 2014, el entonces candidato se veía obligado a aclarar su postura con respecto a la fiesta taurina. El PSOE, que no estaba en su mejor momento, no se podía permitir gripar.

Cualquier episodio en los platós tiene un eco en la calle más fuerte incluso que los célebres rifirrafes entre Iglesias y Álvarez de Toledo. Antes incluso de que pudiesen celebrar su particular pantomima del perdón, la última bronca entre Jorge Javier y Belén ya había sido desmenuzada al detalle en redes sociales y medios de comunicación. Él es el amo del cortijo y ella la princesa del pueblo. Dos personajes carismáticos, iconos masivos ahora a la gresca por convertirse en el Robin Hood de la Covid-19. Cada espectador ha decidido animar a su favorito en una carrera en la que Jorge Javier podría ver desplomarse su popularidad, ya que el escrutinio favoreció ampliamente a Belén desde el principio.

“Millonario progre”

Hasta los políticos han tomado partido. Santiago Abascal le llamó “millonario progre” y “Kim Jong Vázquez”, en alusión al dictador coreano. La respuesta del presentador fue inmediata: “Aquí no se van a dar alas al fascismo”. La crítica generalizada al presentador es su exceso de vanidad al creer que su verdad es universal. También el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, salió al quite de Belén cuando Alsina se interesó por el elogio que le hizo la colaboradora la noche de autos: “Fue alabado por Felipe González y ahora por Belén. ¿Quién le hace más ilusión?”, le preguntó. “Desde el punto de vista humano, lo de Belén”, respondió.

Pero, ¿es conveniente trasladar la política a los espacios del corazón? En formato rosa la discusión gana vehemencia, pero la lucha de egos queda patente igual en el Congreso que en los platós. Convertidos estos en el Callejón del Gato, los espejos devuelven una imagen deforme de la política en la que más de uno podría encontrar la caricatura de sí mismo. Si Belén representa un centroderecha indignado, Jorge Javier toma la bandera de la izquierda, del líder bienhechor que crea la ilusión de un mundo más solidario, pero con un salario superior al de cualquier trabajador. En su soberbia, le dice a la princesa que ya no representa al pueblo y que lo tiene que aceptar, pero tendrá que asumir que la audiencia es soberana. Corazón y política se nutren mutuamente sin que quede claro quién es el álamo y quién el muérdago parásito que se agarra para chuparle hasta el último hálito.

Jorge Javier Vázquez

El martes se presentó vestido y peinado a la manera de Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte con el que acababa de ser comparado en las redes. Después de dos décadas en televisión, su personalidad salta a la vista: ambicioso, histriónico, dominante, errático, resuelto, narcisista, hedonista, astuto y seductor. Puede que en esta amalgama de patrones haya rasgos que le acerquen igual al dictador comunista que a cualquier político democrático. Se crió en el barrio de San Roque, en Badalona, y, según ha confesado en su libro “La vida iba en serio”, su padre habría preferido mejor un hijo muerto que homosexual. A punto de cumplir los 50,se maneja bien en el directo, pero no admite disidencia en un discurso político que ha simplificado en dos causas: “Rojos y maricones”.

Belén Esteban

Posee una singular habilidad para hacer de la banalidad virtud. Cenicienta, mártir, visceral. Y en ocasiones, y a su pesar, primera dama de Jorge Javier. Sellaría todo en su vida por tres amores, el pueblo, su hija Andrea y Miguel. Una especie de Evita Perón patria obsesionada con dignificar a la gente humilde. Su discurso es sorprendentemente convincente. “Yo no soy política, soy ciudadana. No vengo con chuleta ni me preparo mis discursos. Nunca he sido Cayetana, os lo puedo garantizar. Voy a seguir opinando lo mismo. Nunca vengo con mis entrevistas preparadas”. Fueron sus primeras palabras después de la monumental disputa con Jorge Javier. Suficientes para arrancar el aplauso de sus seguidores. Expulsada de Ambiciones con una mano delante y otra detrás, llegó a los platós con la tenaz decisión de volver a nacer y, casi por arte de birlibirloque, subió a los altares televisivos.