Los sábados de Lomana: “No seré yo la que disculpe o defienda a Don Juan Carlos”

Carmen Lomana
Carmen LomanaCarmen Lomana

Me dio un ataque de risa cuando escuché a Sánchez decir lo de me “perturba e inquieta”. Inmediatamente visualicé a la adivina de Telecinco por la noche cuando nos pregunta que si algo nos atormenta, perturba o inquieta, le preguntamos a ella y en un plis plas lo soluciona. A Sánchez no creo que le perturbe nada, después de mucho pensar algún inepto de los que le rodean como asesores debió decirle que esas era las palabras perfectas para definir lo que siente cuando investigan en las actuaciones del Rey emérito y su trama de “amigas” encabezada por Corina. Es un auténtico disparate y no seré yo la que disculpe o defienda a Don Juan Carlos, él sabrá en qué “jardines” esta metido y cómo va a conseguir salir de ellos dignamente, algo que se me antoja imposible. Está haciendo demasiado daño a la institución monárquica, que es lo único que me interesa defender. Esa institución es de todos, es un patrimonio de España y está por encima de las personas. Ningún rey debería tener derecho a mancharla. Y mucho menos, un presidente del Gobierno que bajo la condescendencia hacia el Rey actual Felipe VI, queriéndole salvar la vida en un acto de generosidad y conmiseración por su parte, lo único que hace es dirigir un gran torpedo a la esencia misma de la monarquía.

Don Juan Carlos ha cometido muchos errores pero no conozco a ningún rey que haya tenido la humildad de pedir perdón con una sencillez y arrepentimiento que nos produjo al menos a mí enorme ternura con la dichosa foto del elefante. Durante su reinado brilló la reconciliación, la prosperidad, la democracia y la libertad como nunca antes en España. Su imagen a nivel mundial como representante de nuestra nación no ha podido ser mejor, unido a su enorme simpatía y naturalidad. Como a la mayoría de los Borbones, le perdía su afición desmedida por las mujeres y, visto lo visto, nunca mejor dicho que perdía la cabeza.

Siempre ha habido algo que no termino de asimilar como mujer: la humillación a la Reina Sofía y su sumisión al menos aparente ante los desplantes e infidelidades de su marido. No me vale que me digan que la educaron para que le pusiesen los cuernos y aguantar. Ninguna mujer del siglo XX con un mínimo de dignidad debería asumir dicho rol. Esa actitud solo se explica desde el amor inmenso que ella sentía por su adorado “Juanito” y que sigue sintiendo. Solo tenemos que observar su cara de felicidad cuando está con él. Su actitud es la de “aquí no ha pasado nada”, es mi compañero de vida, mi amor, y eso es lo único que importa.

Recuerdo que hace años alguien me contó la primera infidelidad del Rey que ella pudo ver con sus propios ojos. La Reina con sus hijos decidió ir a darle una sorpresa un día que él le había dicho que se iba a cazar. Cuando llegó al lugar de El Pardo, la guardia que estaba con el Rey al verla muy decidida entrar en el pabellón de caza quisieron impedírselo, pero ella debió sentir que algo extraño estaba pasando. Fue abriendo puertas y lo encontró muy bien acompañado durmiendo la siesta... Lo de dormir es por decir algo. En ese momento se le rompió el corazón y decidió irse a India con su hermana Irene y su madre buscando consuelo. La reina Federica de Grecia, que era implacable en esos temas, le dijo que su lugar estaba en España con su marido pasase lo que pasase y exactamente así ha sido el resto de su vida.

Desde esta página quiero demostrarle mi más absoluto respeto a nuestra Reina Sofía. De la misma forma que a nuestro Rey Felipe en estos momentos tan duros en los que tiene que volver la espalda a su padre por el prestigio de la institución.