Hanan Midan, la tuitera que ganó 20.000 “followers” en un solo día

Es la revelación del verano en redes pero no por hacer tutoriales de belleza: sus vídeos contestando a comentarios xenófobos son virales

Hanan Midan llegó a los 12 años a Barcelona y sufrió bullying en el instituto. Ahora, a los 18 y sin pretenderlo se ha vuelto "influencer"
Hanan Midan llegó a los 12 años a Barcelona y sufrió bullying en el instituto. Ahora, a los 18 y sin pretenderlo se ha vuelto "influencer"Hanan MidanLa Razón

A Hanan le hace mucha gracia lo del «Black Lives Matter». Sobre todo cuando se lo puso en su perfil de Instagram una antigua compañera de instituto que años atrás le había estado haciendo la vida imposible por ser «diferente»: simplemente una chica marroquí que acababa de llegar a España. «Era el año 2014 y venía con la idea de que la gente en Europa era más abierta de mente pero me quedé muy sorprendida al ver tanto racismo». Apenas tiene 18 años y ya lo había sufrido en su país de origen por hacer gala de la cultura «amazigh», lo sintió en sus carnes durante sus dos primeros años de instituto y, más tarde, en redes sociales. Pero Hanan Midan (Tinerhir, Marruecos, 2002) le ha dado la vuelta al discurso del odio e intolerancia de sus «haters» y sus videos de respuesta, cargados de humor, se han convertido en virales. Es, sin duda, la «influencer antirracista» del momento y ya cuenta los followers por decenas de miles. Fue hace seis años cuando se instaló junto a su familia en Sant Joan Despí (Barcelona) para «buscarse la vida», como ella misma dice. «No fue traumático pero sí es duro decir adiós a tus amigos de la infancia y empezar una vida en otro país con 12 años». Si le resultó complicado fue precisamente porque no sintió la acogida que esperaba. El bullying que sufrió por parte de sus compañeros de clase durante 2º y 3º de la ESO, le hicieron sentirse muy desplazada. «Todo eran comentarios racistas. Los tópicos de siempre: por ser musulmana ya eres una terrorista y el clásico “mora vete a tu país”, pero vamos, nada nuevo», dice ya tan acostumbrada a escucharlo que ni le afecta lo más mínimo, solo «flipa» con tanta incultura. Aquella etapa fue dura, claro, pero también pasó. La familia se mudó a Vilafranca del Penedés, Hanan cambió de instituto y en Bachillerato hizo amigos «de verdad», con los que siente que comparte su vida: sus alegrías, sus penas y, ahora, una repentina fama que llegó de la forma más tonta. Todo comenzó en Tik Tok, una red social donde se hacen bailes, «retos» o se doblan frases míticas de personajes famosos. Como cualquier joven de su edad Hanan se lo había instalado a finales de año «pero no fue hasta el confinamiento cuando empecé a hacer los “challenge” y ya me empezaba a hartar de los comentarios que me dejaba la gente solo porque ven que eres africana». Hanan hace gala de la cultura «amazigh» (conocida también como bereber aunque ellos rechazan el término) y muestra con orgullo trajes típicos o curiosidades de su país y otros lugares «vecinos» explicando las comidas típicas, costumbres, idioma... «Me decían si tanto te gusta “¿por qué no te vuelves?” o cada vez que decía algo: “Vete a llorar a tu país”. Eso me lo decía siempre el mismo y ya dije “hasta aquí”». Así se prendió la mecha que provocaría su respuesta en un video que se hizo imparable: recibió más de 145.000 «likes» y en Twitter lo han compartido casi 15.000 personas. Hanan se grabó al salir de gimnasio de hacer taekwondo, con la mochila puesta, simulando que estaba en la frontera de Marruecos y con una fila de coches cargados de bártulos simulando la operación «paso del Estrecho» de cada verano: «Hola ¿es aquí la frontera de Marruecos? Sí, es que vengo a llorar. Solo llorar y vuelvo, no tardo: cinco minutos de «chill», lloro y me piro de vuelta para Barcelona. Es que el chico me dijo “Vete a Marruecos a llorar”. Así que solo llorar y volver. Tampoco me ha dicho quédate en tu país; me ha dicho llórate allí y vuelve. Gracias, muy amable usted». En una hora ya tenía 10.000 «me gusta» y día siguiente Hanan descubrió que lo habían empezado a compartir por otras redes y se despertó con un mensaje de Radio Cataluña porque querían hablar con ella. «No me lo creía. En Twitter solo tenía un seguidor, una amiga mía, y ahora tengo más de 26.000. Solo hice ese vídeo porque ese chico me decía todos los días lo mismo y quería contestarle para hacerle saber que no me importaban sus comentarios pero no me esperaba tanto. Me acosté tan tranquila y cuando me desperté ya se había liado todo eso», dice aún incrédula por la repercusión. Hasta un fotógrafo profesional contactó con ella para hacerle unas fotos en plan «estrella de Hollywood». Pero el sarcasmo de Hanan no se agotó en un día y sus vídeos «rompe-clichés» cargados de ironía han tocado varios manidos tópicos sobre la inmigración: que si no pagan impuestos, que si ponte «el trapo» en la cabeza (respecto al hiyab) o que si el Gobierno le dará una «paguita» solo por «llevar pañuelo y tener hijos». «Llevo aquí desde 2014 y no he recibido nunca un euro gratis de España. La gente habla de su país como si fuera de su propiedad», señala. Y es que, en otro, bromea con lo de que aquí le han dado un techo: «Estoy esperando las paredes y las puertas». Lo mejor, sin duda, es verla en acción: responde a cada tópico con una bofetada de humor y frescura. De todo lo que le ha pasado en este mes escaso, lo que más le sorprendió fue un día que se sentó a comer, y se vio en la tele: «Puse Zapeando y allí estaba: ¡Me vi en la tele sin saber que iba a salir!», dice aún sin haber digerido del todo la repentina popularidad. Ella rompe los cuadriculados esquemas mentales de los más intolerantes que no salen de los clichés: no quiere llevar velo, siente la religión a su manera, ama sus raíces y quiere vivir la vida de una chica de su edad. Punto. ¿Por qué tener que aguantar lo demás? Ahora está haciendo un grado medio de pastelería pero no descarta hacer la carrera de Turismo. Desde luego facilidad para los idiomas tiene: habla inglés, francés, castellano, catalán, árabe e imagihz y lo demuestra en otro vídeo que «pica» a quienes se sienten superior a ella. El mundo es suyo.