¿Quién llora a Carmina Ordóñez?

Ni un recuerdo de sus hijos en el 16 aniversario de la muerte de la Divina

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En las redes sociales de sus tres mediáticos hijos, Fran, Cayetano y Julian Contreras Junior no hay, en el día en que los medios recuerdan la trágica muerte de una de sus reinas de corazones, Carmina Ordóñez, una sola imagen en homenaje a su madre fallecida. Algo que resulta especialmente extraño ya que, desde que tienen perfiles sociales, no suelen olvidarse el aciago día en que quedaron huérfanos de madre.

Aunque el mayor de todos, Fran Rivera, si aprovechó una preciosa imagen de su madre en el Rocío de hace años para felicitar hace unos días la onomástica a todas las Carmenes del mundo, y especialmente a su hija pequeña, el más mediático y televisivo de los hermanos, no ha publicado ninguna imagen en el día que se cumplen 16 años de su muerte.

Tampoco Cayetano, el menor de los hijos que tuvo con Paquirri y el más sensible de ellos, volcado actualmente en la dura pugna que promueve el sector taurino contra el gobierno ante la escasa ayuda del Estado al mundo taurino en la crisis provocada por la Covid-19.

Y si, Julián Contreras, no suele faltar a alguna cita televisiva para recordar la figura de su madre, parece que este año, especialmente duro para Junior a nivel económico y anímico, el pequeño de los Ordóñez no llora como antaño, al menos públicamente, la dramática pérdida de su progenitora.

La prensa sí recuerda a su reina y el misterio que rodeó su muerte

La trágica muerte de Carmina Ordóñez en la mañana de un 23 de julio de 2004, sacudió las redacciones y revolucionó las escaletas de todos los programas de televisión en lo que, hasta ese momento, se preveía como el comienzo de un soporífero verano.

El misterio que rodeó sus últimas horas, sus vaivenes vitales y la soledad en la que vivía, amenizada por las nuevas compañías que la acompañaron en su última noche, alimentaba todo tipo de especulaciones sobre las causas de su inesperado deceso: suicidio, sobredosis, muerte accidental...

Carmen sufría por la soledad y el distanciamiento con sus hijos.

Pero lo cierto es que su corazón se paró, cuando se duchaba para acudir a una reunión en Telecinco con intención de renovar su contrato como colaboradora en “A tu lado”, el programa que presentaba Enma García y en el que compartía plató con Maite Zaldívar, Raquel Bollo, Lydia Lozano o Kiko Hernández, entre otros muchos.

Aunque siempre sonreía y aseguraba estar “divinamente”, Carmina no atravesaba su mejor momento aquel verano. Sus hijos y amigos más cercanos le habían dado la espalda, tras su último quiebro al tratamiento de desintoxicación que seguía en Barcelona para superar su adicción a los somníferos y otras drogas.

Aunque parecía haber superado su etapa más sombría, y había recibido el alta médica un mes antes de su muerte, su incorregible inconsciencia, sus ganas de beberse la vida, la llevaban una y otra vez a subirse a la noria con la que trataba de escapar de los bajones anímicos que la atormentaban y de los que nunca habló: su distanciamiento de su hijo Fran, su tormentosa ruptura con Paco Pablo Peralta, su complicada relación con su hermana Belén, la presión económica a la que le sometía el padre de su hijo menor, Julián Contreras, y la decadencia de su imagen tras el fin de su matrimonio con Ernesto Neyra.

Carmen Ordóñez con sus tres hijos y Julián Contreras, cuando formaban una familia feliz.
Carmen Ordóñez con sus tres hijos y Julián Contreras, cuando formaban una familia feliz.

Apenas quince días antes de su muerte, una fuerte discusión con su hijo Julián en la vivienda que compartían en la calle Esteban Palacios de Madrid, rompió el único nexo que mantenía con sus vástagos. Con el mayor y su ojito derecho, Francisco, hacía un año que no mantenía contacto y tan sólo, Cayetano, acudía de vez en cuando a verla con su novia, Eva González. “Junior”, así llamaba Carmina a su hijo pequeño, hizo una pequeña maleta y cruzó la calle para trasladarse al apartamento de dos habitaciones en el que vivía su padre y que, como casi todos sus gastos, también sufragaba la Ordóñez.

Días después y en una estrategia encaminada a que Carmina recapacitara y recuperara la senda de su vida, rompía con ella su relación profesional de décadas su representante, Álvaro García Pelayo. Aún así, le dejó preparado la renovación de su contrato televisivo. Carmina confió entonces en la agencia de prensa del veterano periodista marbellí Jose Luis Otero, y se apoyó en Eva Carreño, para que la acompañara, buscara sus estilismos y se ocupara de cualquier asunto relativo a sus intervenciones televisivas. Con ella y un fotógrafo, estuvo unos días antes de su muerte en su adorada Tánger, dónde sufrió el primer aviso de su corazón: un pequeño ataque que no requirió hospitalización y tras el que el médico que le atendió, un cardiólogo marroquí, le recomendó reposo y no volar a Madrid.

Las noches se hacían cada día más difíciles ya que a Carmen, adicta a los somníferos, le aterrorizaba la soledad. Quizás por eso, aquella noche invitó a tomar unas copas a unos conocidos flamencos, amigos suyos, que habían actuado esa misma noche en Madrid. Llegaron de madrugada, sobre las dos de la mañana, después de que Carmen llamara desesperadamente a Eva Carreño para que fuera a dormir a su casa ya que, al día siguiente, tenían previsto ir juntas a la reunión en Telecinco. Eva dijo no, no sólo porque no le gustaba la presencia de una de las personas que acompañaban a Carmen aquella noche, sino porque también tenías sus planes y prefería dormir en su domicilio en Getafe, a unos veinte kilómetros de Madrid.

Eva llegó a las diez y media de la mañana y se encontró la sobrecogedora escena: Carmina, yacía desnuda en la bañera, con el agua aún corriendo y un hilo de sangre en la nariz. Luisa, en la cocina, limpiando los platos de una cena que nadie comió y el ruido de la caldera, funcionando a todo gas y que, sorprendentemente, no hizo sospechar a la empleada de hogar de que su señora estaba muerta. Eva, sí sabía quién había estado esa noche y sin embargo, a excepción de su declaración en sede policial, calló durante años hasta que, un cheque de “Dónde estás corazón”, rompió su silencio.

¿A quién protegieron todos?, ¿Porqué hubo tan sonadas ausencias gitanas en su cremación y despedida?