La tortícolis de Torra y el cabello asiático de la Preysler

Isabel Preysler, durante la IX edición de los Premios Vogue Joyas 2013.
Isabel Preysler, durante la IX edición de los Premios Vogue Joyas 2013.

Quim Torra, esa cosa inexplicable aterrizada ahí, dice que estudia presentar denuncia contra Juan Carlos I porque no puede mirar para otro lado ante la corrupción. Está escarmentado: durante mucho ha sufrido una fortísima tortícolis por mirar para otro lado en el caso de la banda de los Pujol. Lo hizo como los tres monitos: ciego, mudo y sordo. España está llena de gente que lleva tantos años mirando para otro lado que nuestro hoy no quedará reflejado en el Prado como el pasado quedó en «Las Meninas» o «Los fusilamientos», sino en uno de esos frescos egipcios en los que los dioses y los faraones aparecen de perfil, siempre de perfil, como si mirar de frente estuviera castigado con las siete plagas y entierro sin pirámide.

Hasta Susana Díaz, que no vio un ERE ni la pasta pública que se iba en coca, langostinos y puticlubs, exige ahora respuestas ejemplarizantes del Rey contra su padre. La mierda ajena obra el prodigio de no vernos reflejados en el espejo, como los vampiros. O de vernos como Jon Kortajarena. Hay que ver lo limpitos que quedamos con el Ariel de la indignación, esa indignación estilo Pablo Iglesias: levanta tantas cortinas de humo que pasaremos de la mascarilla a la careta antigás.

Isabel Preysler solo se pone de perfil cuando le preguntan por sus fabulosas habilidades sexuales, o sea, el carrete y tal. No las revelará nunca. Alcanzada la vejez y la calvicie sin remedio ni peluquín, uno deja de preocuparse del pelo como de las erecciones y los efectos de los rayos gamma sobre las margaritas, pero siempre me ha sorprendido, entre otras cosas que adornan su mito, el pelazo de la Preysler a sus 69 años, circunstancia que Vargas Llosa debería celebrar haciendo honor al sensual guarismo. El pelo, dicen los expertos, delata la edad: pierde brillo, consistencia y volumen. No sucede tal cosa con ella, la ex de tantos.

Está igual que cuando acompañaba en las giras a Julio Iglesias y repartía bocadillos en el microbús. Un especialista, Eduardo Sánchez, revela el secreto de su melena: el milagro está en su genética, tiene el pelo asiático, «que por naturaleza es grueso y fuerte, un cabello con cuerpo y volumen sin necesidad de hacer nada». Un punto filipino.