Matamoros y su dramática lucha contra lo inevitable

“Para él pasar por un quirófano es como cambiarse de ropa interior” dice su novia sobre su desmedida afición a las operaciones estéticas.

Hacer un recuento de las operaciones y tratamientos estéticos del polémico colaborador de Sálvame es casi misión imposible. Obsesionado por ganar la batalla al tiempo y retrasar la inevitable decrepitud física, Kiko Matamoros ha transformado en los últimos años su rostro hasta estar casi irreconocible.

A sus 63 años, su aparente lozanía física, conseguida con esfuerzo en su gimnasio particular y potenciada con los avances de la medicina estética, no deja de ser un espejismo. Su lista de retoques, sin duda, es extensa, pero su cuerpo avisa: la edad no se opera y el tiempo no se detiene.

La metamorfosis de Kiko Matamoros

Kiko Matamoros se animó a pasar por primera vez por chapa y pintura en el año 2011. Acompañado por las cámaras de “Sálvame” acudió a la Clínica Bruselas para someterse a su primera operación estética. Según explico en directo en el programa quería abrocharse “un poquito las orejas y los párpados”. Al colaborador le acomplejaba sus orejas despegadas, “de soplillo”, y aprovechó para rejuvenecer la mirada con una blefaroplastia, que consiste en cortar el párpado superior con el fin de levantarlo y operarse el inferior para eliminar sus sempiternas ojeras, muestra de su afición por la vida nocturna.

Cuatro años después, en 2015, se haría un lifting facial, que rentabilizaría con una entrevista exclusiva en Sábado Deluxe. Tras estirarse el rostro, volvió a pasar por quirófano para hacerse un injerto capilar. Después de pasar cuatro horas en el quirófano desveló que no tenía intención de acabar con su calvicie, una de sus señas de identidad, sino realizarse“un implante capilar en las cejas”, porque las tenía “poco pobladas” y que se había puesto quinientos pelos.

Del rostro ya sólo le quedaba sin retocar su prominente nariz, que conseguiría afilar y poner más recta con una rinoplastia. Tras estas intervenciones y las múltiples inyecciones de bótox para eliminar arrugas y ácido hialurónico para rellenar surcos y hacer más carnosos sus labios, nada queda de aquel Matamoros que conocimos a la sombra de famosas como Carmen Ordóñez y Mar Flores y de su propio hermano gemelo, Coto Matamoros, entonces una estrella en Telecinco gracias a su participación en las “Crónicas Marcianas” de Javier Sardá.

Rejuvenecido gracias a liftings, bótox, ácido hialurónico y ...el amor de una veinteañera.

El representante que cambió los despachos por los platós de televisión, ha rejuvenecido no sólo por el buen hacer de los cirujanos, también gracias al amor que siente por la bellísima modelo Marta López, 40 años menor que él.

Pero, sus años de excesos y un trepidante ritmo de trabajo desde hace más de una década, han pasado factura a su estado de salud general. La lista de graves afecciones que padece el colaborador es casi tan extensa como las veces que ha intentado frenar su decrepitud con el bisturí.

El glaucoma en el ojo derecho que le diagnosticaron hace casi una década y que el colaborador confesó padecer en Sálvame, ya le impide la visión total desde hace bastante tiempo, motivo por el cual el colaborador ya no puede conducir y tiene contratado los servicios de un chófer.

Era el propio colaborador quién, en marzo de 2019, confesaba en Sálvame que “hace nueve años y pico me diagnosticaron el glaucoma. Tenía entonces cuarenta y tantos por cierto de visión en el ojo derecho y un poquito mermada la del ojo izquierdo. Hoy ya no tengo visión en el ojo derecho. En el otro tengo la suficiente... Voy perdiendo visión pero espero que la cosa tarde”.

Matamoros podría quedarse totalmente ciego pero eso no le impidió seguir haciendo su vida. Así, reconoció que la degeneración del glaucoma ocular que sufre hubiera sido mejor si hubiera seguido las pautas que le dieron los médicos: “Es cierto que los médicos me dieron una serie de recomendaciones que no he cumplido porque prefiero vivir a mi manera... la calidad de vida es según se mire. Prefiero mi calidad de vida que lo que otros entienden por ello”.

El año pasado, Kiko Matamoros preocupó a sus seguidores anunciando en exclusiva, en una revista, que padecía un tumor en la vejiga. Estaba localizado y no era maligno, cómo demostró la biopsia, pero el hallazgo indicaba que su estado de salud empezaba a ser preocupante. Desde entonces, no ha dejado de visitar clínicas y quirófanos para tratarse graves afecciones.

La penúltima: una operación de vesícula que le obligará a mantener una dieta equilibrada y no beber alcohol si quiere superar esta dolencia. Hace unos días, tras recibir el alta, el colaborador volvía a ser ingresado de urgencia por pancreatitis en el Hospital Nuestra Señora del Rosario, a pocos metros de su casa al sufrir graves dolores. Y allí sigue postrado al serle detectado una rara infección que le ha impedido recibir el alta hospitalaria.