Irene de Grecia, el gran apoyo de la Reina Emérita

Vino para estar en Madrid cinco días y se quedó para siempre. Sabía que su lugar era estar al lado de su hermana

LA REINA DE ESPAÑA SOFIA DE GRECIA CON SU HERMANA LA PRINCESA IRENE DE GRECIA PASEANDO POR LAS CALLES DE PALMA.
LA REINA DE ESPAÑA SOFIA DE GRECIA CON SU HERMANA LA PRINCESA IRENE DE GRECIA PASEANDO POR LAS CALLES DE PALMA.UMP AgenciaGTRES

Las dos viven desde Palma de Mallorca el adiós del rey don Juan Carlos, que busca fuera de España el inicio de su nueva vida alejado del foco mediático. Pero el padre de Felipe VI deja aquí a su esposa, Sofía (81 años), que no le acompaña en esta nueva etapa y a su cuñada Irene (78), hermana, amiga, confidente y, seguramente en alguna ocasión, el “paño de lágrimas” de Doña Sofía. Es cierto que ésta es una mujer con una fortaleza increíble, que aguantó lo indecible, con su aparente serenidad inquebrantable, las presuntas infidelidades de su esposo, pero una fuente extraoficial de La Zarzuela, desvela a LA RAZÓN que «sin el apoyo y el consuelo de la princesa Irene, los acontecimientos habrían hundido a su hermana. Poca gente sabe lo mucho que ha sufrido Doña Sofía. Yo misma me la encontré una vez por los pasillos de Zarzuela y en su rostro se notaba que había llorado. Fue el día que salió a la luz que su marido tenía en Corinna a una amiga especial. La Reina era conocedora de las «escapadas» del Rey, pero la relación con la alemana fue el desencadenante de un dolor profundo que le debió marcar para siempre. Aquel día, Irene intentaba consolarla como podía. Recuerdo que las dos pasearon por el jardín del palacio y que la princesa abrazaba a la Reina con mimo, demostrándole el enorme cariño que las une. Estamos ante dos personas sencillas, muy humanas y extraordinarias». Irene siempre ha estado ahí, para lo bueno y lo malo, en las alegrías y las tristezas. Hace 35 años decidió venirse a vivir a Madrid con su hermana mayor, y, desde entonces, reside en Zarzuela, aunque suele viajar de vez en cuando a Grecia e Inglaterra para visitar a su hermano Constantino y a sus sobrinos. Y al igual que hiciera su madre, la Reina Federica, ha encontrado en la India la espiritualidad y la serenidad que le caracterizan.

Generosa

Es una excelente pianista, alumna de la griega Gina Bachaeure, que llegó a dar conciertos en todo el mundo, y una persona muy solidaria, colaboradora de distintas oenegés y fundadora de «Mundo en armonía», a la que donó la herencia que le dejaron sus padres y los 900.000 euros que le entregó el Estado griego en 2002 por los bienes confiscados a su familia.

Budista, practicante de yoga y vegana, comparte con Doña Sofía la afición por la Arqueología y, de hecho, las dos ayudaron en las excavaciones en una zona cercana a Atenas. Y escribieron conjuntamente los libros «Cerámicas en Decelia» y «Miscelánea arqueológica», como recopilatorio de sus descubrimientos.

En su biografía oficial, «Irene de Grecia: la princesa rebelde», escrita por la periodista Eva Celada, descubrimos también su pasión por el universo extraterrestre, los ovnis, el ocultismo y la parapsicología. Su biblioteca personal guarda muchos libros sobre estos temas que, igualmente, interesan a su real hermana. Sus sobrinos, el Rey y las infantas Elena y Cristina, se dirigen a ella con el nombre de tía Pecu, porque la consideran muy peculiar, y todos la adoran, no solo por su forma de ser, cariñosa y sensible, sino también porque saben el cariño y la inigualable compañía que le hace a la Emérita.

De su tía ha heredado Victoria Federica, su sobrina nieta, la habilidad para tocar el piano. Hace años ambas ofrecían pequeños conciertos a cuatro manos en las fiestas familiares.

Discreta y buena. Así califican a Irene los que mejor la conocen. Y humilde, muy humilde incluso en el vestir. Le gustan las prendas sencillas, camisas holgadas, vaqueros, saris, echarpes, y no suele ponerse joyas caras, aunque tiene las heredadas de su madre. Zapatos planos y total rechazo a las pieles. En una ocasión, delante de varios periodistas, confesó que «ser de la realeza no significa ser más alto o más bajo que nadie. Es una profesión, como la de músico o médico, yo soy princesa, sí, pero eso no me impide limpiar baños».

Estos días, las dos hermanas permanecen unidas de vacaciones en el mallorquín Palacio de Marivent, desde donde regresarán a su residencia de La Zarzuela y seguirán, la primera, con sus labores institucionales, y ambas colaborando con diversos proyectos solidarios.

En griego, Sofía significa sabiduría, e Irene, paz. Y las dos palabras identifican claramente a las hermanas. Cultas, sabias y amantes de la paz por encima de todo.

Fue el maestro Mahadevan, impulsor de la filosofía vedanta, quien inculcó en la princesa la idea de que la liberación espiritual no se alcanza mediante una acción, sino a través del intelecto y las conexiones con el universo. La hermana menor de doña Sofía le recordaba a la periodista Pilar Urbano que «vine a Madrid para pasar cinco días y me quedé cinco años. Y según pasaba el tiempo entendí que mi lugar estaba al lado de Sofía». No fue hasta el 18 de marzo de 2018 cuando le concedieron la ciudadanía española. Su biógrafa, Eva Celada se refiere a la princesa como «una persona muy cercana, cálida, impaciente y con mucho sentido del humor».