Clemmie Hambro, una dama de honor en “la isla de las orgías”

Era una niña en la boda de Diana de Gales. Años después ha confesado que hasta en dos ocasiones fue a la mansión donde se cometieron los abusos

La dama de honor en la boda de Lady Di, Clemmie Hambro, ha confesado que estuvo en 1999 en una de las islas propiedad del multimillonario Jeffrey Epstein. También voló en el legendario Lolita Express, uno de los aviones privados de los que disponía el delincuente y agresor sexual, confeso y condenado en 2008. Epstein fue detenido de nuevo en 2019 y acabó suicidándose a los pocos días en una celda de Manhattan. De 44 años y madre de cuatro hijos, Hambro es bisnieta del ex primer ministro del Reino Unido Winston Churchill. En 1999 la mujer, que entonces tenía 23 años, trabajaba en Christie’s. Las revelaciones de su relación con el hombre que incluso ha propiciado una serie documental de Netflix, protagonista de un escándalo sexual que amenaza con salpicar a muchos ricos y famosos, han llegado después de que trascendiera que el nombre de Clemmie Hambro figuraba en los papeles encontrados en los registros efectuados por el FBI. La mujer se ha declarado eufórica por haber sobrevivido a tan peligrosas compañías, ha negado que en aquel momento viera o supiera de ningún comportamiento delictivo y, ni que decir tiene, ha declarado su profunda solidaridad con las víctimas de los supuestos abusos.

Según el daily News, que destapó la noticia, Hambro está «completamente horrorizada», su «corazón roto por todos los supervivientes» y que espera y desea que «obtengan la justicia que tanto se merecen». Lo cierto es que cuando Hambro trató con Epstein éste todavía no había sido procesado por la fiscalía en Florida, cuando el entonces fiscal, Alex Costa, posteriormente secretario de Comercio con Donald Trump, acabó por ofrecerle una condena de apenas 13 meses y registrarse en los archivos de delincuentes sexuales, así como indemnizar a sus víctimas, a cambio de poder ausentarse de la cárcel hasta seis días a la semana. De 1999 datan, por cierto, algunas de las acusaciones más contundentes formuladas contra Epstein. Sin ir más lejos la pasada semana trascendió que una de las presuntas víctimas había comentado al juez que en aquellos días Epstein le pidió que mantuviera relaciones con el Príncipe Andrés, que hiciera todo lo que éste le pidiera y que lo mantuviera al tanto de sus actividades, posiblemente con vistas a protegerse de futuras acusaciones mediante el chantaje.

Según el Daily News los investigadores del FBI habrían encontrado vídeos de abusos sexuales y fotografías de menores desnudas cuando peinaron las mansiones de Epstein. La chica que declaró ante el juez, tenía entonces 15 años y asegura que fue objeto de abusos 3 años, entre 1999 y 2002. Y 1999, en fin, es el año en el que la bisnieta de Churchill frecuento los ranchos y palacetes de Epstein en Nuevo México y en la isla de St. James. Los periódicos británicos hace días que hablan de «numerosos políticos estadounidenses prominentes, poderosos ejecutivos de negocios, presidentes extranjeros, un conocido primer ministro y otros líderes mundiales» que podrían acabar salpicados. Y muchos en la prensa malician que la fiscalía estaría ofreciendo acuerdos de inmunidad a posibles sospechosos a cambio de que colaboren. A fin de cuentas se trata de la fórmula con la que históricamente la fiscalía y los agentes federales han lidiado con las organizaciones mafiosas, descabezadas a cambio de ofrendar beneficios y hasta la libertad por información comprometedora contra sus superiores. En el caso de Epstein está en juego, por ejemplo, el futuro de la rica heredera Ghislaine Maxwell, ex pareja del financiero y acusada de haber actuado como presunta madame, así como de haber participado ella misma en las agresiones sexuales sistemáticas contra las menores captadas por la red criminal. De ser declarada culpable se habla de una posible condena de 40 años de cárcel. Y están los muchos y distinguidos nombres de personajes que en uno u otro momento han salido a relucir en los papeles, incluidos ex presidentes y miembros de la realeza, distinguidos científicos y celebérrimos personajes de la farándula.

Viaje de trabajo

Sin contar la batalla por la cuantiosa fortuna de Epstein, que podría acabar troceada en inmediaciones en una serie de indemnizaciones multimillonarias. Hambro, por si acaso, declara que «El primer vuelo fue un viaje de trabajo con colegas femeninas para ver la nueva casa de Epstein en Santa Fe para discutir qué arte iba a comprar. El segundo viaje, a Little St James, fue una invitación personal, que pensé que sería divertido aceptar, pero no conocía a nadie allí, realmente no disfruté y nunca volví. Mi corazón se rompe por todos los sobrevivientes, ahora sé lo que pasó en esa isla». «Era joven e ingenua», añade, «y no podía concebir lo que pasó».