Salvador Illa y el cardenal Omella: ¿Conversación sobre el infierno?

Comparecencia de Salvador Illa para informar de nuevas medidas frente al Covid-19
El ministro de Sanidad, Salvador Illa, agua durante su comparecencia donde ha informado de que tras un acuerdo con las comunidades autónomas "por unanimidad" se prohíbe fumar en la vía pública o al aire libre (tanto cigarrillos como cualquier otro dispositivo de inhalación de tabaco) si no se pueden guardar dos metros de distancia de seguridad. Asimismo, también se ha fijado el cierre de todas las discotecas, salas de baile y bares de copas con y sin actuaciones en directo. En Madrid, (España), a 14 de agosto de 2020. 14 AGOSTO 2020;SALVADOR ILLA;DISCOTECAS;RESTRICCIONES;TABACO Jesús Hellín / Europa Press 14/08/2020Jesús Hellín Europa Press

Pablo Iglesias está bajo los focos, en el centro de la pista, como Travolta en «Fiebre del sábado noche». Foco Dina y foco caja B. Las cajas B vuelven a la política nacional como el Gordo y el turrón regresan a casa por Navidad. Podemos pide otra vez una ley para controlar al Rey, jo, que parece que estamos jugando al escondite con el Emérito y eso no puede ser. Habrá que ponerle un GPS, como dice Marhuenda.

Es la política de pupitre de secundaria que se gastan por aquí: así un día asaltan los cielos y otro acaban en la tomatina de la financiación irregular, como un PP o un PSOE cualquiera. Aquello que dijo irónicamente Kissinger: «El noventa por ciento de los políticos da mala reputación al otro diez por ciento». Pero no debe de ser cierto el rumor de que cada vez que mienten pagan a Pedro Sánchez derechos de autor. Con los focos iluminándole en el centro de la pista, no se sabe si el vicepresidente segundo se mostrará a su gente como un Cristo entre dos buenos ladrones o como un buen ladrón entre dos Cristos, aunque la estrategia se repite: la culpa es ajena, está en las cloacas, la Prensa canallesca y el Ibex. La conspiración judeomasónica. Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía.

Salvador Illa fue a descansar su incompetencia (las competencias las tienen las comunidades) a Cretas, un pueblo de Teruel, y allí coincidió con el cardenal Omella, oriundo de esa localidad aragonesa. Monseñor acaba de confesar que el demonio y el infierno existen. El demonio es el que divide y rompe, dice como si pensara en Puigdemont y Torra. Y sobre el infierno añade que si no existiera, no habría verdadera libertad. Estoy con Woody Allen: «No creo en el Más Allá, pero por si acaso llevaré una muda limpia».

Yo le hubiera preguntado a monseñor Omella si es verdad que en el cielo ya están empezando a exigir mascarilla. El caso es que el ministro y el cardenal se vieron y quizá llegaron a la conclusión de que, ahora, el infierno está aquí. En tiempos de incertidumbre, solo parece claro que el presi del país que logre la vacuna más efectiva tendrá asegurada la reelección, o sea, el cielo con caja B indetectable.