Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez son la pareja veraniega

Jorge Javier Vazquez y Belen EstebanLa RazónLa Razón

Por encima de lo que inquieta más que preocupa de Corinna. Representa el gran tema estival, ya ven a dónde hemos caído. La oportunista pero nunca demostrada princesa alemana. Preocupa más y mucho el notable e inesperado bajón turístico. Acabo de comprobarlo con más tristeza que sorpresa estos días por Murcia y Valencia. Sus playas están semivacías de turistas. Hoy aparecen desiertos los antaño atestados arenales. Apenas aprendemos y nos pierde la costumbre, algo que también sucede en la Costa del Sol y ocurre –¡ay!– en la isla balear antaño temporal, oportunista, negociadora y repetitiva Corte estival donde Don Juan Carlos suponía obsesivo objetivo. Nos daban el verano en curiosidad compartida por la Marbella de Gil y Gil, entonces tan denostada y hoy añorada.

No volverán aquellos tediosos y sofocantes veraneos palmesanos donde interesaba desde la compra de unos zapatos –mallorquines, claro, nunca italianos– o beber una horchata. Todo era noticiable. Engrandecíamos lo habitual y rutinario. Por eso Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez actualmente ocupan –y así nos va– lo que antaño protagonizaron por ejemplo Gunillla Von Bismark, Pitita Ridruejo o Carmen Ordóñez. Para los amigos nunca fue Carmina que a ella le repateaba tal familiaridad. En el fondo era muy clasista y mantenía las distancias sociales como ahora pasmándonos hace Letizia. Aunque Carmen a veces lo arrinconaba ante el pago de su presencia. Los actuales Reyes en nada se parecen a Juan Carlos y Sofi, como desde su ministerio de Cultura así la llamaba irrespetuosamente Javier Solana. Contarlo me costó un despido, bien lo sabe Antonio Herrero entonces líder de la radio mañanera.

Elegancia con tanta esencia y bellezón. Fue de las más hermosas y desorientadas de España. También de las más descentradas. Dejaba a un lado ese «apartheid» momentáneo. Sabía comportarse. Era un precio, un cobro y un pago, que nunca reconocían ni admitían. Hacerlo sería rebajarse. Carmen que no Carmina, sonreía ladinamente cuando se lo recordábamos. Pero no desmentían el legítimo trinque. Estaban en su derecho, pero optaban por mantener el tipo y solía colar. Son recuerdos y símbolos de una época próspera, despreocupada, rica y eufórica. Por eso Belén es imagen en carne viva y refrescante. La nostalgia no es un error y siempre lo mantenía y defendía José Luis de Villalonga. Estoy con él.