Doña Sofía y Paloma Cuevas: el verano que cambió sus vidas

La salida del rey Juan Carlos de España y el noviazgo de Ponce con Ana Soria han marcado las vacaciones de estas dos mujeres que tienen algo en común: la discreción

La salida de España de Don Juan Carlos con sus consecuencias colaterales ha sido uno de los temas recurrentes en las reuniones veraniegas. Tanto en el aspecto político como en el más frívolo, y es en este sentido en el que hoy lo analizamos. No tanto personalizado en Don Juan Carlos como en Doña Sofía, que, en tiempos convulsos, sigue manteniendo una excelente imagen.

La hemos visto hace unos días participando en la suelta en alta mar de la tortuga Hipatia acompañada de sus incondicionales y la princesa Irene, su prima, que quisieron compartir con ella esta acción solidaria a bordo del Falcao, el barco del armador Carlos Samblas, muy involucrado en causas medioambientales y colaborador habitual de Palma Aquarium. En realidad, esta actividad no es nueva en la vida de la Reina. Cuando sus nietos eran pequeños, una de las excursiones fijas era allí donde los pequeños Marichalar y Urdangarín participaban en la suelta de estos reptiles que habían sido recuperados tras superar enfermedades y accidentes producidos por las embarcaciones de recreo. De estos veranos familiares ya no queda nada salvo la relación inquebrantable con su hermana y la prima Tatiana con las que ha salido en dos ocasiones del palacio de Marivent para pasear y comprar en la zona comercial de Palma.

La soledad familiar de Doña Sofía ha sido total y la ausencia de los nietos, notable. Con la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía tampoco ha habido este año documento gráfico, aunque se entiende que de puertas adentro la abuela y las nietas tuvieran contacto. Además, el inicio del verano de la Reina estuvo marcado por las declaraciones de Corina Larssen.Y salvando las preceptivas distancias, para Paloma Cuevas también han resultado dos meses convulsos desde que aparecieron las primeras imágenes de Enrique Ponce con Ana Soria. La portada de «Diez Minutos» donde aparecía el torero subido a un cocodrilo hinchable con la joven de 21 años se convirtió en tema recurrente en los medios y en las reuniones privadas. Paloma y Enrique llevaban 24 años casados y tres de novios, y representaban el equilibrio conyugal y familiar. Nunca habían dado que hablar y el matrimonio, junto a las hijas y los padres de Paloma, habían pasado el estado de alarma juntos en la finca La Cetrina.

La exposición pública del torero con vídeos y fotos acompañadas de mensajes de amor y participando en las salidas nocturnas con la pandilla de «arrebataos» de Ana, formaban parte de los capítulos de la vida nueva de Ponce, que aún seguía casado con su mujer. Y, como sucede en todas las separaciones, mientras el torero disfrutaba de su enamoramiento, Paloma llevaba esa exposición pública del padre de sus hijas encerrada en su finca. Tan solo ha salido unos días a Sotogrande con sus amigos Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas. Preferió la invisibilidad, un perfil muy bajo que quiere seguir manteniendo a pesar de la tristeza que ha supuesto su ruptura. Un existencia discreta que ha sido la tónica de su vida. El divorcio ha sido de mutuo acuerdo y ahora solo tiene que esperar a ratificar en el juzgado el documento. Ya no hay vuelta atrás porque Ponce quiere casarse lo antes posible. Ana Soria es la que por ahora marca los tiempos.