Los claroscuros de Camilo Sesto que no saldrán en “Hormigas Blancas”

Si algunos olvidaran el secretismo y hablaran, descubriríamos los demonios internos de un hombre que en los últimos años de su vida convirtió su chalet en un búnker

Los claroscuros de Camilo Sesto no tienen cabida en “Hormigas Blancas”, un programa tan “blanco” como su título indica. Y los que conocimos al cantante de Alcoy sabemos que imponía el silencio a los suyos sobre determinados aspectos de su vida.

Si algunos olvidaran el secretismo y hablaran, descubriríamos los demonios internos de un hombre que en los últimos años de su vida convirtió su chalet de Torrelodones en un búnker abierto tan sólo para unos pocos. Los elegidos, los que le animaban en los momentos bajos, y los “palmeros” ansiosos de aprovecharse de su dinero. Si cuando estaba en lo más alto de su éxito todos bailaban al son que él tocaba, después se convirtió en un individuo dominado por su entorno, con escasa fuerza de voluntad y menos esfuerzos para imponer sus criterios.

Tampoco saldrán a la luz los enfados de su madre, a la que adoraba, cuando presenciaba ciertas actitudes de su hijo que no le gustaban, ni se desvelarán los nombres de amantes que, de desvelarse su identidad, se montaría un gran escándalo.

O el maltrato psicológico al que se vio sometida Lourdes Ornelas en el tiempo en el que vivió en el chalet del padre de su hijo Camilin. Y hablo de cierto familiar y de una persona del equipo de Camilo. Fue tanta la presión que Ornelas decidió dejar Madrid y regresar a México. Esta es parte de la otra historia personal de un Camilo Sesto al que todos conocimos más por sus canciones que por sus actuaciones personales. Ni era oro todo lo que relucía ni su vida un Camilo de rosas.