Aunque Susi Caramelo nos haga un calvo, nunca será Carmen Calvo

Tiene un programa en Movistar que se llama como ella, Caramelo. No lo he visto, no sé si va de chupa-chups o de bollería fina. El caso es que Susi Caramelo, influencer con casi 400.000 seguidores en Instagram, alborotó al personal y llegó a la fama mostrando sus tetas en la televisión, y ahora comenta que ella el desnudo lo tiene muy naturalizado. Como las vacas, le grito al televisor.

Me asombra que el desnudo (de tetas o de lo que sea) aún sirva para alcanzar notoriedad o escandalizar, sobre todo después de que el Papa Francisco haya dicho que el sexo no es pecado y que el placer viene de Dios, lo que le quita mucho morbo a la cosa y nos lleva a imaginar compungido al beaterío en general y a los confesores muy contentos por el alivio en la carga de trabajo.

Querubines y serafines ya tienen sitio en «La isla de las tentaciones». Dice la Caramelo, dulzura de mujer, que si un día se le va la olla «lo mismo os hago un calvo». Pero por mucho que afine, nunca será un Carmen Calvo. Para eso se debe tener un trasero rockero, heavy metal, feminista radical («hay que acabar con el amor romántico: es machismo encubierto», dijo) y muy firme: es de Cabra, y ya se sabe que la cabra tira al monte y triscar por él es un magnífico ejercicio para los glúteos. Hace poco declaró algo que ahora podría resucitar Díaz Ayuso: «Un país no puede estar en continuo confinamiento». La presi de Madrid no hace calvos y se limita a manifestar que «mis medidas son adecuadas». Corre el riesgo de que Iglesias, tan puesto en modelos y modas, le responda que si son 90-60-90 o qué.