Laura Borrás, los excesos estilísticos de la «hereu» de Puigdemont

Es muy de patrón de señora con cardado extra y cintura mini, a lo Michelle Obama, pero llevado al extremo

Qué daño ha hecho Carrie Bradshaw a la sociedad... Casi tanto como el mueble escandinavo o las tenacillas para el pelo. Porque los originales son eso: originales. Sarah Jessica Parker, Jacobsen, las GHD... Pero ¿las imitaciones? «No way». Lo digo en inglés porque ella es más americana que catalana –después explico–. El pasado miércoles fue una excepción que confirma la regla. De negro. Luto riguroso. Se acababa de dictaminar la muerte –política, política– de Quim Torra y Laura, porque hablamos de Laura Borrás, la portavoz de su partido, Junts per Cat, en el Congreso de las Españas, tenía que guardarle un respeto con el color de las exequias. Pero eso sí, con esos pequeños detalles sin importancia que, en realidad, marcan la diferencia. Su diferencia. Y, especialmente, su feminidad. Como ese generoso escote. Porque ella es muy de generoso escote. Redondo, muy redondo. Y en él, sobre el Bósforo de Almasy –el hueco del cuello, según «El Paciente Inglés»–, una cadenita dorada que rezaba: Laura. Sí. Si han visto «Sexo en Nueva York», saben a lo que me refiero. Si han ido a la Verbena de la Paloma y se han parado en un puesto de abalorios, también. Y dirán ¿pero esto del colgante es bueno o malo? Mmm… No lo sé. Es. Mola que una política haya visto la serie. Pero que se haya quedado con el único «must demodé», no tanto. Y para terminar, en su solapa, una mariposa amarilla. Exacto. Ella no lleva lazo amarillo. Ella, mariposa… Quizá porque no hay nada más onírico que esos élitros multicolor cuando el sueño de Borrás pueda cumplirse: ocupar el puesto del finado –político, político– en el sillón de la Generalitat.

A «yellow butterfly», que diría Michelle Obama, ¿verdad, Laura? Porque Laura a Michelle se la sabe de memoria. Porque en la tele, a Borrás la vimos de negro, sí, pero a las puertas del Congreso, esta doctora en Filología Románica se cubría con un «trench» en azul añil. Este difícil y elegante mix eran santo y seña de la exprimera dama. Como los vestidos camiseros sin mangas; las líneas rectas, casi rígidas; las faldas de tablones; los vestidos entallados con vuelo a media rodilla… Ese patrón tan de señora de cardado extra y cintura mini de Park Avenue que se inventó Claire McCardell y que Michelle, pese a su complexión, adaptó añadiéndole el «color block». ¿Cómo se saben ustedes la tabla de multiplicar del 5? Laura Borrás, este trabalenguas, mejor.

Demasiado incluso. Que es lo que pasa con las imitaciones, que se llevan al extremo hasta construir un estilo nuevo, véase el barroco que demudó en rococó. La catalana ha superado a su modelo. Ella lleva más el negro y el azul –no te repitas taaaanto– que Michelle; ella es más «color block» que Michelle. Y ella es más femenina, más voluptuosa y más sin complejos que Michelle. Es una señora estupenda que taconea diciendo aquello de Melanie Griffith en «Celebrity»: «Tengo una mente para los negocios y un cuerpo para el pecado».

Y lo viste hasta el más mínimo detalle. Con obsesión de gitana combinadora: ¿se acuerdan de aquel mítico «Callejeros»? Tenía a los niños y al marido vestidos a juego con el bote de Garnier Fructis. No es necesario, Laura. El bolso y el zapato ¡no tienen que ir a juego! Y los pendientes y el collar, «darling», tampoco. Córtate que, luego, te pasa lo que te pasa: llegas a tu nombramiento con un vestido de guipur de Carolina Herrera en amarillo con lazo y parece que vas disfrazada. Más es más siempre, pero ten cuidado, chiqui.Y con el amarillo también. Aquí es donde queríamos llegar. Nadie en política lleva tanto un color en cuerpo y espíritu. Del crema, al limón, pasando por el pollo, hasta llegar al plátano y el yema. El amarillo identifica, te da el carácter, la personalidad y hasta la vida, pero que no te devore. Si lo consigues, el partido –y Cataluña– serán tuyos. Del flequillo, eso sí, tenemos que hablar. ¿Con una paella en el Xiringuito Escriba, te parece?