El divorcio de Pedro y Pablo Casado también inquieta mucho en la UE

La UE, tan atenta a los vaivenes afectivos de nuestros políticos, de un momento a otro también mostrará inquietud por la relación entre Díaz Ayuso y su vice Aguado, siempre dispuesto a aguar la buena disposición de Isabel a hacer manitas. Ya están en trance de divorcio, y no sé si tienen en cuenta (ellos y todos los demás en esa circunstancia) qué va a ser de los madrileños, sus niños. Ya advirtió la UE su preocupación, como decía ayer, por la situación de Él y la Fiscal General. También debería echarle un ojo a la del presi con el Rey, aunque a última hora Sánchez le haya invitado a viajar con él a Barcelona. No sé yo si esta crisis se puede cerrar con un viaje a Cataluña; me imagino que Felipe VI estará molesto porque en estos casos generalmente se invita a París, Venecia o Cancún. Pero ¿qué pasa, se preguntará la UE, entre Pedro y Pablo (Casado)? ¿La culpa de su distanciamiento la tiene el otro Pablo (Iglesias), al que no le cuadra en ninguna de sus series favoritas, incluida «Los Soprano», cualquier intento de cita cariñosa de ambos líderes? ¿Le ha amenazado Pablo (Iglesias) a Pedro con no dejarle conducir el troncomóvil si tan siquiera le envía un solo whatsapp? Es posible que la UE tenga más y mejor información sobre este «mènage à trois» siempre fallido porque ninguno de los tres quiere pagar la cama.

Le ha dicho Woody Allen a Pablo Motos, hablando de la pandemia, que le ha sorprendido «cuánta gente ha hecho tanto el tonto». Pensaba Woody que en el mundo había un número limitado de tontos, «pero estaba equivocado; no me había dado cuenta de que eran tantos». Ya dijo Cela que si los idiotas volaran, no se vería el sol. Y también advirtió Torrente Ballester de que lo peor de envejecer es percatarse de que casi todo el mundo es imbécil. Pero ahí están, inasequibles al desaliento. Una diputada de ERC, Marta Rosique, preguntó no hace mucho en el Parlamento: «¿Qué va a hacer el Gobierno español para acabar con la violencia policial en EE UU?» Y Artur Mas confiesa a estas alturas de la película: «Ahora voy a dedicarme a las ideas». Enorme expectación hasta en la UE.