Los sábados de Lomana: Carla Bruni, la modelo a la que llamaban “Terminator”

Hace unos días, por casualidad, vi una foto del hijo mayor de Carla Bruni, Aurélien Enthoven. Ya tiene 19 años y vino a mi recuerdo toda la tremenda historia que rodeó su nacimiento, una historia de amor, por supuesto, pero no por ello menos dramática, como suelen ser las grandes historias. Carla Bruni siempre ha sido una mujer enigmática y tremendamente seductora con los hombres, es interminable su lista de amantes.

Recuerdo cuando Mick Jagger, cantante de los Rolling Stones, se volvió loco por ella abandonando a su mujer Jerry Hall, que imploró a Carla que dejase a su marido, pues eran un matrimonio feliz con cuatro hijos. Carla entonces era una «top model», esa época en la que había un grupo de modelos tan bellas que a nadie le importaba la ropa que llevasen, era a ellas lo que querían contemplar.

Carla, que era pareja de Eric Clapton, le dijo que la ilusión de su vida era ver actuar en directo a los Rolling Stones y saludarlos. El cantante pidió a su amigo dos entradas Vip para el concierto que se celebraba en el Carnegie Hall advirtiéndole de que cuando fuesen a su camerino no coquetease con Carla, pues esta vez se había enamorado de verdad. El concierto fue electrizante levantando al público nada más salir y lo que Eric Clapton temía que pasara, pasó.

Antes de ser la esposa de Nicolas Sarkozy, que ha sido el último de sus grandes amores, provocó un gran escándalo en Francia. Era la amante de Jean Paul Enthoven, editor y escritor muy reconocido dentro de la Gauche Divina de St. Germain des Prés, quien propuso a Carla ir a visitar a Marrakech a su hijo Rafael, que se había casado con Justine Lévy, hija de otro de los grandes filósofos franceses y uno de los artífices del Mayo del 68, Bernad Henri Levy. Todos se movían en esos círculos muy libres, esnob y cultos de París.

Resultado de ese encuentro, Carla y Rafael Enthoven se enamoran, quedándose embarazada de Rafael con el consecuente follón familiar. Justine Lévy, la mujer de Rafael, intentó suicidarse perdiendo al hijo que esperaba. Años después, cuando se recupera de ese tremendo desamor, escribe un libro diciendo barbaridades de Carla, a la cual denominaba «Terminator». Todo este enredo dentro de la alta sociedad en Francia se siguió con gran interés dada la gran dimensión pública de todos los protagonistas de la historia.

Carla se fue a vivir con Rafael y su relación se rompió en 2007, un «affaire» que desafío a todos los estereotipos, porque era una pareja abierta, una forma de encarar la vida muy distinta a la que tiene actualmente con su marido, Nicolás Sarkozy.

Todos los personajes de esta historia han decidido ajustar cuentas a través de la literatura, contando todas sus miserias. La primer novela de carácter autobiográfico fue publicada por Rafael Enthoven el 19 de agosto de este año y ha causado un auténtico terremoto mediático en Francia.

El libro ha dolido muchísimo a su padre, que le ha contestado con varios artículos tachándole de egoísta e inmaduro y poniéndole a escurrir en el programa de Televisión de France 5 «C à Vous». Solo Carla ha salido beneficiada de este rifirrafe, ya que su antiguo amor y padre de su hijo Aurélien la ha calificado en su polémico libro como la mujer ideal. Esta mujer misteriosa y felina, que era la musa de la llamada «Gauche Caviar», ha tenido hombres siempre interesantes, locos por estar a su lado.

Al contrario de lo que han dicho de ella, que se fascinaba por el poder, yo no lo creo, ella ya lo tiene. Tiene dinero, belleza, es culta e inteligente, pienso que lo que tienen todos los hombres de su vida, es «el talento».

Carla Bruni necesita por encima de todo tener una pareja a la que admirar. Ese es precisamente el éxito de sus once años de matrimonio con el ex presidente Sarkozy, la tremenda admiración que sienten el uno por el otro, sin olvidar la pasión.