Pasarela política : lo único que destaca en el Senado es la barriga de Ábalos

A la Cámara Alta podrían llamarla el desván apolillado y polvoriento de arriba

«Perdido en mi habitación, sin saber qué hacer se me pasa el tiempo…». Esta canción de Mecano podría ser el hilo musical del Senado. Porque, se acuerdan cómo sigue ¿no? «Enciendo el televisor me pongo a fumar, bebo una cerveza para merendar. Y me voy a emborrachar. De tanto beber, no paro de hablar con esa pared…». Pues eso. Ojo aburrición el Senado, señoras y señoras. Que yo lo entiendo. A ver. Que si es la Cámara de las Autonomías y luego resulta que las únicas que hablan son Cataluña y País Vasco… Que otra cosa sería si hubiera la imposición de llevar un trajecito regional. Ahí, Canarias y Extremadura, reinas del Halloween… Que si es la Cámara de enfriamiento, o sea, vamos a dejar que la proposición o proyecto de ley pase por aquí para que no se solivianten los ánimos y estos, por mucho que la discutan, da igual porque ni los tomamos en consideración. Que si ni siquiera salimos por la tele en una sesión de Control al Gobierno como esta… Vamos, que al final pasa lo que pasa, que después de ganar un escaño, sientes que te toman por el pito del sereno, que vas sin ánimo, que estás en un «total, pa' qué», en un «bastante es que voy», en un «chica, me quito el pijama y lo primero que encuentre». ¿Y qué es lo primero encuentran? ¿Un traje gris marengo del año pun y una corbata tornasolada en tonos burdeos y cachemire? Total, si a nadie le importa. Vamos, que a la Cámara alta, o sea, la estancia más elevada del Estado, podrían llamarla el desván polvoriento y apolillado de arriba. ¿El Congreso? La Feria de Abril en comparación.

Jamás habría pensado que diría esto, pero el nivel es tan rasito... Y hablo solo de lo estético. Conste. Tanto es así que, en el caso de los señores, y hablo de ministros, bancada popular y bancada socialista -los nacionalismos son otro cantar-, todos, desde Illa a Escrivá Belmonte pasando por Luis Planas (todos Gobierno) o los senadores Jorge Domingo Martínez o Francisco Cañizares (PP) hasta llegar a Campo Moreno o Ábalos (también ministros), todos ellos son como un Mr. Potato intercambiable. Misma estructura. Cambias un rasgo y, ya está, otro personaje. En el caso de los dos últimos, dos rasgos. Mascarilla degradé en el primero –¿la lava o tiene varias?– y –perdón– el estómago de Ábalos, que me preocupa, no solo por lo que indica a nivel salud si no porque no parece propio de su partido pero tampoco siquiera de un régimen democrático. Y hablo de imagen. Joan Lerma era la única nota de color en ese mar gris marengo de matices parduzcos. Porque es un señor tirando a estupendo y porque el traje era de un azul francamente bonito.

Sobriedad, casi paroxismo

El nacionalismo, como adelantaba, «is different». Anque da igual de dónde venga también. Todo pasa por no llevar corbata -no a las ataduras del Estado-, véase Miquel Caminal Cerdá o Bernat Picornell –fue diver escucharle decir «Baix Penedés» mientras Ábalos le contestaba pronunciando Figueres–. Y por decir no a la camisa blanca –nótese Jordi Martí–. Imagino que esa negación viene de aquello que cantaba Ana Belén de «España camisa blanca de mi esperanza». Y la reacción es usar cualquier otro color, especialmente el negro porque, ya que te pones, te vas al otro extremo.

Pero no se crean ustedes que esta sobriedad cercana al paroxismo es algo solo de los señores, que han visto que los machos alfa están en el Congreso y se han venido abajo. No, no, las señoras también. Incluso afecta a las que se caracterizan por ser folclore estético, como María Jesús Montero. Daban ganas de acercarse y decirle: ¿tienes fiebre, reina? Ese verde menta desvaído combinado con un vestido con flores en gris rata… Pues, eso, depre. No por feo. Por triste. Que a Reyes Maroto ya se lo perdonas porque a ver con qué ánimo una se viste por las mañanas viendo el Turismo y la Industria como están. Te pones una blusa Nazareno y no te fustigas de milagro.

Teresa Ribera, de Reto Demográfico, quiso hacer un esfuerzo, como en el Congreso, con una casaca blanca mirlo blanco. Como es un ministerio nuevo… No le salió. En el pelo, ni una mascarilla. Ni ecológica ni nada. Vamos, ni un chorrito de vinagre. Una pregunta, antes de terminar. ¿En ciudadanos es «condictio sine qua non» ser replicante de Arrimadas? Lorena Roldán es igualita igualita.