Diez años de la muerte de Carla Duval: sus hijas y el recuerdo a su hermana

Paula y Andrea ya volaron del nido familiar y comparten piso en Madrid

Me viene a la mente el recuerdo de una mujer hermosa, por dentro y por fuera. Carla Duval era pura sensibilidad, y su muerte, de la que hoy se cumplen diez años, me dejó un poso amargo en el corazón. Transmitía alegría y entereza, incluso cuando hablamos por última vez, ya muy afectada por el cáncer de cuello de útero que la destrozaba, me dijo que no perdía la esperanza de vivir. «Voy a salir de esta amigo, la vida es demasiado hermosa y no quiero perderla. Me queda mucho camino por recorrer…» Estaba siguiendo un tratamiento de choque en Berlín. A su lado, una corajuda María Pineda que también luchaba por su supervivencia. Ni la una ni la otra superaron la enfermedad.

Carla se fue de este mundo dejando dos hijas gemelas, Andrea y Paula, a las que su tía Norma acogió en su casa como si fueran suyas. Diez años después, las dos se han independizado y viven juntas en Madrid. Su belleza demuestra los genes maternos, y sus pensamientos, en una fecha tan rotunda, recuerdan a una progenitora extraordinaria. Ellas y su tía Norma vivirán hoy un doble aniversario, agridulce, porque también la abuela Purificación, enferma de alzheimer, cumple 89 años. Caprichoso el destino que funde la muerte con la vida.

Para la mediática Norma, «mi hermana Carla ha sido, y es, una persona maravillosa, impresionante, con una forma de ser increíble, un gran sentido del humor, divertida…». Se emociona al recordar los últimos meses de vida de Carla: «No me gusta hablar de eso, pero le aseguro que llevó su enfermedad con una dignidad tremenda, era muy especial, todo entereza, con un alma maravillosa. Cuando las gemelas hicieron la Primera Comunión, Carla y Norma me regalaron unas cruces de oro para mis hijos gemelos, que tienen la misma edad que las niñas. Fue un día muy feliz, y Carla era todo alegría. Sus hijas la adoraban. Fue una gran madre. Las crías vivían con ella, su padre, Santiago Paredes, estaba enfermo y no puso ninguna objeción en que al morir su ex mujer, las niñas se fueran a la casa de su tía».

«Por supuesto que me siento una segunda madre para ellas, han ido a los mismos colegios que mis hijos, y las quiero y las adoro por igual. Paula y Andrea tienen muy presente a su madre, igual que a su padre, también fallecido. Los recuerdan todos los días… Viven en Madrid, decidieron volar por su cuenta y me pareció muy bien. Pero nos vemos mucho. Hacen su vida, y lo veo normal».

Hace ocho años, la artista ofreció su homenaje particular a Carla, montando una exposición con las obras de su hermana, que fue una pintora excepcional, admirada por sus magníficos retratos: «Fue un éxito, se vendieron muchos cuadros, y los que quedan los tengo yo guardados para mis sobrinas y su hermano. Carla tuvo tres hijos, un varón, el primogénito, de una anterior relación, y las gemelas».

Hoy no se celebrará ninguna Misa en recuerdo de la fallecida. Norma afirma que «todos sentimos a Carla a nuestra manera, la llevamos dentro, y no tenemos pensado dedicarle actos religiosos». Dos hermanas muy distintas pero que se complementaban muy bien: «Éramos opuestas en el carácter, por eso nos llevábamos estupendamente. Lo que le faltaba a una lo tenía la otra. Era una relación tan bonita que nunca nos enfadábamos. Ni faltado al respeto. Su muerte me dejó un vacío imposible de llenar».