Alaska y Bibi consiguen su mejor trabajo

Acompañadas por la atractiva galanura cinematográfica de Manuel Bandera y la calidad de Mario Vaquerizo, han hecho un gran trabajo teatral en «La última tourné»

Mario Vaquerizo, Alaska y Bibiana Fernández, en la presentación de «La última tourné»

No es un mano a mano, pero casi lo parece al revisteril. Son de «tomar la vida en serio es una tontería...». Alaska, acompañada por la atractiva galanura cinematográfica de Manuel Bandera y la calidad de Mario Vaquerizo, ha hecho un gran trabajo teatral en «La última tourné» que no sé si impactará o todos entenderán. Supone un esfuerzo y estímulo para futuras interpretaciones, suponemos que igualmente importantes.

Es revelación y estímulo, y así lo entendieron cuantos, muchísimos y haciendo cola, los aplaudieron en el histórico Teatro Calderón, en el centro madrileño, antaño escenario de grandes revistas de Celia Gámez o más tarde Ethel Rojo, la vedette argentina del trasero muy sobresaliente. Era lo mejor que tenía y ella sabía lucirlo y sacarle partido en «Dos piernas veinte millones», estimulada y aducida entusiastamente por Horacio, su marido y director. Una pareja que se entendía sentimental y humanamente, ya no quedan entendimientos así que antes prodigaban y eran un cheque al portador.

Amparo Rivelles

Gustaba creerse la felicidad aparente, tal el caso de María Fernanda Ladrón de Guevara y Rafael Rivelles. Ella me introdujo en este negocio profesional y me alojaba en su burguesa casa de Flor Baja, vía su hijo Carlos Larrañaga, hermanastro de la eminente y muy cinematográfica Amparo Rivelles, una de las actrices con físico más internacional. Nunca se llevó fraternalmente con Carlos, decíase que tenían celos uno y otra, y evitaban juntarse en el cartel. Amparo fue a México para estar quince días haciendo una película y permaneció veinticinco años con extensiones habituales a Miami y Buenos Aires. Tiempos en que, unidos por la lengua, nuestros cómicos no tenían fronteras y su mercado era de lo más internacional.

Mexicanizada, simultaneó televisión y teatro en Argentina y el enorme mercado latino de los USA. Amparo se especializó en melodramas folletinescos al aire grandilocuente de lo que aquí hacía Doroteo Martí, que era muy mal actor pero abarrotaba y cada día daba hasta tres funciones, la primera a las cuatro de la tarde. Ya ven si hemos cambiado. Abarrotaba y se hizo millonario a fuerza de arrancar suspiros, ¡ay qué dolor! Eran hoy inexplicables ídolos escénicos, afortunadamente la televisión modificó los gustos, aunque todavía atraigan títulos como «La última tourné», obra que arrasa en los teatros españoles desde hace tres años.