Exclusiva: La historia sentimental de Miguel Bosé y Nacho Palau que nadie conoce

La pareja lleva veinte años separada sentimentalmente aunque el cantante pasaba un dinero mensual a Palau

Miguel Bosé y Nacho Palau, en una imagen de archivo / Gtres

Una semana exacta ha pasado desde que el 31 de octubre se conociera la sentencia del juicio en el que Nacho Palau se enfrentaba a Miguel Bosé por la filiación de los dos hijos de cada uno –Diego y Tadeo, descendientes biológicos de Bosé, e Ivo y Telmo, descendientes biológicos de Palau–. Ese día se conocía que el juez desestimaba la petición de Palau de que los cuatro niños fueran declarados hermanos legalmente. Y aquí todo el mundo opina y hace juicios de valor que, por lo que leo y escucho, tienen muy poca consistencia y mucha falta de información. Mejor dicho, observo que la única información viene de parte de Nacho Palau y me resulta interesada, por supuesto, porque la va filtrando en pequeñas dosis a sus amigos periodistas y, en su mayoría, esas declaraciones no se corresponden con los hechos, sino a lo que a él le conviene. Palau siempre ha sabido que Miguel tiene fobia a hablar de su vida privada y que jamás iba a hacerlo.

Pero hay cosas que considero que deben ser aclaradas. Efectivamente, Nacho fue el que interpuso la demanda –perdida– por una reclamación de filiación con la que Miguel Bosé no estaba de acuerdo. No estaba dispuesto a doblegarse ante las exigencias de Palau, que contemplaban, entre otras cosas, tener las patria potestad de los hijos biológicos de Miguel.

Miguel Bosé y Nacho PalauEuropa PressRubén Mondelo

En este sentido, la sentencia ha sido muy clara: ni los cuatro niños se van a apellidar Bosé ni se les considera hermanos ante la ley dado que cada padre biológico los inscribió con sus apellidos. Ni Miguel tiene por qué ser padre de los hijos de Nacho ni este de los hijos de Miguel. Estamos hablando de personas muy especiales que han llevado una vida quizá difícil de entender para muchos; muy libres, bohemios y con un punto extravagante que nada tiene que ver con los esquemas mentales tradicionales. Todo esto lo digo para que ustedes comprendan mejor lo que les voy a contar:

Miguel Bosé y Nacho Palau, en efecto, tuvieron una relación sentimental de pareja, de amor. Pero esa relación solo duró seis años. Así me lo confirma el entorno más cercano del cantante. Los otros veinte años que se le han atribuido fueron en realidad «colegas». Se tenían mucho cariño y les gustaba seguir siendo muy amigos y estar cerca el uno del otro, pero el amor se rompió y se dieron libertad para tener su vida independiente, incluso viviendo en la misma casa. Cuando la relación se rompió, ellos vivían en Somosaguas, en la que fue la casa familiar de Bosé. En 2010 –las fechas son importantes–, Miguel Bosé decidió, quizá influenciado por Ricky Martin y su enorme deseo de ser padre, recurrir a la paternidad subrogada. Nacho decidió entonces lo mismo: quería tener sus propios hijos. Y fue en ese momento cuando decidieron establecer un vínculo común mediante la gestación de cuatro varones que nacieron en 2011.

Miguel Bosé, con sus hijos Tadeo y Diego, en la premiere de Godzilla, en Hollywood

Un padre genial

Según estas mismas fuentes, el primer embarazo de Nacho falló y hubo que intentarlo de nuevo, de ahí la diferencia de edad de los niños. La intención de ambos era muy clara: querían que vivieran juntos y firmaron un convenio en el que se vinculaba una compensación económica a favor de don Ignacio Palau, en tanto que su situación económica se veía descompensada respecto al otro progenitor. Luego me extenderé un poco más en este punto.

Pero voy a volver al nacimiento de los pequeños, que, como he dicho, se produjo cuando Palau y Bosé vivían en Somosaguas. Dos años después de su nacimiento, en 2013, Nacho decidió alquilarse una casita adosada a su nombre en Húmera (Madrid) para tener más libertad. Es importante, por lo tanto, aclarar que no es cierto que hubiese un acuerdo para que se quedase en casa cuidando a los niños mientras Miguel se ausentase por trabajo. Supongo, por supuesto, que estuvo pendiente de ellos, pero en esa casa había «nannies» y personal de servicio doméstico suficiente para no tener que ejercer de «baby sitter». La misma madre de Nacho reconoció, y se puede probar, que cuando nacieron los niños Nacho y Miguel ya no eran pareja.

Foto de los cuatro hijos de Miguel Bosé y Nacho Palau, juntosInstagram

Continuando con la historia cronológicamente, en 2015 Bosé, de nacionalidad panameña, decidió marcharse de España después de que se publicaran unas fotos de los niños a la salida de la clínica Quirón, tras una revisión médica rutinaria. No quería que sus hijos vivieran la presión mediática. Palau se unió al plan y se fueron todos juntos. Al año siguiente, en 2016 –y aquí retomo el asunto económico–, firmaron un convenio por el que se establecía que, siempre que los niños vivieran juntos, el señor Palau recibiría: 3.000 dólares mensuales, entre 1.500 y 2.000 dólares para alquilar una vivienda en Panamá, un coche Chevrolet en Panamá y un Audi en Madrid, un seguro sanitario a su nombre en Panamá, cuatro billetes de avión para ir y volver a España, y el importe preciso para abonar a la madre de Palau la hipoteca de su casa, cuya entrada ya había pagado Miguel. Este convenio se firmó, como decía, en julio de 2016 exigido por Palau, para dejar que los niños viviesen juntos en Panamá. Una vez allí, Nacho alquiló una casa cerca de la de Miguel, pero al poco tiempo, decidió volver a España porque, según mis fuentes, le aburría la vida en ese país y no era para nada su ambiente. A su vuelta, se alquiló una casa en Moralzarzal. Todos estos datos forman parte de esa vida-no vida de pareja, en la que tenían libertad para nuevas relaciones.

Otra de las exigencias de Palau fue que cuando él estuviese en Panamá –y más tarde en México, a donde se mudó Miguel–, Bosé tenía que abandonar su casa, algo que, lógicamente, el cantante no estaba dispuesto a hacer ya que suponía, entre otras cosas, dejar la educación y cuidado de sus hijos, sobre quienes tiene la patria potestad. Pero había otra exigencia más. Quería que pasasen medio año en México y medio en España, algo, en mi opinión, absurdo y desestabilizador para los chicos. Les puedo asegurar que Bosé es el padre más cariñoso, atento y cuidador que puedan imaginar. Quizá a veces demasiado; esto me lo comentó alguna vez Lucía, su madre, que estaba asombrada del amor y la ternura de Miguel hacia los niños.

Miguel Bosé junto a sus dos hijos

Durante el verano de 2018, hubo un reencuentro de todos en la preciosa casa de Somosaguas, que Miguel acababa de rehacer, tirando la antigua edificación. Y pasaron aparentemente un buen verano con los niños. Pero Nacho reclamaba demasiado a Miguel, y no me refiero solo a dinero, sino a derechos sobre los hijos del cantante. Derechos y «mando en plaza» sobre muchas cosas que eran inviables, llegando a amenazar con que si no se le daba lo que pedía, se llevaría a sus dos hijos separándolos de los que habían vivido como hermanos. Mis fuentes me aseguran que siempre pedía contraprestaciones a cambio de dejar que los cuatro niños viviesen juntos, que es lo que ahora reclamaba. Ante la negativa de Miguel a tales pretensiones, Palau decidió que sus hijos no volvieran a México, ciudad en la que actualmente vive Bosé, pues ahí tiene su principal mercado para América Latina y sus negocios y representantes. Nacho Palau volvió entonces a Chelva (Valencia) a vivir con su madre a la casa que Miguel había pagado –entrada y cuotas de hipoteca–, pero que puso a nombre de la madre de Nacho.

Su entorno me asegura que Miguel Bosé siempre ayudó a Nacho para que no le faltase de nada ni a él ni a sus dos hijos. Y siempre le ha ofrecido, viva donde vida, una casa para que se instale y puedan convivir los «hermanos». Y por más que Nacho diga que dejó su carrera de escultor por Miguel, es absolutamente incierto, Miguel siempre le instaba a que hiciese algo, incluido esculpir. Se conocieron cuando el supuesto escultor tenía 19 años. No se le conoce formación ni estudios universitarios y tampoco he visto ninguna escultura suya, que seguro que las habrá pero no sabemos dónde.

Esta es la verdadera historia de los 26 años de Ignacio Palau y Miguel Bosé en los que solo seis o siete fueron de amor, el resto, de buenos amigos.