El novio de La Veneno se esconde en Rumanía tras la acusación de «homicidio»

Hoy se cumple el cuarto aniversario de la muerte de Cristina. Ella ya lo adviritió: «Es un drogadicto, peligroso, me ha hecho tanto daño... Me tiene harta»

La Policía rumana busca al hombre que presuntamente mató a Cristina Ortiz, «La Veneno», hace cuatro años. Esta es la teoría del criminólogo Óscar Tarruella, que tiene en su poder las suficientes pruebas como para pedir que se reabra el caso. El investigador está convencido de que «el rumano es la clave de esta muerte, un homicidio doloso y no una caída. A Cristina la mató ese individuo».

La que presumía de haber sido la prostituta «mejor pagada de España», una transexual que llegó a levantar pasiones entre sus clientes del madrileño Parque del Oeste, se llevó a la tumba un 9 de noviembre de 2016 los nombres de los famosos que se acostaron con ella. «Si descubro sus identidades no duro ni una hora viva». Así me lo confesó semanas antes de morir. Tenía mucho miedo, sobre todo, del rumano, su último novio, un yonqui agresivo que le sacaba el dinero. Y si no se lo daba, le pegaba unas palizas terribles. Los gritos de Cristina se oían en todo el edificio. Era de complexión fuerte, pero débil de espíritu. Le faltaban las fuerzas, los ahorros se difuminaron y vivía gracias a una pequeña pensión de invalidez: «Me tuve que retirar del oficio de prostituta por culpa de una paliza que me dieron unos travestis envidiosos. Me dejaron ciega de un ojo... También me descubrieron tres hernias discales. En mi vida hay más llanto que alegría».

Me habló del novio polémico, y lo hizo con temor y rabia: «Es un drogadicto, peligroso, le quedan a mi lado dos telediarios, le he amado mucho, pero me ha hecho tanto daño... Me tiene harta».

Tarruella es muy claro en sus manifestaciones: «Fue Mari Pepa, la hermana de Cristina, quien me pidió que investigara el caso. Y tengo claro que es un homicidio doloso. Todo apunta a que la muerte se produjo por una agresión de su novio. No entiendo cómo no se investigó con más rigor este asunto. Me sorprende todo, desde que no se aplicara la ley de violencia de género, hasta que no se hiciera una investigación exhaustiva. Era un personaje muy agresivo, lo ratifican los que le conocieron. Dos días antes de morir, Cristina pidió auxilio a la Policía Nacional porque su novio le estaba pegando. Llegaron los agentes, pero no les abrió la puerta». Al día siguiente, La Veneno ingresaba en una UCI con múltiples lesiones que le causaron la muerte. «Empiezas a escarbar y descubres que eso es violencia doméstica», añade Tarruella. «Tenía lesiones recientes y otras más antiguas. Me hace gracia cuando dicen que falleció a causa de una caída. ¿Cuántas veces se cayó, cuatro o cinco? Y cómo se justifican los restos de sangre por toda la casa. Es significativo que la jueza archivara el caso enseguida... dando credibilidad al informe de un forense que, a mi juicio, era inexacto».

De hecho, casi dos años después de esta muerte aparece un oficio de la Unidad Central de Policía Científica que da como resultado que entre los restos de sangre encontrados en el piso, buena parte correspondían a Cristina, pero, y aquí aparece la sorpresa, una de las manchas del colchón es de otra persona aún sin identificar, porque no se realizó el cotejo de esa muestra con el ADN del rumano. Los expertos policiales pudieron constatar que la fallecida tenía una serie de lesiones que no aparecían en el informe forense. Y la familia nunca tuvo acceso a esas pruebas».

Cristina me confesó que «la única integrante de mi familia que se ha preocupado por mí es mi hermana Mari Pepa, los demás no quisieron saber nada de mí. Paso de mis padres, me echaron de casa cuando tenía trece años. He llorado tanto que ya no me quedan lágrimas».

Llegué a conocer al rumano, a Alin Bogdan Calin, un año antes del trágico suceso. Me lo presentó Cristina cuando fui a entrevistarla en un bar cercano a su casa del barrio de Tetuán. Las drogas habían hecho mella en su físico y su aspecto descuidado daba que pensar. No era un tipo agradable, te miraba de reojo sin soltar palabra. El dueño del local me confesaría más tarde que «es un hombre nada recomendable que le está sacando a Cristina hasta lo que no tiene». Pero ella se encontraba sola y se agarró a un clavo ardiendo, al primero que le hizo algo de caso.

Cuando le interrogaron en la comisaría del barrio, contó, impasible, que «encontré a Cristina tumbada en el sofá con la ropa manchada de sangre y un fuerte golpe en la cabeza. Me dijo que se había tomado muchas pastillas, resbaló y se dio un fuerte golpe en la bañera». Pero los testimonios de los vecinos conducen a otras teorías más macabras. Lidia R. recuerda que «en esa casa solo se escuchaban gritos y peleas». Lo mismo cuenta Antonio, quien acusa a Alin de ser «un individuo muy violento, que llegaba a la casa de Cristina muy “perjudicado” por sus adicciones. Había noches que dormía en el portal».

Carpetazo judicial

La hermana de La Veneno denuncia que la Justicia «dio carpetazo al caso, sin investigar las pruebas que demostrarían que Cristina no murió víctima de un accidente». En su día pidió la opinión de un médico forense, el doctor Frontela, quien «me informó de que mi hermana no falleció por accidente, sino por una serie de golpes muy violentos». De ahí que Tarruella haya seguido investigando hasta que el pasado día 28 de octubre por fin pudo presentar un escrito solicitando la apertura de diligencias y aportando como documentación probatoria un informe técnico pericial: «Es muy completo, no solo por las pruebas, sino porque coincide con el de Frontela, que señala que la muerte no fue accidental, sino por la participación de terceras personas –dice–. Es un buen momento de concienciación, porque la serie ha hecho mucho ruido, y en el juzgado verán que la reapertura del caso es lógica».