Margaret Thatcher, el estilo del poder

Los trajes de chaqueta y las perlas que lucía la ex primera ministra británica marcaron toda una época

Es, probablemente, la figura política más influyente en el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial. Y aunque falleció en 2013, la serie «The Crown» la ha devuelto a la actualidad. A ella y a su férreo carácter. Hija de un tendero de Grantham (Inglaterra) y una modista, se hizo con el liderazgo del Partido Conservador en 1975; ha sido la primera y, hasta ahora, única mujer elegida como primera ministra por los votantes británicos y ostentó el poder desde 1979 hasta 1990. Su carácter tiránico, su racismo latente y su cinismo le hicieron merecedora del apodo de «La dama de hierro». Hasta tal punto llegó la influencia de sus ideas, que tanto sus partidarios como sus detractores la convirtieron en un mito.

También en el vestir marcó una época. En un mundo en el que solo los hombres llegaban al poder, la británica supo entender la importancia de la vestimenta y jamás descuidó su imagen. «Visto de domingo siete días a la semana», aseguraba. Su estilo podría definirse como práctico y muy femenino, que no «sexy», habitualmente inspirado en otra de las grandes mujeres de la época: la reina Isabel II. Los tonos pastel y las joyas pequeñas completaban un estilo en el que el denominado «casco» –su peinado– era el protagonista absoluto. A día de hoy todavía se percibe su influencia en la manera de vestir de las directivas e incluso en las políticas que desfilan cada semana por el Congreso.

Los trajes de dos piezas –chaqueta y falda– fueron su seña de identidad; odiaba los pantalones. Entre sus marcas de cabecera estaban Aquascutum y Jean Muir, y aunque este tipo de look lo llevó hasta la saciedad en cualquier color, su fetiche era el azul. Un color que aportaba ese toque elegante y serio, con el que proyectaba seguridad y que, por supuesto, hacía juego con sus ojos.

Laca y un buen peluquero

Solía combinarlos con blusas de seda, con flores o estampados y, casi siempre, con lazos en el cuello. Todo perfectamente estudiado para que además se viera el collar de dos vueltas de perlas, regalo de su marido tras nacer sus hijos. Era su joya más preciada. En cuanto al resto de complementos, Thatcher usaba guantes, que aportaban un aire sofisticado a su estilo, y los complementaba con bolsos de asa corta y unos cómodos «stilettos» de no más de tres centímetros. En el pelo, la consigna era clara: corto y bien ahuecado. Y así lo mantenía durante toda la semana a base de laca y un buen peluquero, para que resaltase las ondas y el rubio de la mandataria, aunque en ocasiones lo cubriera con tocados y sombreros.