Carmina Ordóñez, nada que ver con Isabel Pantoja: “No quiero dinero ganado con sangre”

La divina confesó a un íntimo amigo, nada más separarse de Paquirri, que había acudido con él al notario para renunciar a todo lo que le correspondía por la sociedad de gananciales, incluido el dinero de América, en favor de sus hijos.

Carmen Ordóñez en la época en que demanda a Isabel Pantoja
POSADO EXCLUSIVO DE CARMEN ORDOÑEZ EN LA CIUDAD DE TANGER AH / ©KORPA MARRUECOS *** Local Caption *** EXCLUSIVE PICTURES CARMEN ORDO¿EZ IN TANGERLa Razón (Custom Credit)GTRES

Era desprendida y a su clase innata se unía el respeto inquebrantable al mundo del toro. No era de extrañar, pues se sentía orgullosa de pertenecer a la aristocracia taurina. “A mi plín, soy Ordóñez Dominguín”. Por sus venas corría la sangre de los Ordóñez y los González “Dominguín”, dos dinastías en lucha permanente por tener el mando en el toro. Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, padre y tío de Carmuca y Belén, se habían jugado la vida en los ruedos y eran millonarios. Una guerra a vida y muerte que traspasó fronteras y los convirtió en leyendas gracias, en parte, al “Verano Sangriento”, el artículo por entregas que escribió Hemingway en 1959 para la revista LIFE y que recoge su legendaria rivalidad en los ruedos.

Luis Miguel Dominguín, hermano de la madre de Carmen, era el entonces número 1 del escalafón taurino y su padre, Antonio Ordóñez, el aspirante al cetro. La lucha entre ambos marcó la vida de dos niñas, Carmuca y Belén, que crecieron entre sangre y algodones , mamando los códigos por los que se rige el mundo del toro. Hijas, sobrinas, nietas y esposas de toreros, y en el caso de Carmen, también madre de toreros. Nadie como ella sabía de tardes de rezos, de noches en vela, de lloros, de cornadas y de ausencias. Las había vivido con su padre siendo una niña, con su primer marido de adolescente y con su primogénito, en su madurez.

Celos y asfixia económica, así trató Paquirri de recuperar al amor de su vida sin éxito.

Pocos meses después de tomar la decisión de separase de Francisco Rivera, con quien se casó en régimen de gananciales en 1973, el torero de Barbate trató por todos los medios de recuperarla. Lo intentó dándole celos con Lolita, una de sus más íntimas amigas, con quien inició una relación sentimental nada más separarse. Lejos de enfadarse a Carmina le hacía feliz que su ex hubiera encontrado el amor con Lolita. Ella, por su parte, se divertía con Antonio Arribas, ex pareja de Lolita, en un “intercambio de parejas” inusual para la época.

Después, el padre de sus hijos intentó recuperarla ahogándola en lo económico. Le pasaba una pensión para sus hijos, que no le daba a Carmen para pagar el tren de vida al que estaba acostumbrada desde niña. Carmen, orgullosa, comenzó a trabajar como relaciones públicas y como modelo ocasional y, cuando no le llegaba, prefería pedirle ayuda económica a sus padres que al torero o vender su intimidad en las revistas.

Carmen Ordóñez leyendo una noticia de Lecturas relativa a su guerra con Isabel Pantoja
Carmen Ordóñez leyendo una noticia de Lecturas relativa a su guerra con Isabel PantojaLa Razón (Custom Credit)GTRES

En 1979, cuatro años antes de obtener el divorcio, Carmen firmó la separación de bienes con Paquirri sin cobrar sus gananciales y cediendo una fortuna a sus hijos.

Después, llegó el día en que el torero, le pidió que firmara la separación de bienes. La pareja ya había comenzado los trámites de divorcio pero, hasta que hubiera una sentencia judicial, Carmen tenía derecho a los gananciales. Carmen no lo dudó. El padre de sus hijos se ganaba la vida a base de cornadas y para ella eso era sagrado. Ni siquiera le pidió que liquidaran la sociedad de gananciales que le hubiera proporcionado casi la mitad de la fortuna acumulada por el torero.

Carmen con su padre, Antonio Ordóñez, el día de su boda con Paquirri
Carmen con su padre, Antonio Ordóñez, el día de su boda con Paquirri@Paquirrioficial

“No quiero dinero con sangre” dijo a quiénes confesó que había renunciado a todo ante notario. Se refería así a los seis años de gananciales que le correspondían como su esposa: “Me fío de Paco. He firmado que renuncio a todo en favor de los niños, incluido lo de América”. Lo que no imaginó nunca Carmen es que la que después sería su viuda, Isabel Pantoja, acabaría quedándose con todo aquello a lo que renunció para dar una seguridad económica a sus hijos. Continuará...