Bernardo y Juan: los “hermanos malditos” de Isabel Pantoja

Parecen tocados por la maldición de la cantante, que acostumbra a echar de su vida a todo aquel que no le baila el agua. La relación entre ellos y la artista es inexistente

Juan y Bernardo Pantoja
Juan y Bernardo PantojaPJA/©KORPAGtres

Mientras Agustín es el hermano favorito, el consejero, «la mano que mece la cuna» de Isabel Pantoja, Juan y Bernardo, los otros dos hermanos, parecen tocados por la «maldición» que la tonadillera lanza a los que no bailan al son que ella toca. En este aspecto resulta inflexible; capaz de pasar del amor al odio en tan solo unos segundos.

Juan vivió en «Cantora» hasta que Agustín e Isabel le echaron de la finca andaluza porque los enfrentamientos entre los tres hermanos eran continuos. La gota que colmó el vaso fue la humillación sufrida por la entonces pareja de Juan, a la que los «hermanísimos» se quitaron de encima expulsándola de la propiedad en la que convivía con su novio.

Una fuente que vivió los hechos nos cuenta que «Juan ha sido siempre el menos mediático de los cuatro hermanos Pantoja. Trabajó en Cantora varios años, ocupaba el puesto que dejaba vacante Agustín cuando este acompañaba a la cantante en sus giras, y ayudaba en las labores de organización en el cortijo. Es un hombre simpático, pero cuando se le cruzan los cables se convierte en todo lo contrario. Fue el que se enfrentó a la niñera Dulce cuando esta acudió a recoger sus pertenencias tras dejar de trabajar para Isabel. Aquel día se portó con ella de una manera humillante, con insultos incluidos. Le llamó muerta de hambre, le acusó de haber puesto a Chabelita en contra de su madre y la echó de Cantora con muy malos modos», nos detalla.

Juan Pantoja
Juan PantojaPJA/©KORPAGtres

Alberto Isla, padre del único hijo de Isa Pantoja, definió al tío de su novia como «un hombre desconfiado y de campo», y recuerda que no quiso dejar un coche a Dulce para llevar a la hija de la tonadillera al hospital cuando se encontraba embarazada y sufrió un repentino sangrado, dando como respuesta negativa una frase que le califica claramente: «Que no hubiera hecho lo que hizo para quedarse embarazada». Él, cuya fama de ligón y juerguista era conocida por todos los asiduos a Cantora, se permitía denigrar a su sobrina con tanta bajeza y en un momento tan delicado de salud.

Agustín empezó a sentir, o a temer, que su hermano le hacía cierta «sombra» y se deshizo de él en cuanto pudo. Juan perdió también su puesto como guitarrista de algunos bolos de su hermana y se instaló en el piso sevillano en el que la artista convivió con Francisco Rivera «Paquirri», frente al recinto ferial de la capital hispalense. Poco después, Isabel le instaba a que lo abandonase. Hoy, la relación entre los dos hermanos es inexistente. El hermano pobre de la familia, al que sus íntimos denominan Juani, está soltero y no tiene hijos, sobrevive gracias a trabajos esporádicos que apenas le reportan más de 500 euros mensuales. Sus amigos le definen como «bromista, chistero, muy mujeriego y fiestero».

En el caso de Bernardo, padre de la mediática Anabel y hermano mayor de Isabel Pantoja, su vida responde a un cúmulo de desgracias. Es el único de la familia más cercana de la tonadillera que no se ha dedicado al mundo artístico, pero nadie conoce a ciencia cierta de dónde provienen exactamente los escasos ingresos que obtiene.

Bernardo Pantoja, en Sevilla
Bernardo Pantoja, en Sevilla

Se casó con Mercedes Bernal, madre de Anabel, en 1986, y se separaron seis años más tarde. En 2018 pasó por un juzgado sevillano para unirse en matrimonio con la bailarina japonesa Junko, con la que lleva varios años conviviendo. Una boda que no contó con la asistencia ni de su propia hija. Mucho menos, de su hermana Isabel.

Bernardo quiere mucho a su madre, doña Ana, pero lleva una larga temporada sin verla, en parte por los rigores sanitarios que marca la pandemia del Covid-19, y también por su escasa relación con sus hermanos Agustín e Isabel.

Antonio G. suele coincidir con Bernardo en un bar de Sevilla y habla de él con cariño, «porque es muy buena persona. Un hombre que ha tenido muy mala suerte en la vida. En 2006 se vio envuelto en un extraño asunto a la salida de un bar del barrio de Triana y recibió dos puñaladas en el estómago que le obligaron a ingresar de inmediato en el hospital. También estuvo involucrado en un caso de estafa, robo de documentos bancarios y falsificación en 1991, que le obligaron a pasar una temporada entre rejas».

Un problema con su diabetes le condujo de nuevo a la sala de operaciones hace tres años para amputarle el pie derecho. Es fácil verle por su barrio andando con ayuda de una muleta, un bastón o sentado en una silla de ruedas. Tampoco entonces Isabel estuvo en el Hospital Virgen del Rocío el día de la intervención, demostrando el nulo entendimiento con su hermano Bernardo.

Agustín Pantoja y Ana Martín en Aranjuez.
Agustín Pantoja y Ana Martín en Aranjuez.UAT/ GAAGTRES

Si la matriarca doña Ana no sufriera ese Alzheimer que la aleja del entendimiento y le impide reconocer a sus hijos, seguro que haría lo imposible por mantener a todos sus hijos unidos porque ella siempre ha sido una gran amante de mantener a la familia junta.

Reproches familiares

Hasta su muerte en febrero de 2018, a los 93 años de edad, Manuela Pantoja, conocida cariñosamente como «La Chumina», era la verdadera matriarca del llamado «clan Pantoja». La madre de Antonio Cortés «Chiquetete» sentía verdadera adoración por su sobrino Bernardo, y no dudó en reprocharle a su familia que no estuvieran a su lado cuando sufrió la amputación de su pie. Sobre todo, a su sobrina nieta Anabel, que el día de la operación se encontraba disfrutando del sol y de las playas ibicencas.

Manuela distinguía con un cierto pesar entre Los Pantoja ricos y los pobres, censurando a su sobrina Isabel que hubiera dado de lado a sus hermanos Juan y Bernardo. Es seguro que ahora no aprobaría la «guerra» abierta que mantiene con su propio hijo Kiko.