Oh, Boris Izaguirre descubre la importancia del culo del presidente

BORIS IZAGUIRRE EN PREMIO PLANETA
BORIS IZAGUIRRE EN PREMIO PLANETAMiquel Gonzalez De La FuenteShooting

Las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene uno. A Boris Izaguirre, que tiene opinión y trasero, le cabe el honor de haber descubierto la importancia del culo del presidente, cuestión nada baladí. Escribe Boris en «El país» comentando una foto de espaldas de Sánchez: «Tiene una espalda y cintura en forma triangular que contribuye a cambiar el paradigma sobre el culo masculino: también retrata, también hay que presentarlo bien y con el respeto que merece». Cambiar el paradigma del culo masculino es un hito histórico que convendría resaltar, y no sé a qué espera Iván Redondo para organizar una campaña de exaltación del nalgatorio presidencial con inclusión de grandes fotos del mismo por toda España junto al toro de Osborne. Si Albert Rivera se fotografió en pelota picada, Él, sabedor ahora de la transcendencia de su traspuntín, debería fotografiarse con el culo al aire. Aparte de su gran aceptación entre el mujerío y el colectivo gay, queer y trans, no hay duda de que pondría una nota de originalidad en el panorama. Se acusó de sexismo a aquella célebre foto de espaldas de la Reina Letizia y la entonces primera dama francesa Carla Bruni en las escaleras de la Zarzuela: sus ajustadas faldas remarcaron dos gloriosos y regios pompis, entonces sin paragón en toda la UE. En el caso que nos ocupa, ni Irene Montero ni tan siquiera Beatriz Gimeno se atreverían a calificar de sexista la exhibición culera del presidente. Al contrario: dirían que es ejemplo de firme postura antimachista y modélica repulsa del heteropatriarcado vía anal, amén de gran apoyo a la Ley de Libertad Sexual. Las carrozas del Orgullo Gay se iluminarían con la foto del ilustre tafanario y hasta Almodóvar gritaría en esta ocasión: «¡Pedrooooo!».

Pero hasta los culos paradigmáticos buscan otros como dianas. Sánchez ya sentenció, cual profeta de los sans-culottes, que Ayuso se va a echar en brazos de la ultraderecha. Pobre Isabel: Pablo la envía a la cárcel y Pedro al Monasterio. Gabilondo la arroja a los de Puigdemont: «Crea una suerte de independentismo de derechas madrileño». MAR debería recordarle a Isabel la frase de Churchill: «Cuando hablan mal a mis espaldas, mi culo contemplan». No es el de Bruni, pero también es presidencial.