Bellos días de verano

Durante el enlace de Ainhoa Arteta, con un vestido de Ze García y junto a Antonia San Juan y la hija de la soprano.
Durante el enlace de Ainhoa Arteta, con un vestido de Ze García y junto a Antonia San Juan y la hija de la soprano.

No entiendo por qué la gente se queja tanto del calor. Estos días hace tiempo de verano y punto. Nos estamos volviendo unos flojos. Antiguamente nuestros abuelos no tenían aire acondicionado y vivían tan ricamente con ventiladores, manteniendo la casa fresquita cerrando todo en las horas de máximo calor y abriendo al anochecer formando un poco de corriente. Esa cantinela vayas donde vayas de «¡Uff que calor!» No la soporto. Mi abuela nos tenía prohibido hablar del tiempo o quejarnos del calor, decía que por ser tan obvio era una vulgaridad. Hace dos semanas todo el mundo se quejaba de lo contrario y luego por lo del cambio climático. ¿Qué cambio? Desde que tengo uso de razón en junio y julio ha hecho calor, mucho más que en agosto. Parece que el hombre moderno, tecnológico, quiera también domesticar el clima a su antojo con lo fantástico que es sentir calor, poder salir a la calle con poquísima ropa y unas sandalias. Yo personalmente me siento libre y feliz. En invierno parecemos «cebollas» con varias capas de ropa encima y los días son grises y cortos, no hay comparación. Y ¿qué me dicen de esas tertulias que se forman en los pueblos a las puertas de las casas y los parques, donde sale todo el mundo al anochecer y se forman estupendas tertulias? El verano es sociable, extrovertido, invita a tirarte a la calle, en contraposición al invierno, que es de puertas y ventanas cerradas, de interiorizar... Definitivamente demos la bienvenida al verano felices y disfrutemos de él que es muy corto. Incluso nuestra sexualidad florece y se renueva, nos apetece mucho más abandonarnos a la pasión, especialmente en las maravillosas siestas mientras los termómetros marcan su máximo esplendor. Si hacemos balance, ¿cuándo nos enamoramos más? ¿En verano o en invierno? Ahí les dejo la pregunta. Hablando de amor, ¡vaya semanita de bodas hemos tenido! Yo hablaré de la de nuestra querida Ainoha Arteta. ¡Su cuarta boda! Me parece prodigioso que te siga emocionando e ilusionando casarte después de tres anteriores, aunque visto el «pibón» de hombre que se lleva no me extraña nada. Los dos días de boda fueron fantásticos. Llegué a Jerez el sábado por la tarde justo para dejar el equipaje, enfundarme un precioso vestido de Dolce & Gabbana y salir hacia las Bodegas Lastau dónde se celebraba una estupenda fiesta de bienvenida. Ahí estaban muchos amigos queridos: Boris Izaguirre, Ana Rosa Quintana, Emiliano Suárez y su mujer Carola, Susana Díaz, las Cobo de Sevilla con su hermano Pepe un gran galerista, Pedro Trapote y Begoña. La diseñadora de los tres maravillosos vestidos de la novia Isabel Zapardiez y muchos amigos del norte con los que me alegró reencontrarme. Al día siguiente: la boda, cambiamos de escenario, fué en El Puerto de Santamaría. La cita a las 20 en el Castillo de San Marcos, un lugar lleno de historia y belleza. Teatro Romano, después fortaleza árabe y mezquita, en la Reconquista Alfonso X El Sabio escribío ahí sus «cantigas». Un lugar lleno de magia para una boda llena de música y belleza. Cantaron varios amigos de la novia. El olor en la antigua mezquita era envolvente y perturbador...olía a sur... y el suelo estaba lleno de guirnaldas con gardenias, jazmín, eucaliptus creando un ambiente único. Los compañeros del novio –capitán de fragata– cantaron la «Salve marinera» vestidos con sus uniformes. La estética no podía ser más bonita. Cuando salímos le comenté a una amiga: «Solo nos falta que bailen el aurresku y me muero». Pues ahí estaba nuestro Dantzari, el bailarín Iker Murillo. Al final de los sables por los que pasaron los novios estaba Iker perfectamente vestido de blanco. Sonó el chistu y se cantó el aurresku bajo un silencio sepulcral de los invitados. Fue maravilloso verlo y lloré con una emoción que se desbordó.