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El «Stella»: 15 años sin verano del club icono de la Modernidad madrileña

La propiedad de la familia Pérez-Vizcaíno languidece tras años de abandono en Ciudad Lineal

El Stella, icono durante años de la modernidad madrileña
El Stella, icono durante años de la modernidad madrileña FOTO: EFE La Razón

1947. Ya han pasado ocho años desde que acabó la Guerra Civil. España está a punto de abandonar el bloqueo internacional. Una joven Isabel, futura reina de Inglaterra, acaba de contraer matrimonio con Felipe de Grecia. España transita la primera década del franquismo. La historia de esta época se cuenta en blanco y negro, pero hay un sitio en Madrid que es diferente. Se trata de un club social en el número 231 de Arturo Soria, un espacio que se adelanta una década en la rueda de la historia. Se trata de la piscina Club Stella. Un edificio de 8400 metros cuadrados que durante décadas se convirtió en el símbolo de la modernidad de Madrid.

Hasta convertirse en realidad, Manuel Pérez-Vizcaíno tuvo que vencer las reticencias de su padre, para reconvertir el vivero de la finca familiar en un negocio extravagante y arriesgado en plena década de los 40. A Pérez-Vizcaino Pérez-Stella –de ahí el nombre del recinto– la idea se la dio el vecindario que, en las tardes del verano, desfilaba por la casa familiar de Arturo Soria para sofocar los calores del verano en el pilón que daba riego a los viveros. La idea era tan genial como descabellada: hacer funcionar un club en en el barrio de Ciudad Lineal atendido por botones con uniforme y gorra.

Pero Manuel guardaba un as en la manga; la piscina estaba ubicada en un lugar estratégico, cerca de la base militar norteamericana de Torrejón de Ardoz, para atraer la presencia de militares estadounidenses con poder adquisitivo a los que se les ofrecería un lugar exclusivo donde ahogar el calor seco de los veranos madrileños. La piscina se convierte rápidamente en un éxito, y el «Stella» pasa de ser solo un lugar de baño para convertirse en un elitista club social como los que conocemos hoy día, con peluquería, salón de baile y hasta un bingo.

Icono de modernidad

Dado el éxito del club, en 1952, (sólo 5 años después de inaugurar) la propiedad del inmueble encarga su ampliación a Luis Gutiérrez Soto, afamado arquitecto responsable del Madrid moderno y uno de los arquitectos más importantes del siglo XX en Madrid. Con un estilo racionalista tardío pronto se convierte en un icono de la modernidad a la vanguardia arquitectónica madrileña.

Ava Gardner, la estrella del Stella
Ava Gardner, la estrella del Stella

Para entonces es ya punto de encuentro para artistas, famosos y gente de las elites sociales de Madrid donde se vive una sociedad paralela. Como si se entrara en un bucle del tiempo, mientras que fuera casi todo fuera era prohibición y pecado, dentro se vivía un mundo de modernidad donde las costumbres propias de la época se relajaban y el uso del bikini primero y el topless, más adelante, se convirtieron en algo tan habitual como impensable para la época.

El Stella llega a ser conocida como la piscina más segura del mundo. Algunos pensaban que el honor le venía por la presencia habitual de militares de la base de Torrejón. Nada que ver. Era conocida la anécdota de que sobre la piscina sobrevolaba permanentemente un helicóptero de la Policía Nacional, no en busca de posibles delincuentes, sino más bien por las vistas aéreas que ofrecían las bañistas más atrevidas en las hamacas del Stella.

De Ava Gardner a Joaquín Blume

Aristócratas, personalidades del mundo del cabaré, artistas como Machín o Cugat o estrellas de Hollywood como la musa por excelencia del Stella, Ava Gardner, eran algunos de los bañistas más ilustres de la piscina. Incluso Joaquín Blume, gran amigo del dueño, era tan asiduo de la piscina que le acabaron instalando unas anillas en la zona de atrás para que se entrenara en el recinto. Otro de los peculiares bañistas era Hércules Cortés. El campeón de lucha libre, alcanzó fama alardeando de músculos, sentado con dos señoritas, una en cada mano, a las que levantaba en vilo, para asombro de los bañistas.

Cerrada al público en el año 2006 y protegida por un plan especial desde 2011, el Stella es a día de hoy un complejo abandonado que experimenta un visible deterioro. Actualmente el edificio pertenece a cuatro mujeres, herederas del fundador de la familia Pérez-Vizcaino, que llevan década y media intentando deshacerse del inmueble. Sin éxito. Las opciones de vender pasar por hacer viable un proyecto de futuro, algo complicado por el tipo de licencia que actualmente tiene. La mítica piscina Stella tiene una calificación de uso dotacional deportivo y así es difícil encontrar un posible comprador.

Las rígidas leyes urbanísticas actuales tampoco invitan al optimismo. En caso de venderse, el comprador no podría modificar la fachada ni los jardines (cuya protección abarca el arbolado y resto de vegetación) como tampoco la forja de la puerta de entrada y varios elementos decorativos más. Su vaso, de hasta tres metros y medio de profundidad, debería ser adecuado a las medidas reglamentarias. Igual que el trampolín emblema de la piscina durante lustros, cuyo uso estaría prohibido en la actualidad.

Demasiadas vías de agua para un club que se deteriora año tras año y languidece en el paisaje del distrito de Ciudad Lineal a la espera de un comprador que no llega. Y así desde hace ya 15 años.