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Tamara Falcó, un estilo de vida a seguir

Descubre qué estrategia hay tras el fenómeno Falcó, capaz de enamorar a marcas de lujo gracias a su naturalidad

Tamara Falcó en una imagen de archivo
Tamara Falcó en una imagen de archivo FOTO: Chema Clares GTRES

El «multitasking» tiene nombre y apellido: Tamara Falcó. La diseñadora ha pasado de ser «hija de» a convertirse en una de las mujeres más queridas de nuestro país. Ha conseguido con su naturalidad conquistar a las redes sociales, a la televisión, a la publicidad, a los fogones e incluso al competitivo mundo editorial. También es marquesa, aunque eso no se suele poner en Linkedin… ¿no? La hija de Isabel Preysler ha logrado que su marca de moda, TFP, no sea una firma de «celebrity» más, sino que gracias a una estrategia consistente en aunar las claves de estilo de sus firmas preferidas, a una inteligente labor de «gifting» que que ha llevado sus diseños a los armarios de fashionistas de la talla de Blanca Padilla, Nuria Roca y Eugenia Silva y a una apuesta por una atemporalidad estética ajena a tendencias cambiantes, ha conseguido las alabanzas de diseñadores tan prestigiosos como Juan Avellaneda.

«¿Os ha pasado alguna vez que con una amiga tienes tanta conexión que te apetece hacer algún proyecto juntos? Pues esto es lo que hice con Tamara Falcó, unir nuestros dos mundos creativos, sazonarlo con mucho mucho glitter y hacer una colección cápsula», explicaba el diseñador para anunciar su primera colaboración conjunta. Tamara es también la celebridad fetiche de las marcas de alta gama para acercarse a un público más joven, por lo que han hecho de ella una mediática llave hacia una nueva clientela. Por eso es imagen de una prestigiosa marca de coches, Local Fan Ambassador de una de las cadenas de hoteles más prestigiosas del mundo y de exclusivas marcas de belleza.

Tamara Falcó en su cuenta de Instagram
Tamara Falcó en su cuenta de Instagram FOTO: @tamara_falco

Trabajar con tantas firmas diferentes sin perder la esencia no es fácil, pero lo logra al aceptar únicamente proyectos que encajan con su estilo de vida, en el que la sofisticación prima sin resultar insultantemente prohibitiva… Pese a que probablemente, lo sea. ¿Un ejemplo? Su madre es imagen de los bombones preferidos de las Navidades; ella, de los que regalamos como detalle cuqui en fechas señaladas. Mientras que las influencers al uso llenan sus perfiles de viajes paradisíacos, yates y exclusivas comidas, ella sube imágenes de sus escapadas por Castilla La Mancha, de comidas entre amigos (entre ellos no falta Isabel Díaz Ayuso) y de sus propios platos. En MasterChef Celebrity descubrió su amor por la cocina, que le brindó la oportunidad de tener su propio programa televisivo, de formarse entre fogones (ha superado el exigente curso en Le Cordon Bleu para ser chef) e incluso de escribir un libro de cocina, «Las recetas de casa de mi madre», que saldrá este otoño a la venta.

Consciente del interés que despierta su vida privada, no duda en subir fotografías con su chico, Íñigo Onieva, destinadas a potenciar el poder de las relaciones parasociales que construye con sus seguidores. Se trata de la fórmula mediante la que los fans creen que aquellos a quienes siguen son parte de su círculo cercano, un arma infalible para despertar empatía y para vender (casi) cualquier cosa. A su vez, con esas fotografías silencia los rumores que intentan ensombrecer a su relación sin necesidad de hacer comunicados. Tamara Falcó ha logrado con su pluriempleo estratégico ser la que mueve los hilos de todos sus negocios. Si alguien dijo alguna vez que Tamara no era especialmente brillante, ya puede retirar sus palabras.