Don Juan Carlos y doña Sofía, más unidos que nunca

Los Reyes eméritos celebraron el 14 de mayo su 57 aniversario de boda. y por la complicidad que han mostrado en sus últimas apariciones públicas, su matrimonio atraviesa un excelente momento

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18 de mayo de 2019. 14:50h

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Carmen Enríquez 18/5/2019

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Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, una frase hecha que está más que demostrado que refleja fielmente la realidad. Es lo que ha sucedido en el caso de la pareja formada por los Reyes Juan Carlos y Sofía, cuyos primeros síntomas de complicidad y entendimiento mutuo ocurrieron hace un par de años y que, al ser advertidos por algunos observadores, les pusieron sobre aviso de que algo estaba cambiando entre ellos.

Esa imagen que despertó la intriga era la del Rey Juan Carlos tratando de proteger a Doña Sofía con un paraguas para la lluvia que amenazaba con estropear su elegante traje largo de noche, poco antes de asistir a una fiesta en el Palacio Real de Oslo en la que se iba a festejar el 80 cumpleaños de los Reyes de Noruega, Harald y Sonia. La cara del anterior monarca, en esa décima de segundo captada por el objetivo del reportero, era la clave para entender que algo había cambiado en la actitud de Don Juan Carlos hacia su cónyuge, tras años de alejamiento de la pareja hasta el punto de que apenas comparecían juntos en público salvo cuando era absolutamente necesario.

El matrimonio formado por Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia ha cumplido esta semana 57 años de la fecha de su boda y es posible que muchas personas no lo consideren como una unión que ha transcurrido sin problemas a lo largo de casi ya seis décadas. Las crisis de pareja son frecuentes en todos los matrimonios, eso no es lo más grave, lo difícil realmente es aprender a superarlas. No todos lo consiguen y hay muchos matrimonios que se quedan en el camino que de repente se bifurca y cada uno toma senderos divergentes. Lo que parece haber ocurrido en el caso de los anteriores Reyes de España es justo lo contrario.

Don Juan Carlos y doña Sofía han decidido dejar atrás sus diferencias, por muy hondas que pudieran ser, y han optado por recomponer el trato personal y normalizar su relación en base a todos los asuntos que les unen y dejar de lado los que durante un tiempo los separaban. A lo largo de esos 57 años han compartido tanto trabajo institucional, tanta lucha contra las circunstancias adversas en tiempos de Franco, tantas ilusiones para conseguir su propósito de recuperar la institución de la monarquía en España, tantos momentos familiares de alegría por el nacimiento de sus tres hijos, tantas tristeza por la desaparición de los padres de uno y otro que todo ello junto forma un bagaje que no desaparece de un día a otro.

Él la eligió a ella y no a otras candidatas porque estuvo seguro de que no le iba a fallar a pesar de que el camino de un aspirante a recuperar el trono de España no iba a estar lleno de rosas. Ni siquiera sabía si lo lograría. Y ella aceptó el reto porque estaba enamorada de él y dispuesta a secundarle en todo lo que él se proponía llevar a cabo. De ahí la lucha primera de conseguir vencer los obstáculos para celebrar la doble ceremonia de boda aquel 14 de Mayo de 1962 en Atenas.

Los primeros diez años Don Juan Carlos y doña Sofía estuvieron dedicados a recorrer España, a darse a conocer a los ciudadanos que no sabían quienes eran porque el régimen les ignoraba y no hacía hueco en el sistema para que se contara con ellos. Después, del 72 al 75, sufrieron todo tipo de conspiraciones por parte de los que no se resignaban a dejar el poder que habían detentado durante casi 40 años. La tarea cambió a la muerte de Franco y aunque el propósito de que España se convirtiera en una democracia plena y homologada con el resto de Europa estaba claro para ellos, costó lo suyo conseguirlo.

Cuando ya parecía que todo estaba encarrilado con la aprobación de la Constitución, el Rey tuvo que enfrentarse y desmontar un golpe de estado militar que a punto estuvo de acabar con todo lo conseguido. Del 82, con la llegada de los socialistas al Gobierno, hasta el final del 92, año en el que España se puso de moda en todo el mundo con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, fue la mejor época para la institución de la Corona que los ciudadanos identificaban con la proyección internacional de lo mejor de la nación española. Algo que se tradujo en apoyo popular a la Familia Real en las bodas de la Infanta Elena en Sevilla en 1995 y la de la Infanta Cristina en 1997 en Barcelona. Esas dos celebraciones trajeron al país a Reyes y Reinas, Príncipes y Princesas que antes solo se habían visto en las revistas del corazón.

Los Reyes se convirtieron en los mejores anfitriones de los Jefes de Estado de las primeras potencias mundiales que visitaban una España que ocupaba un lugar de importancia en el escenario internacional. Y en sus viajes al exterior los recibían con la alfombra roja desplegada en todas las naciones del planeta que miraban con admiración a la pareja en la que cada uno desempeñaba su función y juntos se fundían en una complementaria armonía.

En los primeros años del nuevo siglo, las cosas se empezaron a torcer. Las nuevas generaciones apenas conocían los méritos que sí se reconocían al monarca español en el exterior. La institución vivía de las rentas del pasado pero apenas se invertía en mantener el prestigio de la monarquía de tiempos anteriores. La pareja real se distanció a causa de la aparición de terceras personas, la salud del monarca entró en una espiral de problemas que se encadenaban de forma casi ininterrumpida. Y lo peor de todo, los negocios del marido de la Infanta Cristina llevaron a la hija de los Reyes y a su marido al banquillo de los acusados y más tarde, a Urdangarín, a la cárcel. Ahora ambos han decidido que merece la pena apostar por lo que les une ya que lo que importa es el acuerdo y la complicidad de dos personas que estuvieron desde siempre destinadas a entenderse.

Don Juan Carlos y doña Sofía, más unidos que nunca
57 años de la boda de los tres «síes» en Atenas

La Reina Sofía tiene unos recuerdos muy vívidos del día de su boda con Don Juan Carlos, en Atenas. Ha contado que se acuerda perfectamente de todo lo que ocurrió aquel día. De cómo transcurrió, paso a paso, toda la jornada, de la ilusión con la que vivió los acontecimientos que sucedieron desde la mañana a la noche.

Aquel 14 de mayo de 1962, se celebraron tres ceremonias, una civil, otra por el rito católico y otra por el ortodoxo, para complacer a las familias de los novios y a las autoridades religiosas de ambas creencias que solo se diferencian en pequeños detalles litúrgicos. Por eso, a la boda de los entonces Príncipes de España se la llamó la de los tres «síes», en referencia a los tres «sí, quiero» que tuvieron que pronunciar en cada una de ellas. Una boda, en plena época franquista, que acaparó todas las miradas de la época.

No obstante, todo salió perfecto para la pareja de jóvenes príncipes que tomaron la decisión de unir sus vidas en tan solo seis meses de noviazgo. Desde el inicio de su historia de amor, en el verano de 1961, tenían muy claro que querían compartir el futuro por muy oscuro e incierto que pareciera. 57 años después, continúan juntos, y más unidos que nunca.

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