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Los alegres veranos de Rocío Carrasco en Chipiona y Miami que no volverán

Hubo un tiempo en que la familia entera se reunía en las casas de ‘la más grande’ para pasar juntos los meses del estío. Hoy, solo quedan los recuerdos de esos momentos felices...

Rocío Carrasco en una imagen de archivo
Rocío Carrasco en una imagen de archivoGtres

Rocío Carrasco quiso colocar la guinda al docudrama en el que explicaba la tragedia afectiva de sus últimos años viajando a Chipiona. Un lugar que representa para la hija de la Jurado sus años más felices. Y no sólo para ella sino para toda la familia que se reunía cada verano en el chalet ‘Mi abuela Rocío’. Un nombre que unía a varias generaciones de mujeres en el árbol genealógico de la artista. Su madre, su hija, su nieta y ella misma. Eran tiempos felices con la artista como gran matriarca de un clan que, una vez que desapareció, se rompieron demasiadas piezas del puzzle familiar que a días de hoy sigue desperdigado. Por un lado la hija y por otro el resto de la familia. De este asunto donde se ha escrito y hablado tanto en los medios que ya casi no queda ni un solo rincón que escarbar.

Hubo un tiempo en que esos afectos no estaban rotos sino todo lo contrario. Eran una unidad compacta con los hermanos Gloria, Amador y sus respectivos cónyuges, sus hijos, sobrinos, primos , el entrañable Juan de la Rosa, que estuvo siempre pendiente de todo, amigos y conocidos que querían y admiraban a la jefa del clan. Una de las citas obligadas de todos ellos, estuvieran donde estuvieran, era reunirse para la procesión de la Virgen de Regl. El 8 de septiembre del 2004 fue la última vez que se pudo ver a la artista en la terraza pidiendo por los suyos. Unas semanas después reunía a la prensa en Villa Jurado, la casa de la Moraleja, para anunciar que le habían diagnosticado el cáncer que le quitó la vida.

La familia de Rocío Jurado en Chipiona
La familia de Rocío Jurado en Chipiona FOTO: LA ©GTRESONLINE

Hasta esa fecha, la vida lúdica y de ocio pasaba por Chipiona. «Siempre que puedo vengo aquí porque es donde descanso y además me divierto porque aquí hay mucho ambiente. Voy al rastrillo de los gitanos, al mercado, guiso y estoy con los míos porque aquí tengo mucha familia», contaba a quien esto firma. Se instalaba antes de que comenzaran las galas que en agosto era el calendario completo y en cuanto podía volvía al lugar donde le esperaba su hija Rocío y el resto del clan. Para ella también ha sido su lugar de referencia como contaba en el serial. Sus primeros baños en la playa, sus juegos infantiles con los primos Mohedano con los que iba a la feria y se subían a los cacharritos supervisados por algún miembro de la familia. Llegó la adolescencia, que, como todas, resultó incompatible con las reglas que imponían los adultos y sobre todo su madre. Algunos veranos la acompañaba a Marbella cuando actuaba en el hotel Don Pepe con lleno total. Tanto es así que los seguidores acaparaban las mesas y era difícil conseguir sitio. A Rocío Carrasco el plan le divertía y a veces le acompañaba la prima Rosario (antes Chayo).

Eran veranos largos que comenzaban en Villa Jurado, el chalet familiar de La Moraleja y el lugar de referencia para la familia, los amigos y todos los que en algún momento tuvieron un lazo de unión con ‘la más grande’. Este apodo sirvió de presentación en una gala de la televisión de Miami y con él se quedó. En el chalé de la calle Montealto, la ‘jefa’ reunía a su gente a comer los sábados, los domingos o el día que fuera. Era una casa de puertas abiertas y como a la artista le gustaba celebrarlo todo, siempre había algo que festejar. Desde la primera comunión de Rociito hasta sus cumpleaños y también los de Pedro Carrasco, primero , y Ortega Cano después.

Rocío Jurado, víctima de un cáncer de páncreas
Rocío Jurado, víctima de un cáncer de páncreas

Hasta que se hacía el traslado al sur y comenzaban oficialmente las vacaciones para todos, menos para Rocío Jurado y Amador que la acompañaba y organizaba la gira. A pesar de algunas informaciones que aparecieron cuando falleció y en la que el hermano no tenía un papel importante, la realidad era que supervisaba todo, hasta el vaso de whisky en bambalinas y la jarra de agua oficial. Y si Madrid era la punta de un triángulo en la vida profesional y personal de Jurado y su familia, había también otro lugar que para la artista también tuvo un significado importante. Se trataba de las casas de Miami que también formaban parte de aquella vida feliz de Rocío Carrasco.

Compró su primera casa de Miami, más que como inversión como una manera de centralizar sus giras en América, que podían durar hasta dos y tres meses. «Es un lugar que me encanta. El clima es precioso y la gente muy cariñosa. Además, es una manera de ahorrar porque me gasto un dineral en hoteles», contaba en las entrevistas.

Raquel Mosquera, Pedro Carrasco y su hija Rocío
Raquel Mosquera, Pedro Carrasco y su hija Rocío

En ese primer apartamento se volvía a repetir la historia de España. Recibía a los periodistas y, cuando terminaban sus galas de fin de contrato, organizaba la gran fiesta a la que acudían todos sus amigos y la guinda del encuentro era un recital privado. Tenía un público incondicional y solía recibir el Año Nuevo en Miami. El 31 de diciembre a las 12 horas de España, se tomaban las uvas a ritmo de gong y a continuación un minirepertorio suyo o de otras figuras importantes como Rocío Dúrcal, que a veces también pasaba esas fechas señalas en los Estados Unidos.

Este fue el periplo feliz de una familia que durante años compartía vacaciones, fiestas de guardar y cualquier fecha fuera o no importante. De aquellos tiempos ya solo queda la casa de Chipiona.