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Georgina Rodríguez, la cenicienta 3.0 que se ha hecho millonaria a golpe de trasplante capilar

A punto de estrenar su documental, que se estrena coincidiendo con su 28 cumpleaños, encarna una historia de superación y brilla con luz propia como empresa de éxito

Georgina Rodríguez
Georgina Rodríguez Starlite Catalana Occidente

“Soy Georgina”, el documental que Netflix tiene previsto estrenar el próximo 27 de enero, es objeto de polémica antes incluso de su estreno. Como todo lo que tiene que ver con Cristiano Ronaldo y su mujer, Georgina Rodríguez, el documental de Netflix tampoco deja indiferente a nadie. La corriente “hater” amenaza con amargarle el 28 cumpleaños a Georgina (cumple el día del estreno). La razón: el cartel promocional que, con motivo del estreno, se colgó en uno de los edificios de la plaza de Colón, en Madrid, hace unos días. En él se ve a Georgina, rodeada de balones de fútbol y sentada delante de una lujosa piscina climatizada. A su lado, sobre impresionada una frase servía la polémica en bandeja: “Antes vendía bolsos en Serrano, ahora los colecciona”. La frase ha causado estupor en las redes sociales, donde muchos usuarios han tachado la publicidad de clasista y machista, aparte de señalarlo como un slogan de muy mal gusto. El teaser promocional que la propia Georgina ofrecía en sus redes sobre el documental echaba más leña al fuego: “Mi llegada a Madrid fue tremenda. Estuve buscando muchos pisos baratos. 300 euros. Y acabé durmiendo en un piso que había sido un trastero (…) El día que conocí a Cristiano, mi vida cambió”, un comentario que ha sido también tachado de machista. La serie documental de Netflix, que repasa la vida de Georgina desde su infancia hasta la actualidad, replica el cuento de la cenicienta moderna. Una joven que llega a la capital sin apenas medios para hacer realidad su sueño, conseguir un futuro mejor. En él, la mujer de Cristiano Ronaldo recuerda sus inicios como dependienta en Gucci cuando conoció a Cristiano en el año 2016. De un día para otro, su vida cambió radicalmente.

De dependienta pasó a trabajar como modelo con grandes marcas como Sheglam, Gisada, Armani o Effek. Georgina ha sabido escapar de la alargada sombra de Cristiano y sacar partido a sus casi 30 millones de seguidores en Instagram, un reclamo evidente para las marcas, que buscan asociar su imagen al éxito y glamour que desprende la jacetana y la vida de ensueño que proyecta junto a su pareja. Tal es su fama que ha sido incluso copresentadora en la última edición del Festival de San Remo, en febrero del año pasado. Su actuación fue un éxito sonado. Georgina reventó las audiencias en la televisión italiana consiguiendo el aplauso de la prensa especializada en la 70ª edición del famoso festival de la canción. Su paso por la edición tampoco estuvo exento de polémica, al conocerse que la modelo había cobrado 140.000 euros.

Dueña de una clínica de trasplante capilar

Georgina es administradora mancomunada de Insparya Hair Medical Clinic SL, la nueva denominación de la sociedad Venice Gestión Integral, el germen de la empresa. Creada en marzo de 2018, con un capital social de 200.000 euros en la madrileña calle Joaquín Costa, no había datos del negocio capilar de Georgina hasta hace poco, en que presentó ante el Registro Mercantil el balance del ejercicio de 2020. El negocio, en el que la mujer de Cristiano es administradora mancomunada con Joaquin Silva Ramos, es la primera incursión de la modelo en el mundo de la empresa. La sociedad tiene también como accionista a Cristiano Ronaldo, que participa como socio al 50 por ciento a través de la matriz de su emporio empresarial, CR7 SA, compartiendo protagonismo con la empresa portuguesa Saude Viavel SA. La empresa, a juzgar por los números, es todo un éxito. Insparya facturó el último ejercicio 10.585.277 euros, obteniendo un beneficio de 1.759.081 euros. Georgina puede estar contenta. Insparya se ha puesto en números verdes sólo dos años después de su creación, consiguiendo levantar las pérdidas acumuladas en el ejercicio anterior, que alcanzaban 1,9 millones de euros. Su viabilidad está asegurada, pese a los altos gastos de explotación y de personal que la sociedad tiene y que alcanzan los 8 millones de euros. Con unos activos de 4 millones de euros, Insparya se garantiza poder hacer frente a la deuda a largo plazo que reconoce tener y que asciende a 2,2 millones de euros.

Sus acreedores no son otros que los dos socios de la empresa. Como recoge el balance, Insparya mantiene deudas crediticias con Saude Viavel y CR7 Unipessoal por un préstamo de 900.000 euros cada uno, concedido en 2018, al que hay que sumar otro que los dos socios suscribieron de 400.000 euros en abril de 2019.

Una vida difícil y un padre conflictivo

Como en muchas otras historias de superación, la vida de Georgina esconde una infancia de necesidad y carencias. La joven llegó a Madrid en búsqueda de la oportunidad que hasta el momento se le había negado. Su vida, en ese sentido, guarda un curioso paralelismo con la de su padre, Jorge Eduardo Rodríguez Gorjón. El suegro de CR7 emigró de su Avellaneda natal (Argentina) aterrizando en España en 1984 con el sueño de encontrar un mejor porvenir. Tras una breve estancia en Elche donde mantuvo una relación con una mujer llamada María Jesús con la que tuvo una hija, Patricia Estela (35), se mudó a Jaca (Huesca), donde emprendió una nueva vida junto a una murciana, Ana María Hernández, la madre de Georgina. En la ciudad pirenaica el matrimonio vivió unos años muy felices. En el plano laboral, el argentino, aprovechó que había jugado en las divisiones inferiores del Club Racing de Avellaneda en su juventud, para hacerse entrenador del Club de Fútbol Jacetano, equipo de fútbol oscense que competía en Primera Regional. Fueron años en los que la pareja amplió la familia. Primero, Ivana María (31) y tres años y medio después Georgina (27). En Jaca aún recuerdan el negocio que la pareja montó, una hamburguesería donde Ana Mari se encargaba de la gestión y Jorge Eduardo trabajaba cara al público, en el día a día del local. El negocio familiar fracasó echando el cierre sólo un año después. A los problemas económicos se sumaron las primeras desavenencias de la pareja. Es entonces cuando Jorge empieza a tener sus primeros problemas con la justicia.

Según la familia de Georgina, Jorge fue detenido en una redada mientras visitaba un amigo. La justicia, sin embargo, más allá de la versión edulcorada de Jorge Eduardo, vio indicios claros de delito y fue condenado a seis años de cárcel por “un delito contra la salud pública”. Ingresó en 2009 en la prisión de Zuera (Zaragoza). El argentino cumplió cuatro años entre rejas, que “pagó” en los centros penitenciarios de Murcia, primero, y Villena (Alicante) después. Al conseguir el tercer grado y a punto de reunirse de nuevo con sus hijas, nada más ser excarcelado en Villena, Jorge fue conducido por la policía hasta una comisaría de Alicante y extraditado a Argentina para responder allí de varias causas pendientes. La familia trató de suspender la extradición alegando arraigo familiar en España, pero fue inútil. En la decisión del tribunal pesó su abultado currículum penitenciario. A los cuatro años de prisión recién cumplidos, se sumaba otra pena anterior de dos años de cárcel que el suegro de Cristiano Ronaldo había cumplido en una cárcel de Madrid en la década de los 90.

Una familia desestructurada

Las desdichas del padre de Georgina no acabarían aquí. En 2016 Jorge Eduardo sufría un ictus que le dejaba una grave afectación en el habla que le impedía comunicarse y una hemiplejia en el lado izquierdo del cuerpo. Según cuentan, eran Georgina e Ivana quienes mandaban dinero periódicamente para que Estela, la hermana de su padre, y una cuidadora mantuvieran a su padre atendido las 24 horas. Reacia a hablar sobre su progenitor, la modelo hacía una excepción en una entrevista concedida a la revista ¡Hola! “Hemos aprendido de sus errores. Pero sus intenciones siempre fueron las mejores”, reconocía. Lejos de reprocharle nada, la menor de las Rodríguez reconocía el amor que sentían las dos hermanas por él. “Yo era su ‘chiquitina’. Éramos lo que más quería en la vida”, señalaba. Si oscuro es el pasado del padre de Georgina no menos lo es el de la madre. Ana Mari, después de abandonar Jaca, estuvo viviendo en Italia por un tiempo. Su familia, con la que perdió el contacto, la sitúa viviendo en Gerona, lejos del foco mediático por voluntad propia. Su periplo vital tras su separación del padre de Georgina es un misterio.