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Amber Heard y Johnny Depp: Los desvaríos de un auto de fe

El ex matrimonio se enfrenta a la sentencia. Verse las caras en los tribunales y revelar al mundo su terrible historia de odio no ha sido lo mejor a sus carreras, que yacen estancadas (y expectantes)

Johnny Depp y Amber Heard
Johnny Depp y Amber Heard FOTO: JIM WATSON / POOL EFE

Ya hay sentencia en el juicio más mediático y sucio del año. De hecho, ya la había casi desde antes de que ese juzgado se convirtiera en el escenario de un auto de fe, como aquellos que la Inquisición organizaba para salvar las almas de los que ya habían sido declarados culpables. Con el mismo convencimiento más allá de las pruebas razonables, con la misma inquina que mostraban los clérigos acusadores, las redes sociales, constituidas en tribunal popular en el litigio que enfrenta a los actores Amber Heard y Johnny Depp, ya han decidido que ambos merecen la cadena perpetua.

Quienes ven en Heard a otra víctima de la violencia de género ninguneada y desmentida por un sistema contaminado de prejuicios machistas se enfrentan a una ola de apoyo al actor que se canaliza a través de hashtags como #JusticeForJohnnyDepp o #AmberHeardIsAPsycopath (Amber Heard es una psicópata), aunque como se ha demostrado esta se alimente en gran medida de bots (robots informáticos) que reproducen mensajes negativos hacia la actriz.

A ninguno de los bandos apenas le importa los argumentos o testimonios que se han presentado salvo si refuerzan sus posiciones. La conclusión de unos es que Heard miente cuando asegura que su expareja la violó con una botella, que la golpeaba habitualmente dominado por el alcohol y las drogas. Y mienten también quienes la apoyan, como su hermana, Whitney Henriquez, testigo del supuesto maltrato, o la actriz Ellen Barkin, quien mantuvo una relación con Depp, al que acusó de tener una personalidad agresiva y celosa.

Para los contrarios, el actor es un mezquino impostor que se hace pasar por mártir de la personalidad «histriónica» y «violenta» de Heard, según la descripción que hizo de ella una psicóloga contratada por la defensa de Depp. Están persuadidos de que los asistentes del actor, que han testificado que fue él quien sufrió los golpes de su «dominante» esposa, lo hacen por una lealtad mal entendida. Y de que Kate Moss, la última en declarar a favor de su antiguo novio, no ha llegado a conocer al monstruo en que se convirtió años después de haber sido su pareja.

Amber Heard
Amber Heard FOTO: MICHAEL REYNOLDS EFE

Siete ciudadanos del condado de Fairfax, en Virginia (EE.UU.), donde se celebra el juicio, deberán decidir el veredicto en los próximos días: ¿fue Johnny Depp difamado por su ex al acusarle de maltratador y merece los 50 millones de dólares que exige como indemnización? ¿Es Amber Heard víctima de violencia de género y abuso conyugal y debe ser compensada con los cien millones que exige a su ex? Serán ellos, el auténtico jurado, los que otorguen una victoria pírrica a uno de los contendientes. Aunque tal vez sería más preciso definirla como una derrota menor, porque la imagen pública de ambos y sus carreras no van a sobrevivir a este sainete. De hecho, ya llevan años moribundas.

Carreras al borde del adiós

Las secuelas de su explosivo divorcio, firmado en 2016, generó una corriente de incomodidad en la industria que se agravó por las acusaciones mutuas con las que más tarde regalaron a los medios. Aunque Depp ya llevaba un tiempo trabajando en su inmolación. Su exagente, Tracey Jacobs, quien también declaró en el juicio, afirmó que ya mucho antes su «estrella se había atenuado» por sus graves problemas de adicción.

Sus incumplimientos profesionales y los comportamientos erráticos en público y en privado eran recogidos en un artículo de The Hollywood Reporter de 2020, en el que se decía que el intérprete era «radiactivo» y estaba «fuera de control». «Los estudios se mostraban reacios a contratarlo —añadía Jacobs—. La gente hablaba y cuestionaba su conducta». Verse en los tribunales fue el golpe definitivo: la Warner y Disney, productoras de las sagas Animales fantásticos y Piratas del Caribe, han anunciado que no volverán a contar con el actor, y Netflix también le ha cerrado las puertas. El daño moral tendrá además graves consecuencias para las finanzas de Depp, ya muy deterioradas por sus derroches millonarios. La suerte de Amber Heard no parece mejor. Gully ha sido el último estreno de la intérprete y las críticas han sido devastadoras. Apenas se mantuvo unos días en la cartelera, a lo que contribuyó una campaña en redes contra la película. La reacción fue aun más visceral cuando se anunció el comienzo del rodaje de Aquaman 2. En la primera entrega compartió protagonismo con Jason Momoa. Después de que a la productora llegaran 150.000 firmas de espectadores exigiendo que la excluyeran del reparto, su papel ha quedado reducido al de bella comparsa. No es extraño que además se hayan publicado artículos sobre su carácter difícil y sus problemas de relación con todos los equipos con los que ha trabajado.

La propia actriz, Amber Heard, ha reconocido que no cuenta con nuevas propuestas profesionales y sostiene que eso demuestra el terrible coste que todavía sufren las mujeres que se deciden a denunciar a los hombres que las han maltratado.