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De Françoise Hardy a Jane Fonda: las musas de Paco Rabanne

Repasamos la elegancia de las mujeres que inspiraron al diseñador vasco

Diseño de Paco Rabanne
Diseño de Paco RabanneMICHEL LIPCHITZAgencia AP

Hubert de Givenchy hizo de Audrey Hepburn la mujer más elegante del mundo, pero Paco Rabanne le puso rock al armario de la actriz. Fue este diseñador español quien se encargó de parte del vestuario de la película «Dos en la carretera», dejándonos para la historia del cine algunos de los momentos más elegantes que se recuerdan. Era 1967 y Francisco Rabaneda, su verdadero nombre, había presentado tan solo dos años antes su colección «Manifiesto» compuesta de doce vestidos confeccionados en materiales plásticos que supusieron un punto y aparte en la moda.

Criado en los talleres de París de Balenciaga, donde su madre, una exiliada española, trabajaba, desde pequeño tuvo contacto directo con la más refinada costura, y si bien él estudió Arquitectura, pronto descubrió que era en la moda donde podría encontrar un campo de experimentación más libre y creativo. Así es como llegó a finales de los 50 a los accesorios, que realizaba para Dior, Balenciaga o Givenchy, para en 1965 presentar la colección ya referida, que le consagró como el gran talento de París: «Un nuevo tipo de grandeur; un brillante vestido de plástico blanco y naranja, muy corto y cuadrado. Por Paco Rabanne», se podía leer solo unos meses después en la edición británica de la revista Vogue. Esa pasión por la investigación de materiales, que le llevó a trabajar con piel, plásticos y metales, provocó que Coco Chanel le apodara magistralmente «el metalúrgico».

Paco Rabanne
Paco RabanneJacques BrinonAgencia AP

Su revolución, eso sí, necesitaba un rostro, que encontró en la bellísima actriz Françoise Hardy, quien prestó sus facciones a la nueva mujer de Rabanne. Ella lució uno de sus primeros modelos, en rhodoïd (un tipo de plástico) blanco, y para ella creó uno de sus diseños más recordados: un minivestido de placas de metal y oro en el que destacaban diez diamantes engastados, que fue llamado «El vestido a la Hardy». Con ella se consagró la estética del gran creador vasco, aunque ese mismo año, 1968, todavía le esperaba otra sorpresa al diseñador.

Si en Francia consiguió que se le identificara con su musa, en Estados Unidos conquistó Hollywood de la mano de Jane Fonda. Con la película «Barbarella», Rabanne no solo consiguió pasar a la historia de la moda, también inscribió su nombre con letras de oro en la del Séptimo Arte. Los «uniformes» de combate que creó en el futurista y fantástico largometraje, nos dejaron una imagen tan potente que a día de hoy todavía se recuerda.

Pero al genio le faltaba su musa española, porque si bien es cierto que desde pequeño vivió en París, él nunca renegó de su españolidad. Esa oportunidad le llegó con el aterrizaje de Norma Duval en el Folies Bergère parisino. Entre 1981 y 1984 le creó su vestuario de vedette, diseños que a día de hoy la artista conserva con mimo y de los que presume.

En los 90, una década más tarde, Cristina Piaget y Carla Bruni conformarían su dúo favorito sobre la pasarela, completando así el panteón de musas de uno de los últimos genios revolucionarios que le quedaba a la moda del siglo XX.