
Suceso
El escándalo histórico: Cuando Pantoja fue «reina» de la cárcel de Guadaira
La tonadillera pagó cara su relación con el exalcalde Julián Muñoz, pero nunca fue una reclusa más

Nunca fue una presa más. Las reclusas la adoraban, le pedían autógrafos y fotografías, favores inútiles y prebendas nada claras. Isabel Pantoja se convirtió en la «reina» de la prisión de mujeres de Alcalá de Guadaira, cuando entró a cumplir una pena de dos años, el 21 de noviembre de 2014. Era poco antes de las ocho de la mañana cuando aparecía en la puerta acompañada de su hermano Agustín.
Hasta pocos días antes de empezar la condena todavía confiaba en que no sería encarcelada, pero el juez no tuvo piedad con ella y la obligó a convertirse en presidiaria. Conmoción mediática total y escándalo por todo lo alto.
El juez la mandó entre rejas
Isabel se había sentado en el banquillo acusada de blanquear capital de su entonces pareja sentimental, Julián Muñoz, ex alcalde Marbella. Y la recluyeron en el centro al entender que el delito era muy grave por tratarse de corrupción política. Su llegada a la penitenciaria causó un enorme revuelo, tanto entre las presas como en los funcionarios. Era todo un acontecimiento.

Dicen que la tonadillera, haciendo de tripas corazón, mantuvo su talante prepotente y su altivez. Quizás avivado por el comportamiento de peloteo de muchas de las que le rodeaban, que se desvivían para que no le faltara de nada. La sentencia que condenó a Isabel Pantoja era demoledora, el perfecto resumen de lo que se hacía en aquella Marbella corrupta: «La normalidad financiera y contable de la cantante se vio alterada notablemente tras el inicio de su relación sentimental con Julián Muñoz al utilizar las cuentas para aflorar efectivo ilícito de éste». Además, creó toda una estructura societaria «a modo de tapadera», sabiendo que «el origen del dinero procedía de actividades delictivas». El resultado: «Una confusión patrimonial completa con la que se pretendía borrar cualquier rastro de la procedencia inicial e ilegal».
Poco menos de un año y medio en prisión
También fue sentenciada a pagar una multa de 1,14 millones de euros. En un reportaje publicado en LA RAZÓN se aseguraba que la reclusa gozaba de ciertos privilegios. En su celda individual, según indicaron entonces fuentes penitenciarias, tenía un colchón muy cómodo, almohada de plumas y hasta un microondas. Incluso le servían la comida en su propio habitáculo. Según se especificaba, «le han pintado la celda, y facilitado un colchón nuevo». La cantante durmió por última vez en la prisión el 8 de febrero de 2016, gracias a la modalidad del tercer grado. Sería el día 2 de marzo de ese año cuando dejo a un lado su condición de presa tras firmar la libertad condicional.
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