Crónica

Los sábados de Lomana: Verano de sol, música y plenitud: mis días en Marbella

«Adoro estar tumbada al sol, bañándome a cada rato... Abandonarme al ‘‘dolce farniente’’»

Carmen Lomana
Carmen LomanaCedida

Escribo esta crónica terminando de hacer las maletas y preparada para volver a Madrid y a retomar el trabajo. Han sido unas vacaciones yo diría que perfectas. Llegué a Marbella el 21 de julio, agotada y sin querer pensar en nada que no fuese desconexión y hacer lo que realmente me apeteciera cada día, eso sí, deseando aprovechar mucho el mar y el sol.

Adoro estar tumbada al sol, bañándome a cada rato... Abandonarme al «dolce farniente», comer rico –todo lo que me gusta sin pensar si engordo o dejo de engordar–, y solo disfrutar. Es lo más importante.

Así llegó el 1 de agosto, fecha de mi cumpleaños. Una fecha que adoro y me hace dar gracias a Dios por un año más, un año lleno de alegría de vivir y repleto de proyectos nuevos. Pienso hasta cuándo seguiré teniendo esta fuerza y vitalidad, hasta cuándo mi corazón de niña seguirá viviendo en mí con la misma ilusión y capacidad que cuando tenía 30 años.

Me doy cuenta que sigo haciendo las mismas cosas que me gustan como es madrugar para bajar al mar cuando no hay nadie en la playa, nadar, bucear, tumbarme en la orilla y sentir cómo rompen las olas en la planta de mis pies.

Carmen Lomana
Carmen LomanaCedida

También están los amigos, imprescindibles en mi vida. Con ellos celebré mi cumpleaños y lo hice en mi restaurante favorito de Marbella, precioso, acogedor con uno de esos jardines únicos de la localidad malagueña, porque si algo tiene Marbella es su explosión de vegetación y jardines únicos. La tierra aquí es fértil para llenarnos de belleza y flores. La Tirana, así se llama ese lugar maravilloso, es una casa de toda la vida de Marbella, donde las noches huelen a jazmín y el suave clima nos hace estar de tertulia olvidándonos del paso de las horas.

Starlite y sus conciertos también forman parte de parte de mis vacaciones de verano. Que gran idea tuvieron Sandra e Ignacio de hacer en la Cantera abandonada de Nagüeles ese maravilloso y mágico lugar con un sonido perfecto para conciertos. Allí he escuchado después de tiempo sin verlo a mi querido Miguel Bosé que estuvo magnífico con su voz recobrada y su ánimo y actitud inmejorables. Han pasado muchos cantantes que admiro y terminé con el concierto de Fangoria y las Nancys Rubias.

Alaska puso en pie a todo el público, llenando el recinto hasta la bandera, sin parar de bailar y aplaudir. Así han ido pasando los días en los que también ha habido sufrimiento viendo como arde parte de mi tierra y mi querida España.

Durante estas semanas también he encontrado tiempo para mí misma, para leer esos libros que llevaba meses esperando y para dedicarme a pequeños caprichos que llenan el alma: un paseo por los mercadillos de Marbella, descubrir nuevas terrazas con vistas al mar, y, por supuesto, cuidar mi piel y mi cuerpo como merecen estos días de sol intenso. He sentido que cada momento estaba lleno de plenitud, de gratitud por la belleza que me rodea y por la calma que solo el verano sabe regalar.

Cuando escribo, esta última crónica de verano, lo hago mirando mi montaña mágica que preside mi vida cuando estoy aquí, las flores que tanto cuido y siento melancolía. Pero Madrid me espera y siempre es una buena opción. Me gusta mi trabajo y los planes que me esperan en septiembre que es uno de los meses más bonitos del año. Les deseo una feliz vuelta a la vida real.