Franco... ¿el nuevo Tutankamón?

La familia Franco espera que la maldición de sus muertos acabe, en las urnas, con Pedro Sánchez

  • Francisco Franco y su esposa, Carmen Polo
    Francisco Franco y su esposa, Carmen Polo
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

21 de octubre de 2019. 11:44h

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Ángela Portero Madrid. 21/10/2019

La historia de una maldición que afecta a los profanadores de tumbas se alimentó durante décadas gracias a periodistas, novelistas y cineastas que encontraron en ella una metáfora perfecta que entroncaba con la creencia popular tan extendida de que a los muertos no hay que importunarles.

Quizás por ello y aunque carezca de la dimensión dramática del reguero de muertes que provocó la apertura del sarcófago que contenía el mayor y más valioso ajuar funerario de la historia, algunos periodistas han establecido un cierto paralelismo entre la apertura de la tumba de Tutankamón y la próxima exhumación de Franco.

Según la leyenda que dio origen a la maldición de Tutankamón, todo aquel que se atreva a entrar en la tumba sellada de un faraón (léase caudillo en este caso) sufrirá las consecuencias. Recordemos que el cadáver de Franco se encuentra, como el del faraón sellado y embalsamado, bajo una losa de mármol y, aunque nadie espera encontrar un tesoro en su ataúd, la apertura de la tumba de Francisco Franco causa tanta expectación como la de Tutankamón hace un siglo.

¿Pero, qué opinan realmente los Franco sobre esta maldición que ya acapara los titulares en plena polémica por la exhumación?

Fuentes cercanas a los descendientes de Francisco Franco nos confirman que no sólo que creen en la maldición de los muertos, sino que además muchos de ellos están convencidos que cómo en el caso de la leyenda de la tumba de Tutankamon, los responsables de esta exhumación sufrirán las consecuencias.

Según esta fuente muy cercana a la familia, la venganza de sus muertos afectará a todas aquellas personas que han promovido la exhumación de Franco. Y están convencidos, que una de las primeras víctimas será Pedro Sánchez, a quién desean su “muerte electoral”.

Aseguran que miembros destacados de los Franco han comentado en su círculo más íntimo que esperan que caiga sobre Sánchez y todos aquellos que han participado “en esta macabra operación, la maldición de los muertos, como Tutankamon y sobre todo, confían que la exhumación de su abuelo no proporcione al gobierno en funciones los réditos políticos que buscan desenterrando a sus muertos.”

La maldición que inspira el deseo de venganza de los Franco

Cuando Howard Carter abrió en 1922 la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes y se descubrió el impresionante tesoro que escondía el faraón que milagrosamente había escapado a los saqueadores, comenzó la maldición. Detrás de la leyenda había una historia real: la que se llevó a la tumba, en apenas diez años, a casi una treintena de personas relacionadas con el descubrimiento y profanación del faraón niño. La exhumación de Tutankamón, elevada a maldición, estaba dotada de un realismo dramático sin precedentes.

El primero en morir fue Lord Carnarvon, mecenas del fabuloso descubrimiento y cuya salud ya era frágil antes de viajar a Egipto para financiar la excavación. Murió en El Cairo, tan sólo mes y medio después entrar en la tumba. Aquella muerte hizo que la novelista británica Marie Corelli recordara una maldición que aseguraba se encontraba recogida en un antiguo texto que obraba en su poder. Y tras la muerte del noble inglés, la escritora avisó que posiblemente la tumba recién descubierta del faraón niño pudiera hallarse bajo algún tipo de protección mágica, haciendo pública la supuesta maldición: “La muerte extenderá sus alas sobre todo aquel que se atreva a entrar en la tumba sellada de un faraón”.

Tras la muerte de Lord Carnavon se sucedieron una serie de luctuosos sucesos que alimentaron la leyenda y los periódicos comenzaron a atribuir a la maldición de la momia toda muerte de alguien relacionado con la tumba. La maldición de Tutankamón se convirtió en una realidad inexplicable hasta que, ochenta años después, se descubrió que las muertes tenían relación con una infección producida por la inhalación de esporas de Aspergillus, presentes en la tumba de Tutankamón.

Según los estudios de prestigiosos científicos, la presencia de este tipo de hongos sobre diversas momias en todo el mundo, explicaría las muertes de algunos de los visitantes de la tumba de Tutankamón, como Lord Carnarvon o como George Jay Gould, el magnate de los ferrocarriles, que murió de una neumonía en 1923 y que también había estado presente en la apertura del sarcófago.

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