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Grace Kelly cumpliría 90 años: la tragedia que atormenta a Estefanía

Con su muerte, empezó lo que se llamó “la maldición de los Grimaldi”, una corte llena de desgracias y escándalos. Las causas de su fallecimiento en accidente nunca fueron aclaradas del todo

Con su muerte, empezó lo que se llamó “la maldición de los Grimaldi”, una corte llena de desgracias y escándalos. Las causas de su fallecimiento en accidente nunca fueron aclaradas del todo

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Hoy hace 90 años nacía en Filadelfía Grace Patricia Kelly, la princesa Gracia de Mónaco, que se casó con Rainiero III tras diversos “affaires” con actores como Ray Milland, Clark Gable, Gary Cooper o Marlon Brando. Fue a la vez causa de alegrías y fastos y de un desgarrado dolor y muchas lágrimas cuando el 14 de septiembre de 1982 se precipitó al precipicio cuando doblaba una curva mientras conducía su automóvil. Cary Grant, tan amigo de la antigua actriz de Hollywood, llamada por algunos “Ice Queen”, la reina de hielo, había recorrido con ella esa carretera en la famosa y oscarizada película “Atrapa a un ladrón”, de Alfred Hitchcock. Su rebelde hija Estefanía la acompañaba y sólo sufrió la fractura de une vértebra. Se especuló si la joven princesa, de sólo 17 años, llevaba el volante o bien si, discutiendo con su madre, la distrajo. Se conjeturaba incluso que su imprudencia había matado a su madre.

Lo cierto es que Estefanía, traumatizada, se negó siempre a hablar del accidente y que Rainiero III, viudo de la actriz y princesa de etérea belleza, jamás se recuperó del cruel golpe. Hoy los restos de la princesa Grace descansan en la catedral de San Nicolás, en una tumba siempre cubierta de flores.

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La maldición de los Grimaldi

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No sería esta la única tragedia familiar que sacudió a los Mónaco. La princesa Carolina, primogénita de Gracia y Rainiero, había durado sólo dos años como esposa de Philippe Junot. Un año después de la muerte de su madre contrajo matrimonio, embarazada de su primer hijo Andrea, con el empresario y deportista italiano Stefano Casiraghi. Éste participaba en competiciones off-shore de embarcaciones de alta velocidad. A Carolina no le hacía mucha gracia esa afición. Quizás presentía que el peligro se plasmaría en desastre cuando el 3 de octubre de 1990 un fatal accidente con su lancha la dejó viuda.

Posteriormente se casaría, embarazada, con Ernesto Augusto de Hannover, controvertido príncipe alemán, de irascible carácter, protagonista de diversos altercados con periodistas, de quien vive separada, que la dejó sola, de modo demasiado evidente, en la boda religiosa de los hoy reyes Felipe VI y Letizia.

Estefanía, alérgica al protocolo, luchó por buscar un sitio y un quehacer en el mundo pasando de la moda, en Christian Dior o creando su propia línea de trajes de baño y de perfumes, a la música, con la exitosa canción “Ouragan”, entre otras, pero siempre pasando por los brazos de diversas parejas, nunca pertenecientes a la realeza o la nobleza, entre los que se contaron actores, deportistas, guardaespaldas, acróbatas y hasta un domador de elefantes. Muchos se preguntaron si su inestabilidad sentimental habría tenido que ver con la tragedia que vivió de modo tan directo con la muerte de su madre.

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¿De dónde viene esta dinastía?

La toma a los genoveses de la roca de Mónaco por parte de los Grimaldi en 1297, gracias a soldados disfrazados de monjes encabezados por Francisco Grimaldi, llamado “el Malicioso”, inició una rocambolesca historia en la que esa dinastía, a pesar de un camino cuajado de tragedias, logró llegar a nuestros días encabezando un pequeño pero rico país donde el casino, los rallies, la “jet set”, los yates, la oceanografía, la ópera y el ballet, han sembrado el principado de toda suerte de personajes, cazafortunas, millonarios y “bon-vivants” de diversa índole. Dos veces pasó su soberanía a través de mujeres: Luisa Hipólita Grimaldi, princesa de Mónaco que, aunque casó con un conde francés, Jacques Goyon de Matignon, conde de Torigni, conservó el tradicional nombre de la dinastía; y Carlota, hija ilegítima de Luis II de Mónaco, casada con el conde Pierre de Polignac, cuyos hijos Rainiero III y Antonieta siguieron llamándose Grimaldi. Protegido sucesivamente por España y por Francia, el principado mantiene orgulloso su independencia, protegido por este último país.