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«¿Imaginas que escribiera una novela sobre redes sociales?»

Inma Chacón. Escritora. Comenzó a escribir sobre los niños robados antes de que saltara el escándalo y refleja esa inquietud en su nueva obra, «Mientras pueda pensarte»

Inma Chacón. Escritora
Inma Chacón. Escritora

«Mientras pueda pensarte» (Planeta) es una sobrecogedora novela sobre la búsqueda de identidad de un niño «robado» que trata de encontrar sus orígenes y las circunstancias de una madre biológica que nunca creyó que su hijo hubiera muerto. Una reflexión sobre la identidad y la memoria de una autora que nunca ha dejado de ejercer la militancia como el pájaro borgiano, aquel que vuela sin estrellarse mirando hacia atrás.

–El drama de los niños robados... Decía la crítica que hubo un subgénero de la Guerra Civil, ¿nacerá uno ahora con este dramático tema?

–No lo creo, los escritores atendemos a aquello que nos impresiona sin depender de géneros. Además, alguien puede considerarme oportunista porque la publicación ha coincidido con una serie y algún programa de televisión sobre niños robados, pero un libro tarda en escribirse dos años. Cuando estalló el escándalo yo estaba escribiendo...

–Con sor María... ¿la historia vuelve a ser noticia?

–Nunca ha dejado de ser noticia. Los ciudadanos lo sabían. Otra cosa es el eco en los medios.

–La tragedia comienza con los niños arrebatados a las presas republicanas en las cárceles siguiendo la idea del psiquiatra y coronel del Ejército Vallejo-Nájera.

–Sí, porque consideraba que el comunismo era una enfermedad mental, un gen que había que extirpar –como si fuésemos animales–. El fanatismo le absorbió la racionalidad de científico.

–Vallejo-Nájera y López-Ibor terminaron con más carreras médicas como la de Martín Santos....

–Que acabó desterrado en el norte de España. Les movía su filiación política más que la científica y el Gobierno franquista se rindió ante su influencia.

–El libro habrá sido una gran labor de campo, ¿con cuántos implicados se entrevistó?

–Me he basado en documentación. Libros, documentales, no quería ver a los implicados para que los personajes fueran totalmente ficticios. Sé de sus testimonios, pero he visto a muy pocos hasta terminar la novela. Necesitaba estar «en blanco».

–¿Cómo se siente una madre a la que le han robado a su hijo? –se pregunta y le pregunto–.

–Ésa es la incógnita que mueve la novela. También cómo se siente un hijo cuando sabe que su madre no es la que ha creído. No hay un patrón único.

–¿Existe terapia conocida que rebane ese dolor?

–Hay mediadores con una gran labor pero debería haber una prescrita porque las madres no deben sentirse culpables por creer que no han hecho lo suficiente para recuperar a sus hijos. No son culpables, el sistema lo fue.

–Una trama que atraviesa la República, la guerra, la posguerra, el mundo rural y una paleta de personajes con muy diferentes psicologías... ¿Qué es lo que no varía?

–Los sentimientos. Ni la relación madre-hijo, ni el hecho de percibir que los cimientos de tu identidad se resquebrajan cuando sabes que tu vida ha crecido sobre una mentira.

–¿Ignorar de dónde venimos nos impide saber a dónde vamos?

–El pasado debe ser asumido como necesario para el futuro. Es una piedra más en el camino.

–Buscar nuestras raíces, ¿es necesidad de afecto o militancia en la justicia?

–Las raíces son las que te sujetan a la tierra y deben estar fundamentadas en la verdad, del tallo hasta la punta de la planta. No hay por qué esconder nada. Ni siquiera las consecuencias.

–Todos necesitamos una madre, pero: ¿toda mujer necesita un hijo?

–La maternidad, afortunadamente, es una elección, no una obligación. Antes nos compadecían cuando no teníamos hijos, pero hoy hemos asumido que no es una necesidad vital, porque abarcamos otros campos.

–En «Tiempo de arena» se inspira en el secreto que guardó su tía abuela y en «Las Filipinianas» aborda los misterios que encierran las familias.... ¿No es partidaria de que los muertos entierren a sus muertos?

–Hay que enmendarle la plana al tiempo, pero de una manera natural. No debería tener que justificarme por mirar al ayer porque hay países con pasados terribles que hablan de ello sin tapujos.

–No la veo escribiendo una distopía o una novela negra...

–No creo, aunque ¡quién sabe! ¿Imaginas una historia sobre redes sociales? Lo que me gusta es reflexionar sobre el amor, la sociedad, las relaciones paterno filiales...

–¿Cansada de que la vean como una prolongación de Dulce, su hermana?

–Estoy orgullosísima. Seré toda mi vida su hermana. Siempre lo digo en presente: somos gemelas

–Como decía su madre: «Son ellas dos y el resto del mundo»...

–Ahora somos yo, su memoria y el resto del mundo. En presente, por favor.

–Cuando escucha historias de vinculación emocional entre gemelos, ¿las cree?

–Sí. Es una suerte de telepatía. Cualquier gemelo te lo dirá. Es diferente a cualquier otro tipo de vinculación. Se comparte todo: desde el vientre de la madre hasta la cara, los gestos o el nombre. Porque a nosotras, de pequeñas, nos llamaban las «mellis» pues no nos distinguían.

–Incluso su literatura ha continuado la senda que ella transitó...

–Siempre fui comprometida. Pero ahora es más visual, ahora lo ejerzo de otra forma. Supongo que llegaríamos al mismo sitio y a la misma hora, como buenas gemelas.

–Le he leído que en la literatura no existe discriminación...

–En la literatura, por lo que veo, no. Ni entre agentes, editores, o jefes de prensa. Lo que no quita que suceda en otros ámbitos.

–Somos buenas para crear pero no para decidir. Hemos conquistado «la habitación propia» que pidiera Virginia Woolf aunque no para entrar en finanzas...

–¡Y también seríamos muy buenas para el PIB, la prima de riesgo, etc.! Pero hay un coto cerrado donde no nos dejan entrar, por ejemplo, en consejos de administración de grandes bancos.

–¿Está de acuerdo con la política de cuotas y la discriminación positiva?

–Hasta que sea necesario. Mientras no haya una igualdad de oportunidades, quizá ayude, aunque no creo que sea muy justo. Pero hay lo que hay...

–Y España... ¿cómo la ve? ¿Será motivo de novelas de futuras Inma Chacón?

–Seguro. Porque hay problemas gravísimos como los desahuciados, los parados contra todo pronóstico, los nuevos mendigos... ¡En cada vida hay cien novelas!

–Por lo que veo no atisba ningún brote verde.

–Ahora mismo no. Ni por asomo.

–¿Es partidaria como otros escritores de las series televisivas?

–Con mis alumnos analizamos la credibilidad de las series históricas de ficción como «Los Tudor», «Dowton Abbey», «Roma»... Están hechas con una documentación extraordinaria.

–Le puedo decir que da paz. Me ha adormecido el chacra del plexo...

–(Risas) Procuro dar sosiego, pero me alegro de que me lo digas....